FETICHISMO EN LA OFICINA

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El comportamiento fetiche es tan común que, en sus formas más leves, con frecuencia no se considera un problema.

Diseño creado por Gwen Murphy

Si bien hay muchas teorías sobre las causas del fetichismo, hay poca evidencia fáctica. Lo que sí sabemos es que, por lo general, comienza al final de la infancia o la adolescencia y tiende a durar toda la vida a menos que el afectado se “trate”.

Nada más lejos de la realidad que declarar que cualquier objeto imprescindible que necesites cerca para trabajar es un fetiche, pero ahondando en el concepto de Karl Marx, encontramos otra vía: el “fetichismo de los productos básicos”, que no solo es un fenómeno de la conciencia, sino el verdadero corazón de la sociedad capitalista basada en el trabajo, los valores abstractos, el dinero y los productos básicos.

Este concepto es a menudo mal entendido, así como el de “narcisismo sociológico”, patología contraparte psicológica del fetichismo mercantil, y que forman la subjetividad típica del consumismo.

Narcisista es quien se mira en el espejo y exalta su apariencia externa, está demasiado convencido de sus méritos, e intenta dar la vuelta al mundo, y especialmente a la vida de otras personas. El narcisista es un peligro en el lugar de trabajo, especialmente si es el jefe.

El fetichismo indica un tipo de amor excesivo por algo (un objeto, un comportamiento, una persona).

Ambos términos cubren fenómenos reales que se encuentran todos los días, aunque no se mantienen fieles a las definiciones originales dadas por Freud, Marx, la historia de las religiones o la antropología. No es una cuestión filológica.

La cuestión es que estos dos conceptos han afincado en el corazón de la sociedad contemporánea.

El fetichismo de la mercancía es introducido por Marx al final del primer capítulo de «El capital» (1867/1976); está en lo abstracto del trabajo, es decir, en el trabajo considerado como el simple gasto de energía humana indiferenciada, medida en el tiempo, que forma el valor de las mercancías (materiales o inmateriales) y que finalmente se representa en dinero.

Lo describe como una relación social entre cosas y una relación de cosas entre personas, donde la producción dirige a los humanos, en lugar de que los humanos dirijan la producción.

Es un proceso inconsciente y colectivo que esconde la verdadera naturaleza de la producción capitalista. El mismo Marx lo describe como «misterioso» y utiliza fórmulas según las cuales la mercancía es «sensible-suprasensible» y es comparable a la religión, donde el hombre proyecta sus fuerzas sobre un ser trascendente del que entonces cree depender.

A partir de los años sesenta, el epicentro de la vida social se ha desplazado hacia el consumo. El mandamiento ya no es: “trabajar, ahorrar, sacrificar, obedecer” (el antiguo “ora et labora”), sino “consumir, divertirse, gastar, endeudarse”. En lugar de recordarnos constantemente nuestros límites, se nos anima a superarlos todos y a creer que el mundo está a nuestra disposición, mentira que nos permite un consumo continuo.

También hay un nivel aún más profundo del vínculo entre narcisismo y fetichismo. El narcisismo devalúa el mundo exterior: todos los objetos no son más que proyecciones del sujeto y no tienen una realidad propia, una autonomía a respetar.

Fetichismo y narcisismo ahora se entrelazan, para nuestra mayor desgracia.

Imagen: Eclectic Trends. Bruno Munari diseñó esta lámpara en 1964 después de consultar a un fabricante de medias para poder trabajar el tejido adecuado.

En verdad, en verdad os digo: solo quería hablar sobre objetos que nos gusta tener cerca cuando queremos concentrarnos o inspirarnos…

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