¡SI TE PASAS ES PEOR! (LAS ELECCIONES FRANCESAS)

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Pues sí, es el momento de sentarse y respirar profundamente, es la hora de alegrarse moderadamente por el resultado de las elecciones francesas, es la hora, debería de ser la hora de, tras un par de minutos de relax, enfrentarse al espejo y mirar de frente a la situación a la que nos están arrastrando las políticas populistas, porque, si las cosas siguen así, y mucho me temo que sigan, el cabreo general de los ciudadanos nos va a llevar un día de estos a que el susto se convierta en un disgusto de consecuencias imaginables, pero lamentables, como resultado de una victoria populista, y lo mismo me da, que me da lo mismo, de cara a la quiebra de nuestros derechos, que ese populismo sea radical de derechas, o radical de izquierdas. Y huyo intencionadamente, por evitar caer en el confusionismo interesado con el que nos bombardean a diario, de extremas posiciones que aún pueden ser más extremas, sobre todo si alcanzan el poder.

 

Europa en general, Francia hoy, España desde hace más de treinta años, vota en defensa propia, vota sin la libertad de poder elegir lo que quiere, en la premura de elegir lo que menos daño le puede hacer, vota desde el cansancio de la mentira permanente, vota en reacción a adoctrinamientos, falsedades, ocultamientos y ninguneos que son la forma de gobernar de los partidos tradicionales, votan sin sentir que su voto sea suyo, que nadie los represente, ni siquiera que los tengan en cuenta, sus intereses, sus necesidades, sus anhelos. Y esto daña, de una forma constante, la calidad democrática de las instituciones, y fomenta el rechazo, en este momento cansado, ojeroso, de los ciudadanos hacia aquellos que deberían de estar a su servicio, y los hace buscar alguien que les preste voz, aunque esa voz sea una voz destemplada y las soluciones que propone inasumibles, inalcanzables, destructoras, porque solo importa que esa voz habla de problemas que le preocupan, solo importa el eco, no lo que dice.

No puedo evitar, cuando pienso en estas cosas, recordar una divertida frase de “La Venganza de Don Mendo”, de Pedro Muñoz Seca, cuando Don Mendo le dice a Magdalena, explicándole el juego de las “Siete y Media”, del que ha sido víctima y es reo:

“…Y es un juego vil
que no hay que jugarlo a ciegas,
pues juegas cien veces, mil,
y de las mil, ves febril
Que o te pasas o no llegas.
Y el no llegar da dolor,
pues indica que mal tasas
y eres del otro deudor.
Mas ¡ay de ti si te pasas!
¡Si te pasas es peor!”

Así votamos en la actualidad, como si jugáramos al infausto juego, pues si gana el que no está es malo, porque no representa lo que queremos, lo que sentimos, lo que necesita el país para alcanzar la paz y la estabilidad que todos anhelamos,  más de lo mismo con otras maneras, “más ¡ay de nosotros si gana el otro!, ¡Si gana el otro es peor¡”, volver a repetir las mentiras conocidas, los adoctrinamientos que nadie compra, las soluciones que causan problemas, el autismo respecto  a los problemas que incomodan y el clamor sordo de los ciudadanos que se escoran hacia los extremos contrarios.

Porque, no nos llamemos a engaño, no permitamos que las mentiras interesadas nos contaminen, la derecha radical es un instrumento de la izquierda, tanto como la izquierda radical es un instrumento de la derecha. Los partidos tradicionales fomentan el enfrentamiento, fomentan el descontento, fomentan la radicalidad de la ideología contraria para alimentar la división y el debilitamiento del partido contrario, al tiempo que genera el miedo a ese extremo contario para intentar captar, llegado el momento, esos votos del miedo.

Lo triste es constatar hasta que punto hay personas de a pie, gente de buena voluntad y rectos principios, que caen esa trampa grosera, pero eficaz, de ejercer de Pedro avisando que viene el lobo. Un lobo que, hoy en Francia, ha perdido la batalla, por poco. Un lobo que está llevando la muerte y la violencia al norte de Europa, un lobo que, ya no cree necesario vestirse con piel de cordero, porque los ciudadanos empiezan a pensar que quizás sería bueno un lobo que guiara al rebaño con seguridad entre otros lobos, e ignora, porque su hartazgo hace que lo ignore, que quiera ignorarlo, que el lobo, por muy suyo que parezca, antes o después, volverá a ser el lobo, y el rebaño su alimento.

Es triste constatar que los gobernantes actuales, todos, los de derechas, los de izquierdas, los más centrados y loas más radicales, coinciden en una cosa, en una cosa terrible, antidemocrática, demoledora para el futuro más inmediato: ellos no están para hacer los que los ciudadanos desean, si no para hacer aquello que los ciudadanos deberían de desear, según su criterio. Y eso es adoctrinamiento, eso es dogmatismo, eso es contario a la libertad y a la democracia.

Yo ya he convivido con un lobo durante casi veinticinco años, y cuando oigo las añoranzas se me ponen los pelos de punta, aunque no menos de punta que cuando observo la forma de gobernar de una derecha corrupta, o de una izquierda ciega a cualquier cosa que no sean sus propios demonios e intereses. Se me ponen los pelos como escarpias cuando observo a un Populista salido de un régimen totalitario, que duró casi cien años, llevar a su nación, y a las limítrofes, hacia un desastre al que es indiferente, al mundo hacia un miedo que fue común en los años cincuenta y sesenta , y que, los que lo vivimos, creíamos superado.

Descansemos. Descansemos durante un día, dos si alguno está muy cansado, pero pasado ese tiempo, busquemos la manera de que los ciudadanos podamos volver a asumir la responsabilidad de poder decidir cómo queremos que sea nuestro país, de cómo, y por quién debe de ser gobernado, y que este no pueda ampararse en unas siglas, en unas organizaciones de poder, para ocultar sus responsabilidades, de cuándo y cómo queremos pedir  esas responsabilidades en el mismo momento en que se produzcan, y no al cabo de unos años.

La democracia no es votar, es hacer valer el voto. La democracia no es difundir los dogmas, si no reforzar la ética. La libertad no es lo que otros nos permiten, es lo que cada uno de nosotros se permite. Lo social no es arruinar a la mayoría para justificar un pensamiento. Lo liberal no es servir a la gran empresa ignorando las necesidades de los demás. El proyecto europeo no debería de ser una asociación de comerciantes, ni debería sustentarse en unas instituciones inoperantes, por burocráticas e inescrutables para el ciudadano medio, en las que los gobernantes mediocres se amparan para no tomar soluciones propias. No, las cosas son de otra manera, los derechos son otra cosa, los grandes proyectos merecen otro desarrollo. Lo dice Marie Le Pen, lo dice Abascal, lo dice Putin, lo dice Orbán, y lo dicen porque se lo han oído a la gente, en la calle, y eso les sirve para aparentar tener unas soluciones que casi nadie queremos, pero que no hace mejores lo que los políticos actuales nos ofrecen.

Si gobiernan los actuales es malo, pero si los populistas radicales ganan… ¡Ay, si estos ganan  es peor! Y yo quiero elegir lo mejor, yo quiero poder decir lo que quiero, y no lo menos malo, ni mucho menos lo peor.

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