LA VIDA

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Era en aquel lugar ignoto para el sabor a pérdida, en donde el señor Guido de Rico encontró aquello que estaba buscando. No tuvo que hurgar demasiado entre los mohosos cajones de la alacena, pues al jalar casi sin  querer, cayó de Newton una pequeña caja que la vista no llegó a alcanzar, hasta que el sonido llegó primero a los oídos del buscador de verdades.

 

Antes de inclinar los lomos, Guido muy mucho se pensó si debía de abrir aquel recipiente del que, si bien ignoraba su total contenido, atisbaba que, al menos, una parte de él colmaría tanto sufrimiento pasado; sin duda pagando el alto precio de una carne muerta y hedionda.

Recogió el pequeño hexaedro del suelo y, durante unos segundos, las manos de Guido se negaron a cumplir los mandatos de aquel cerebro atormentado, negándose a abrir ese espacio cerrado que a buen seguro, ocultaría un insondable mundo de oscuridad y terror. Finalmente, los dedos índice y pulgar de la mano derecha hicieron girar el resorte de apertura. La tapa de la caja se abrió mecánicamente, dejando, al fin, mostrar el contenido que tan celosamente se ocultaba en el fondo.

Con los ojos cerrados, Guido contó hasta ese número que no puede sumarse sin caer en la mentira y finalmente, se abrió de fotones hacia su deseo.

Nada y más nada se reflejaban a ambos lados del universo ; la musical sensación que GDR siempre había deseado.

Alguien dibujó en todos los rostros una sonrisa de satisfacción antes de que el placer volviera a cerrarse.

Todo regresó al lugar del que nunca debería de haber salido.; hasta el señor Rico giró sobre sí mismo, hasta esa latente vida olvidada que siempre había guardado en un cajón de la cocina.

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