EL VERBO PODAR

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(I)

Debería de haber conjugaciones de verbos que permitieran ser utilizadas según el punto de vista del sujeto relatante, de tal forma que por su modo escrito veríamos perfectamente quién la utiliza e incluso su estado de ánimo.
Propongo como ejemplo el verbo podar. Utilizado por una persona que ve los arboles dirá: “están podados”, en su forma más regular y habitual.
Pero si fuera un árbol fatalista utilizaría la forma: “estamos podidos”. Claro que también podría ser un comentario irónico.
(II)
Llevamos ya muchos años, tantos que cuesta creerlo, en que estamos sufriendo una poda sistemática de nuestras libertades y derechos. Nos han podado sin misericordia la libertad individual, nos han podado con esmero la capacidad de decidir cómo nos gobiernan, nos han podado sin recato la sanidad, nos han podado sistemática e históricamente la educación, nos han podado sin remedio el futuro e incluso el pasado se nos poda arbitrariamente en una aplicación fraudulenta de los valores actuales sobre hechos acaecidos con otras escalas de valores diferentes.
En resumen, y desde el punto de vista de árbol en medio del bosque, estamos bien “podidos”

(III)

Si bien es verdad que los instrumentos podantes, la sierra, la tijera, el hacha incluso, han actuado con gran rigor y profusión en el bosque entero, si miro mis ramas me dan la impresión de estar aún más podadas que las de la mayoría.
Me han podado mi sentido de la justicia, me han podado mi sentido de la amistad, me han podado la economía, la familia, la confianza en el prójimo, la sinceridad e incluso me han podado una parte de la alegría.
Sé que tal como está el mundo es injusto ya que hay bosques talados, bosques quemados, bosques petrificados, pero mirando a mi bosque y en previsión de que el bosque impida ver el árbol tengo la impresión de que debo de declarar que de mi podido bosque yo soy uno de los mas podidos

(IV)

Y en la misma línea de intervención gramatical diferentes verbos podrían prestar algunas de sus formas  a otros verbos de raíz o sonoridad afín de tal manera que los complementase y les diese una carga insospechada en su interpretación lo cual haría más florida e incisiva la retórica sin la permanente grosería y zafiedad de caer en el insulto y la descalificación que demuestran una absoluta carencia de la inteligencia del que cae en ella.

Pero veamos algún ejemplo práctico tomado así, a volapié.

Llevado al terreno de la política y cogiendo nuestro socorrido verbo podar observaremos con asombro que ciertos discursos políticos de alta prolijidad y dotados de innumerables vericuetos retóricos quedarían perfectamente claros con la simple enunciación de la nueva forma verbal. Es así que en vez de “podemos salir de la crisis con sacrificio y recortes temporales que…”,  etc. bastaría con decir “podaremos salir de la crisis”, sin más. Brillante y contundente.

«Es así que en vez de “podemos salir de la crisis con sacrificio y recortes temporales que…”,  etc. bastaría con decir “podaremos salir de la crisis”, sin más. Brillante y contundente.»

 

E incluso, se me ocurre, cierto grupo político podría pasar a llamarse Podaremos, más contundente e ilustrativo sobre objetivo y métodos, claro que en este caso sería inevitable seguir matizando.

Cuando hablamos de política ninguna forma verbal resiste un análisis exhaustivo.

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