TANTO MONTA, MONTA TANTO

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¿Tanto mata, mata tanto, la república como el rey Fernando?

¿Rociíto dice la verdad y por eso debemos de creerla? O solo dice su verdad ¿Limitar la salida por motivos pandémicos es necesario para protegernos de nosotros mismos?

La posverdad, según la RAE, es una palabra que sólo tiene una definición, ni siquiera dos o tres, sólo una: distorsión deliberada de la realidad que manipula creencias y emociones con el fin de influir en una opinión pública y en actitudes sociales.

Cada día nos vemos más envueltos en un aumento de casos como estos. La verdad como tal no se sustenta en argumentos, datos y razonamientos contrastables, sino que en medio de lo contrastable se meten las emociones y las creencias. De esta manera, para saber la verdad, o lo que puede ser verdad, tienes que luchar contra aquello que no admite lucha o discusión, ya que no se sustenta en algo sólido sino en algo etéreo como la misma fe o lemas como «yo sí te creo».

Un tema que sigue muy vigente en este año 2021 es algo que terminó hace cuarenta, con la democracia, o eso se pretendía, y que sirvió, en aquella época, para sostener una paz duradera. Si ahora volvemos hacia atrás esos cuarenta años nos encontramos con una guerra civil de familias contra familias. Guerra que se fue fraguando tras años de abusos de unos contra los otros. De una sinrazón que nadie supo, y a lo mejor, ni quiso parar. Ambos mandos se veía victoriosos moral y militarmente.

Para unos sólo cuenta Paracuellos y para otros sólo se contempla la plaza de toros de Badajoz. Estremece el alma leer los textos donde se narra lo que pasó y ver en fotografías lo que en ambos lugares sucedió. Es la degradación máxima del ser humano como tal; la aniquilación de su propio pueblo. Cuántos de ellos no se habrían cruzado esos días con compañeros de colegio, de trabajo, vecinas que compraban juntas y cuidaban unas de los hijos de las otras, en esas filas de la muerte. Sabiendo unos que iban a ser asesinados a manos de los otros.

Una mujer llora amargamente mientras explica cómo han sido los malos tratos que ha sufrido por parte de su marido durante años. Los hijos, de por medio, también son víctimas en medio de esta guerra. Esta guerra, igual que la del párrafo anterior, ya viene de años. Tantos que hay que hacer memoria para acordarse qué es lo que había antes de que esto sucediera.

Rocío Carrasco y Antonio David Flores en montaje de BLUPER.
Montaje de BLUPER para el periódico El Español

Una mujer llora amargamente mientras explica cómo han sido los malos tratos que ha sufrido por parte de su marido durante años. Los hijos, de por medio, también son víctimas en medio de esta guerra. Esta guerra, igual que la del párrafo anterior, ya viene fraguada de años atrás. Tantos años que hay que hacer memoria para acordarse qué es lo que había antes de que esto sucediera. Nuestras acciones nos llevan hasta un precipicio al que llegas resbalando, y no sabes cuando has dado ese último mal paso.

Esta mujer cuenta su desgracia y su profundo pesar en una larga entrevista que será emitida; por capítulos. Numerosas personas, que han podido estar presentes durante los años en los que ha sufrido esa desgracia, cuentas sus versiones de lo ocurrido en los mismos medios. Todo esto es observado y analizado con detenimiento por una buena cantidad de periodistas y otras personas ajenas que expresan su opinión. Tanto la entrevista de la mujer caída en desgracias, como quienes comentan lo que le pasó, se dilatan durante horas y horas, días y días.

¿Por qué tengo que ponerme el cinturón de seguridad si no haciéndolo a nadie perjudico? Quiero correr los riesgos que quiero correr, es mi vida y la vivo como quiero. Algo parecido a esto pasa con las mascarillas. Aquellas personas que no quieran salir de casa que no se les obligue y aquellas que quieran seguir con su vida y correr más riesgo pues que lo asuman. Dentro de la información de la que se dispone es necesario que la ciudadanía sepa a qué se expone. Informar es la mejor arma de prevención.

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Imagen: COCEMFE Cantabria

Tanto las campañas para ponerse el cinturón de seguridad como el lema «quédate en casa» han hecho que el número de muertos y de personas con graves secuelas disminuya considerablemente. Tal cual sucedió como lo cuento. Entonces qué es lo que nos pasa con cuarenta y un, cincuenta y un y sesenta y un años. Somos como adolescentes de catorce, quince y dieciséis años ¿Necesitamos que esté papá o mamá estado para cuidar de nosotros, que ordenemos nuestro cuarto y que lleguemos a hora y en condiciones a casa?

Desde pequeños crecemos con una serie de costumbres, de conversaciones y de ideas que se van repitiendo en nuestras casas. Las vamos asimilando igual que otras costumbres como acostarnos a una hora determinada, a comer unos alimentos cocinados de una determinada manera o a usar unas expresiones u otras, todo esto en nuestra forma cotidiana de vivir y entender el mundo. Todo esto va forjando nuestro carácter, nuestra personalidad y nuestra forma de ser.

Volviendo al concepto de posverdad, me pregunto qué es lo que queremos creer de todo lo anterior. Nos centramos en los hechos objetivos dejando de lado los sentimientos o, por lo contrario, buscamos dentro de nuestro corazón el sentimiento que se puede igualar al de la víctima ¿Qué es lo que buscamos? ¿Preferimos ser racionales o emocionales? ¿Qué nos viene mejor en cada ocasión? ¿Somos realmente conscientes de la forma en la que nos engañamos?

Aquí está la clave. El beneficio que sacamos de cada acción que realizamos. Podemos pensar en el bien de la mayoría, en saber entender al otro y ceder nuestra parte. Por lo contrario, podemos cerrar filas y no aceptar más que lo que consideramos justo. Alguien podría pensar; mis abuelos, ya casi mis bisabuelos, han sufrido estos daños y quiero que les sea reconocido, además de…. Como si a los del otro bando, a los de a pie, les hubiera ido mucho mejor.

Frente a quien sufre está la persona que puede acompañar ese dolor, aunque sea desde su casa, entender lo que le pasa y apoyarla en la manera que pueda. Esto siempre alivia al dolor ajeno y al propio. No hay apoyo mayor que te digan que te comprenden o que ellos han pasado por lo mismo. Digo ellos refiriéndome a las personas maltratadas, tanto unos como unas. Pero todo ese amor, esa comprensión y ese respeto se ven empañados cuando se monta un circo alrededor, y digo circo, porque es lo que a mí me parece. Una cuenta su dolor y otro contraargumenta con informes policiales desmintiendo lo que dice. Enlodándolo todo aparecen personajes públicos, hasta políticos, dando su validez a los hechos sin contrastar y sin saber que la justicia que ya se había pronunciado al respecto. Para rematar la jugada, una buena cantidad de millones parece que pueden atenuar el sufrimiento de quien expone su dolor a ojos de todo el mundo, como en una pista de un circo.

Una gran pista no redonda, sino más bien esférica, es en donde nos encontramos todos con la boca y la nariz tapadas. Lo malo de esta enfermedad, a parte de las desgracias que se ven en los medios de comunicación, es que hay muy pocas posibilidades de que te haga daño. Por otro lado, hay muchas posibilidades de que sí te toque padecerla. Por eso creo que no queremos darnos de cuenta del peligro que conlleva. Conozco a infinidad de personas que la han padecido y lo han pasado sin problema, pero a un tío abuelo se lo ha llevado y otro familiar no se sabe cómo quedará. Aunque sólo el 1% de la población sufra algún tipo de daño, en cuarenta y siete millones salen cuatrocientas setenta mil personas entre muertos y con secuelas. Así seremos un país de enfermos por causa del Covid-19 y de minusválidos de algún grado debido a los accidentes de tráfico.

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Máster de profesorado. Asignatura: Desarrollo de la personalidad en la adolescencia.

Esta es una sociedad capicúa de catorce, quince y dieciséis años frente a una de sesenta y un, cincuenta y un y cuarenta y un años. Saltamos de una edad a otra o simplemente seguimos siendo unos adolescentes que juegan a ser adultos ¿Somos capaces de empatizar con los demás? ¿Tenemos interiorizados ciertos valores o sólo aparentemente? No hace falta decirlo, con pensar sólo un poco salta a la vista. Necesitamos que nos cuiden, necesitamos que nos pongan normas, limitaciones, porque de lo contrario no nos matamos de milagro ¿O no?

Para saber más:

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La guerra civil española

Recorrido judicial del ‘caso Rociíto’: la Audiencia Provincial le quitó la razón en cuatro ocasiones

La incontenible infantilización de Occidente

 

 

 

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