CREER EN UNO MISMO

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«PLANIFICA EL DÍA PARA QUE ESE MISMO DÍA SEA EL MEJOR DE TU VIDA».

Podemos acrecentar la confianza en nosotros mismos mediante el uso de tecnicas para cambiar el subconsciente.

Esta idea tiene fuerza, impacta, aunque también puede resultar graciosa. Depende del punto de vista. Parece ser que todo el mundo busca la dicha, la felicidad o al menos no estar amargado y pasando necesidad.

En los medios de comunicación salen todos los días personas a las que, de un día para otro, la vida les da un palo que ni se esperan ni se merecen. Un despido, una enfermedad, un accidente o cualquier desgracia surge en un chasquido de dedos, como si fuera magia, pero de la mala.

Un amigo empresario que tras haberse arruinado pudo remontar me hizo recapacitar sobre que no siempre se puede. Pero ¿por qué?

¿Creer es una palabra similar a querer? No solo por las letras. Me pregunto dónde está esa chispa, esa fuente, ese valor, ese querer levantarse a pesar de, ese no dejarse vencer, esa fe en uno mismo, esa forma de ser que dice que aquí estoy yo. Esto puede ser innato, como la bravura de un toro de lidia o, si no «le viene de casta al galgo», se puede ir adquiriendo. Querer crear el creer.

Esperanza no es el término, podemos esperar durante toda la vida sin resultado; es pasiva y aquí se necesita una palabra activa como ilusión, deseo, ganas o simplemente reaños. Cualquiera de éstas puede ser la inspiradora o la impulsora para sacarnos adelante.

Ya tenemos lo más importante, ahora vamos a deducir cómo lo hacemos. Primero poco a poco, despacio pero con constante aceleración. «A quien madruga Dios le ayuda» y si tiene claro lo qué, cuándo y cómo lo tiene que hacer le ayudará más aún. La noche anterior se planifica todo. Entre las sábanas y con la cabeza sobre almohada se elaboran grandes planes.

Las Piedras y el Frasco: - Soul

Las Piedras y el Frasco:

Podemos plantear nuestra vida haciendo un símil con un tarro de cristal que se rellena con lo más importante, como la familia y el trabajo, a modo de pedras. Después se van colocando otros guijarros que quepan, importantes como la amistad o darse a los demás; más tarde añadiremos la grava, que pueden ser las aficiones o el deporte. En este momento habríamos de agitar un poco el tarro para que todo vaya asentando. La arena son los entretenimientos, las pérdidas de tiempo, las charlas banales en la oficina y demás. Así, volviendo a sacudir el tarro, todo el espacio y el tiempo está completamente lleno.

Parece que no se puede llenar más el tarro. Lo mires por donde lo mires, las piedras, los guijarros, la grava y la arena lo cubren todo. Pero sí que hay espacio para el agua en ese tarro lleno hasta el borde. Esa agua que lo empapa todo puede ser la ilusión o los reaños.

Reaños puede ser la palabra que defina el carácter del pueblo español. Según la RAE, es la determinación y coraje para hacer algo difícil o desagradable. Caracer reflejado en nuestra historia, plasmado en escenas de de películas españolas que muestran la parte de atrás de los negocios. Recuerdo una en especial: en la barra de un bar de un gran hotel un empresario, tan serio como seguro de sí mismo, coge una servilleta cuadrada y le explica al arquitecto que tiene en frente cómo funcionan llas transacciones: «ves esta servilleta, pues es el presupuesto» – la dobla por la mitad y vuelve a decirle – «lo que ahora no ves es para mí» – la vuelve a doblar y continua – «lo que ha desaparecido es para sobornos, y lo que queda, debe de llegar y sobrar para hacer el proyecto».

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«El viejo y el mar», Ernest Hemingway. Imagen de: https://latinta.com.ar/2018/09/viejo-mar-lucha-adversidad/

Continuando con la fuerza de voluntad, el paso del tiempo y sus obstáculos, los objetivos van llegando al fin de su fecha. Algunos de ellos se van cumpliendo y otros no, pero de aquellos que se van cumpliendo ¿Cuánto hay del boceto inicial? Quizá sólo la idea de conseguirlo. El libro «El viejo y el mar» de Hemingway, ilustra muy bien esta idea. La lucha feroz por llevar a puerto ese gran pez mientras que los elementos, por una parte, minan la fuerza del pescador y por la otra, otros peces le van sacando poco a poco pedazos al capturado. Cuando llega a puerto, el que ve la captura se da cuenta del esfuerzo titánico para traerlo a tierra, de lo enorme que era y también de lo que se quedó por el camino.

Creer en uno mismo no solo es tener las ideas claras de lo que uno quiere conseguir, también es necesario saber el esfuerzo que hay que hacer y de la parte de éste que quedará para los que en el camino te encuentres. La perseverancia ha de ser igual que los músculos de ese pescador curtido por los años y el mar. Recia, tenaz y firme. Agarrarse a ella como el pescador se agarra al sedal que soporta ese tesoro tan deseado desde hace tiempo y que puede hacer cambiar su vida entera, o al menos parte de ella.

Sobreponerse de un duro golpe que puede venir de repente, o que de repente te des cuenta de los muchos golpes que te llevas dando desde hace mucho tiempo, no es fácil. La fuerza de voluntad, el valor para salir adelante y el conocer los problemas del día a día son aspectos a tener muy en cuenta. Pero queda otro aspecto tan delicado como importante, y es que por mucho cuidado que le pongas a la vida, has de tener en cuenta los versos de nuestro sabio poeta Antonio Machado, en «Españolito que vienes al mundo».

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Antonio Machado: «españolito que vienes al mundo».

Esta reflexión sobre el fortalecimiento interior no tenía este final, pero sería injusto, incompleto y hasta dañino no incorporar a los ánimos, a los buenos consejos y hasta a los «tú puedes» o «creo en ti» sin indicar la letra pequeña. Esta letra pequeña son los peligros, las maldades y las amarguras que muchas veces no se ven hasta que de repente te golpean. Aun así, la alegría de planear cada día no quiero que me lo quite nadie.

Para profundizar más:
Las piedras y el frasco
El Vieho y el mar
El españolito de Machado
Mirar un cuadro de Goya

 

 

 

 

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