¿CUÁL ES EL COLOR DE LA INTOLERANCIA?

La Policia Requisa Camisetas Amarillas A La Entrada Del Wanda
Somos muchos los que empezamos a estar más que hartos del tema de Cataluña, de los independentistas, de los constitucionalistas y de tanto oportunista que se sube al carro de unos o de otros para hacerse notar o para meter el suficiente ruido para mover a las masas, esas masas fácilmente manipulables que sólo necesitan un pequeño espoleo en forma de falso patriotismo para armar el pitote.

 

Ni unos, ni los otros, merecen defensa alguna, porque ambos siguen enrocados en posturas encontradas sin el mínimo deseo de encontrar soluciones o, al menos, sentarse para hablar y marcar las líneas de una negociación, aunque algunos piensen, en ambos lados, que no se puede negociar la identidad nacionalista de un pueblo, prefiriendo la imposición.

El sentimiento nacionalista es un sentimiento identitario de un pueblo, y como tal legítimo, de manera que nadie puede impedir que dicho sentimiento se manifieste en el ejercicio de derechos fundamentales que la propia Constitución Española propugna, como son el derecho expresar y difundir libremente los pensamientos, ideas y opiniones mediante la palabra, el escrito o cualquier otro medio de reproducción, así como el derecho de reunión y de manifestación, amén de otros derechos públicos como el derecho al sufragio activo y pasivo.

 

«El sentimiento nacionalista es un sentimiento identitario de un pueblo, y como tal legítimo, de manera que, nadie puede impedir que dicho sentimiento se manifieste»


Dicho de otra manera, lo único criticable en todo este proceso son las posturas irreconciliables de ambas partes, las provocaciones continúas que las partes encontradas no paran de hacerse; e igual que es criticable que los independentistas utilicen la provocación, con la misma vara de medir lo es cuando son los constitucionalistas también quienes la utilizan y, más aún, cuando dicha provocación lo es mediante la represión.

Estaremos de acuerdo que un partido de fútbol no es el medio más adecuado para una manifestación política, entre otras cosas, porque la UEFA prohíbe la utilización de símbolos de este carácter, pero, además porque con ello estamos desvirtuando el verdadero sentido de la competición deportiva cuyo único fin es la medida de fuerzas en la práctica de un deporte determinado y no la de espectadores o seguidores de quienes compiten; y nada más, aunque al final quien gane sea un equipo de una población determinada, como así  es, pero bajo la limpieza o sentimiento de que “gane el mejor”. Dicho lo cual, tan mal está quién utilice estos eventos para una lucha política, como quién prohíbe mediante la represión la libertad de expresión en ellos de forma pacífica.

Dicho de otra manera, no se puede utilizar a las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado para que quienes acuden a ver una competición deportiva que tiene lugar en un estadio perteneciente a un club privado, para limitar la entrada por portar signos nacionalistas; porque si alguien debe hacerlo es el propio club de acuerdo con sus propias reglas de funcionamiento. Y, si es necesario garantizar la seguridad que lo hagan con sus propios medios, porque no es entendible que equipos con beneficios multimillonarios encima se beneficien de la seguridad pública que todos pagamos, algunos, incluso, sin ser aficionados que, según información facilitada por la Unión Federal de Policía sobrepasa los diez millones de euros anuales.

Son muchos los absurdos en este contencioso, pero, desde luego el Estado no es quién para impedir acceder a un estadio de fútbol en la última edición de la copa del rey, a quienes portaban camisetas amarillas con o sin símbolos independentistas, porque haciéndolo, en este caso concreto, lo único que han conseguido y seguirán consiguiendo es echar más leña a un fuego que no parece apagarse nunca, aparte de cuestionar el respeto a la libertad de expresión como derecho fundamental, aunque lo sea bajo el argumento de que se trata de un lugar de pública concurrencia y, por tanto, se trata de garantizar mediante la prevención la seguridad pública, máxime con la presencia del monarca.

La fuerza frente a la fuerza, eso es en lo que se ha convertido, al igual que en ediciones pasadas, lo que debe ser una competición pacífica entre dos equipos por lograr obtener un premio que, en el caso de la copa de rey, es otro de los absurdos en cuanto a la participación de un equipo con sentimiento mayoritariamente independentista, aunque todo venga marcado por la Federación Nacional y la Liga Profesional de Fútbol y por la aceptación de sus reglas de juego, o se participa con todas las consecuencias y con el respeto a las instituciones o se forma una liga particular sólo para ellos.

En definitiva, otro caso más de la provocación en este contencioso político, unos porque utilizan cualquier medio, hasta las competiciones deportivas para manifestar su sentimiento anti-español, y los otros porque se suman al carro de esta confrontación como medida continua de fuerzas.

Ojalá que San Jordi transforme hoy las flores amarillas en rojas como lo han sido siempre e inspire a ambas parte para encontrar soluciones, no porque el color amarillo moleste a algunos sino por no romper con las traducciones y menos por confrontación.

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