LOS PROPÓSITOS DEL NUEVO AÑO

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Quiero iniciar este artículo con una publicación que he encontrado en las redes sociales en la que un discípulo pregunta a su maestro: ¿maestro que traerá el año que viene?, y el maestro le contesta: 365 oportunidades. Bueno, aunque este nuevo año es bisiesto y tendrá 366 días, por lo que tendremos que esperar un día más el mes de mes de febrero para intentar recuperarnos de la larga cuesta de enero; no obstante, supondrá una nueva oportunidad.

Una má o una menos, sin embargo, seguro que desperdiciamos más de la mitad, sobre todo la oportunidad de ser felices y de hacer felices a los demás, y creo que me estoy quedando corto, porque no sé, porqué extraña razón, los  seres humanos tenemos la capacidad de desperdiciar las  oportunidades que se nos dan para ser diferentes, para cambiar nuestras vidas, para mejorar nosotros mismos y el mundo que nos rodea. Tal vez sea porque soñamos demasiado, o quizá, porque no soñamos lo suficiente.

 

No estoy hablando de sueños premonitorios, es decir, de aquellos en los que nuestro cerebro trabaja sobre una idea, y al cabo de pocos días esta idea se materializa en la vida real, como un suceso inexplicable, intuitivo. Hablo de la posibilidad de visionarnos en un proyecto, en una situación que deseamos que ocurra, lo que nos llevará a situarnos en  una etapa intermedia entre el presente y el futuro, que nos va a predisponer a organizar nuestras acciones y ver con claridad las herramientas de las cuáles disponemos para lograr una meta.

No se trata sólo de soñar, de un estado onírico, se trata de desear lo que soñamos, haciendo los sueños realidad, abrazar tan fuerte nuestro sueño hasta el punto de llegar a creer en su realidad.

Ahora bien, para ello, hay que encontrar el equilibrio entre la ambición y la realidad, porque si no es así, el estrés se apoderará de nosotros y, sin duda, nos llevará al desánimo, a la frustración y, por ende, al fracaso. Para ello, resulta esencial tener en cuenta que los sueños no deben ser ciegos, sino conscientes y realistas, teniendo en cuenta que no se forjan de un día para otro, sino que, para que para conseguir el efecto deseado, es preciso y, para ello debemos tenerlo en cuenta, un arduo trabajo, sacrificio y perseverancia. De esta manera, el sueño se convertirá en la chispa que prenderá el fuego interior, que hará que nos ilusionemos en lo que deseamos; en una fuerza poderosa que permitirá que nos libremos del temor paralizante que nos impide llevar una vida con propósito y significado.

Otro ingrediente especial para hacer realidad nuestros sueños, es dejar de tener ideas negativas sobre el propósito del sueño, sobre todo cuando ciertas adversidades se presentan, como obstáculos para su materialización, evitando siempre el resentimiento frente a quién o quiénes nos pongan las zancadillas en el camino para lograrlo, así como entrar  en competencia con otros caminantes que persiguen el mismo objetivo y, por último, evitar también la envidia frente a quienes lo han logrado antes que nosotros. Porque sólo con paz interior conseguiremos recorrer gran parte de ese camino sin sentir el cansancio que nos provoca, o al menos, que la fatiga sea menor.

Y, sobre todo, recuerda que, como dijo Oprah Winfrey: “La mayor aventura que puedes pasar es vivir la vida de tus sueños.

 

1 COMENTARIO

  1. Un precioso artículo sobre los propósitos.
    Desde mi experiencia, son los sueños quienes moldean la realidad y no al contrario.

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