EL DEBATE DE LOS AUSENTES

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A Pedro Sánchez le faltó un plan B en el debate y a Feijoo le sobran los planes B para España, el en si mismo es un plan B, cínico, populista y mentiroso, una combinación peligrosa para dirigir a un país. El PP nos sorprende de vez en cuando con mirlos blancos, que nos hacen pensar en la posibilidad de una reconversión de este partido hacia posiciones conservadoras acorde a los tiempos, es decir moderna, europeísta y moderada, desligada de todas las connotaciones heredadas de su fundador. Pero nada es lo que parece en el PP, solo Aznar no tuvo inconveniente en que se le notara la vena dictatorial. Esos mirlos blancos a la primera de cambio empiezan, casi por inercia, a demarrar democráticamente a poco que tengan ocasión, recordar a Gallardón, el mismo Casado y a Feijoo a partir de su nombramiento como presidente del PP, que digo yo que los que lo conocen de su etapa como presidente de la Xunta pues que a lo mejor ya lo veían venir.

El debate mostró carencias en la destreza argumental por parte de ambos, y se instaló en el recuso facilón de las interrupciones, una falta de respeto y de tolerancia. Se utilizo la dialéctica como arma arrojadiza, ajena a la metodología del debate; les faltó método y estructura. Pedro Sánchez no supo activar los mecanismos asociativos que se le supone por el conocimiento extenso sobre los asuntos que se trataron y que Feijoo consiguió desvirtuar mintiendo sin rubor y que Sánchez no pudo o no supo desactivar ante la violencia, en el uso de la palabra, de la que hizo uso Feijoo desde el minuto uno. No olvidemos que la mentira es una forma de violencia utilizada por aquellos que pretende imponer sus ideas sin importarle la veracidad de sus argumentos y si resultan convincente o no.

Feijoo no fue a debatir, poque no dio opciones a contrastar opiniones, no informó de sus propuestas para gobernar y no le interesó persuadir. Su mensaje no fue coherente ni estructurado, no fue honesto y demostró no tener el suficiente conocimiento de los temas que se debatieron. La estrategia del PP consistió en boicotear desde el inicio la esencia misma del debate, con la connivencia de los moderadores, dificultando la réplica de su oponente, porque es difícil replicar cuando el argumentario de tu rival se basa en hechos que no responden a la realidad o que escapan a la temática misma del debate.

El debate careció de formato pues su diseño inicial salto por los aires con la primera intervención de Feijoo y Sánchez colaboró interrumpiendo, con criterio en varios momentos del debate, en otros no, pues era la única estrategia ante el torrente de imprecisiones de Feijoo y la inanición de los moderadores. A posteriori siempre se recurre a proclamar un vencedor, cuando en realidad un debate no es un concurso. No se trata de ganar sino de convencer y desafortunadamente ninguno de los dos lograron convencer, salvo a los que ya estaban convencidos. Quizás tengan razón los que piensen que los ganadores han sido los ausentes.

 

 

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