CARTAS SIN FRANQUEO (CXXII)-LOS FILTROS

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A veces el árbol no deja ver el bosque, y a veces el árbol no es más que una configuración óptica del que mira: del pintor, del observador, o del que describe, porque no hay ningún árbol.

Una cosa es que yo no sepa dónde está Jenni, Jenni Hermoso, la futbolista, la del beso, para que me entiendan, aunque si este mundo fuera una pizca normal diría la campeona del mundo, como principal característica identificativa, porque posiblemente ni ella misma sepa dónde estaba, dónde ha estado y dónde está, ni cómo ha llegado a estar, porque hay gente, casi toda, que se ha apropiado de su sentir para expresar el de su colectivo. Lo cual, el árbol, no quiere decir que no piense lo que dice, si no que, el bosque, los demás no le han permitido que lo diga por sí misma, ni llegue a este punto por su propia reflexión.

Jenni, en serio, sin decirte qué, cómo, ni dónde, estoy contigo. Es inaceptable lo que te hizo Rubiales, es inaceptable que te sintieras condicionada, coartada, indefensa en un momento de máxima felicidad por el comportamiento inadecuado de un patán, pero no es menos inaceptable la orquestación, manipulación y uso político de una reivindicación, de una queja, de una denuncia que debería de haber sido solo tuya para que fuera todo lo efectiva, y universal, que debería de haber sido. Así que estoy contigo estés donde estés, pienses lo que pienses, y actúes como actúes, pero aclarando, que estoy con Jenni,  que soy solidario con Jenni, con sus sentimientos, los íntimos, los solo suyos, su árbol, y me importan un ardite sus entornos, sus portavoces, o sus bosques, sean del árbol que sean.

Pero parece ser que este posicionamiento que no sigue la regla general, la del bosque, se puede interpretar como un cuestionamiento a mi rechazo absoluto, visceral, pre mediático, del acto del señor Rubiales. No, lo rechazo total, absolutamente, mi solidaridad está con Jenni, y precisamente por eso, ahora, intento razonar lo sucedido, no justificar, no tolerar, si no comprender cómo funcionan los mecanismos mentales de una persona cuyos filtros han fallado, de una persona, evidentemente, mal educada, de un maleducado. Porque es evidente que los filtros educativos de este personaje fallaron estrepitosamente bajo un estado de euforia, exaltado (no estoy tampoco muy seguro de que no fallen en estado normal), y ese fallo educativo nos debe de permitir educarnos a nosotros mismos mediante la comprensión de esos actos.

Para empezar, no creo en los apóstoles del pensamiento puro, en esos individuos que plantean las convicciones sin dudas, y se dedican a perseguir las dudas y los fallos ajenos, como si de su certeza dependiera la salvación del mundo, de la patria, de la verdadera religión, o de cualquier otra verdad dogmática sobre la que se permitan pontificar. Todos los inquisidores, los históricos y los actuales, tienen una característica común, pretenden ahogar en los demás la ferocidad de su propia lucha, reconocerla, y pretenden imponer a los demás una veracidad incuestionable, que su duda interna les impide tener para sí mismos.

Me planteaban hace algún tiempo, por internet, una cuestión que, reflexionada, me ha dejado un poso de lo que realmente soy y de lo que, me temo, somos todos los seres humanos. El planteamiento del mensaje era: “si te dijera que hoy voy a decir que sí a todo lo que me pidas ¿Qué sería lo primero que me pedirías?”. Lo preguntaba una mujer, porque el detalle también tiene su importancia.

Nada más leerlo, sin ningún tipo de censura civilizada, o consciente, surge el instinto con una propuesta de la que tu ser civilizado se avergüenza, y contraataca, y, con los filtros a máxima potencia, te planteas un deseo puramente floral, y totalmente alejado de lo que realmente desearías. A partir de ahí se empiezan a sugerir deseos que intentan captar lo que quieres, nótese el cambio de verbo, y balancearlo con lo que pretendes ser, pero ya nada tienen que ver con el deseo íntimo, real, puede que incluso brutal, primigenio.

El deseo es instintivo, es supervivencia, es preponderancia, es primitivo. Puedo desear, en el sentido descargado del término, un feliz día a los que me rodean, la paz mundial, la felicidad de todos los hombres, menos a dos o tres, pero estos son deseos cargados de voluntad, no de instinto, y nunca son, nunca serán, los primeros, ni los más íntimos. Es la educación la que nos provee de filtros que nos permitan interactuar con los demás, sin la desnudez ética primitiva.

Así que burla burlando si haces el ejercicio íntimo y sincero de recorrer tus deseos en busca de aquel que podrías expresar sin escandalizarte, sin obligarte, sin pretender ser otra cosa que lo que realmente eres, casi en plan arqueólogo, podrás ir descubriendo las capas de civilización que has ido acumulando a lo largo de tu, a veces enriquecedora, a veces castrante, vida. En eso consiste la capacidad del ser humano de superar sus estadios anteriores.

Pero entremos en biología. Resulta que nuestro cerebro tiene, por decirlo fácil, tres partes evolutivas diferenciadas; tenemos un cerebro que pertenece a nuestra época de reptiles, de ahí que se le conozca como reptiliano, que es el más básico y que atiende y entiende de los instintos, de la supervivencia, de la acción-reacción, sin pararse en emociones ni conocimientos, sin posibilidad de instalar filtros. El ataque, la huida. En este cerebro se procesan los estímulos de masas, los temores, los condicionamientos, las reacciones viscerales. El entrenamiento militar, el adoctrinamiento ciego, las conductas inducidas. Toda acción inmediata, sin filtro, procede de este cerebro.

Los otros dos cerebros: el límbico, o inconsciente emocional, y el neo cortex, o racional consciente, son, por este orden, consecuencia de la evolución del hombre, de la educación evolutiva, o directa, hacia la supuesta, pretendida, inteligencia.

¿Y qué sucede cuando fallan los filtros? Pues que nuestro reptiliano componente asume el control y los instintos más básicos salen a relucir.

¿Y por qué fallan los filtros? Lo primero por un estado de sobreexcitación, inducido por las drogas, por el alcohol, o producido por un estadio de euforia debido a algún acontecimiento, o noticia; pero lo segundo, y no menos importante, por una incorrecta asunción de los filtros educativos, o por una desidia en su trabajo, en su preponderancia, en su anclaje emocional.

Así que en este desafortunado caso, no, querido amigo, lo inconveniente del acto inicial es, junto con la manipulación de los protagonistas y de los espectadores, lo que tengo clarísimo en toda esta historia, aún sabiendo que en un momento de euforia se reacciona sin filtro; cualquiera que haya vivido uno de esos momentos lo sabe. Y los filtros, convicciones adquiridas mediante la educación, evitan que nuestro yo más primitivo, el reptiliano, adquiera protagonismo. Nada de esto disculpa el acto inicial, ni lo pretendo, solo son reflexiones, intentos de comprender, que no es justificar, y el asco por la apropiación interesada, carroñera de los políticos que no respetan nada, ni a nadie; que actúan sin filtro en su afán de apropiarse de cualquier realidad que pueda ser manipulada.

1 COMENTARIO

  1. He aquí uno (entre otros muchos) de los asuntos en que coincidimos: los condicionantes que la biología impone en nuestro comportamiento. Dicho eso, ¡bienvenidos sean muchos de esos filtros!

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