TRAZOS Y SEGMENTOS: COMPENDIANDO LAS IDEAS

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Las ideologías hace mucho tiempo que no me resultan atractivas, es más, las considero un peligro, dado que muchas de ellas acaban siendo el útero donde se gesta la tiranía.

Dicho lo anterior, aclaro que, a pesar de ello, también cada uno de esos cúmulos ideológicos son dignos de ser alabados por alguna de sus partes. A esas partes he acudido siempre para ir conformando ese compendio de las ideas al que el título del presente artículo alude.

Hay un dicho muy antiguo que versa: Hasta un reloj parado da la hora exacta dos veces al día. Sí, totalmente cierto; nada hay que no contenga al menos algo acertado aunque en su síntesis sea una aberración.

Cuando a lo largo de la vida he reflexionado sobre mis ideas políticas, mi ética o mi moral, siempre había algo de lo que no estaba muy convencida cuando mi supuesta adherencia me hacía estar escorada hacia una de las partes en conflicto; dígase tradición vs. vanguardia, conservadurismo vs. progresismo; ejemplos:

1- Siempre pensé y pienso, a pesar de considerarlo una utopía, porque en la actualidad no puede llevarse a cabo, que las fronteras deberían desaparecer; que se debería crear un tratado mundial mediante el cual se aprobase una “supraconstitución” que garantizase en cualquier parte del mundo la igualdad ante la ley así como de oportunidades, el derecho a la libertad, a la vida, a la dignidad que da el uso de la meritocracia en los ámbitos político-sociales y a la libre circulación por el globo terrestre (siendo esta ley de leyes de la que debieran colgarse el resto de las constituciones nacionales).

2 – Siempre pensé y pienso (aunque con el matiz relativo a la voluntad o el libre albedrío) que el ser humano es inocente por naturaleza y que son sus condicionamientos genéticos y epigenéticos los que imperan en su comportamiento; aun a pesar de que nuestro “libre albedrío” o su equivalente “nuestra voluntad” sean, en último extremo, los ejecutores de toda acción. Es una cuestión ésta de bastante importancia, sobre la que se ha teorizado mucho desde “El Emilio” de Rousseau. De todas formas mis ideas en este sentido se sujetan no sólo en el “determinismo positivo” de Rousseau, sino también en el Eterno Retorno al que alude Niezche en la Gaya Ciencia: El eterno reloj de arena de la existencia se invierte siempre de nuevo y tú con ella, granito de polvo. A pesar de eso mi concepto del eterno retorno es evolutivo y no repetitivo, dejándole espacio a la libertad.

3- Por ello, casi en contradicción con el punto que antecede, no puedo resistirme al compendio de la voluntad o su equivalente, la libertad, con ese determinismo al que aludo y al que también Schopenhauer, en su “mundo como voluntad y representación”, atribuye a una fuerza subyacente a la razón misma (o, según lo entiendo, el puro instinto del cerebro reptiliano). Para mí la libertad es irrenunciable y sólo la encuentro en la fuerza de la voluntad que me parece tan potente y tan antagónica en su pureza con todo lo referido que hoy por hoy, y según somos, es utópica. Quizás un día el ser humano, cuando se haya desalojado de todos sus lastres, pueda ejercerla.

No quiero cansar con mis elucubraciones, sólo quería resaltar que hay cosas que se deben pensar y repensar y estas cosas suelen estar sujetas a las ideologías, sobre todo a las imperantes. La principal razón por la que he querido incidir en este tema no es otra que la necesidad que siento de llamar a la concordia de las ideas, separándolas de toda radicalidad para que esa concordia surja, no sólo en nuestras particulares formas de pensar, sino también en la interacción con las formas ajenas.

Llegar a una síntesis de ideas o ideario particular, que suele devenir en un sesgo, no es malo ni bueno, todo depende de la ocasión y de la circunstancia de poner ese ideario en práctica; pero cuando se consigue el justo medio, es decir cuando se hibridan distintas ideas aparentemente antagónicas que acaban siendo como la protuberancia y la oquedad de las piezas de un puzle componiendo una figura entera, a pesar de sus partes, se ha conseguido dar con el lado de la verdad.

Aun lo anterior, siempre defiendo la necesidad de tomar “partido” cuando de política se trata; me refiero a que es necesario arrimar tus fuerzas hacia el lado que se considera más justo (que también puede ser el justo medio), atendiendo a la ética y la moral que cada uno lleve por “banderas”; pero hay que tener en cuenta que los caldos demasiado tibios no son agradables ni reconfortan. Un ser humano debe elegir, aunque esa elección sea la de no elegir bando, porque se considere que la fuerza deba ponerse en el equilibrio de los dos platos de la balanza. En última instancia la elección que favorece a la mayoría, sin injusto detrimento de la minoría, es siempre la acertada.

Claro que ¿cómo dirimir lo justo o lo injusto…? Creo que acudiendo al fondo del alma humana, de la conciencia.

Como ser humano en continua contradicción (nada más normal), tratando de compendiar mis ideas, aún estoy; seguramente permanezca así toda esta vida y otras vidas, si existieran o existiesen…

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