HACIA UN MUNDO MÁS EDUCADO

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Informe a la UNESCO de la Comisión Internacional sobre la Educación para el siglo XXI.
* Compendio. París: Ediciones UNESCO, 1996. Ed – 96/WS/9(S).

Frente a los numerosos desafíos del porvenir, la educación constituye un instrumento indispensable para que la humanidad pueda progresar hacia los ideales de paz, libertad y justicia social. Al concluir sus labores, la Comisión desea por tanto afirmar su convicción respecto a la función esencial de la educación en el desarrollo continuo de la persona y las sociedades, no como un remedio milagroso –el “Ábrete Sésamo” de un mundo que ha llegado a la realización de todos estos ideales– sino como una vía, ciertamente entre otras pero más que otras, al servicio de un desarrollo humano más armonioso, más genuino, para hacer retroceder la pobreza, la exclusión, las incomprensiones, las opresiones, las guerras, etcétera.

 

Soy consciente que hay personas a las que es imposible educar, entiéndase, no desde la imposición de normas de conducta, no; sino más bien, desde la razón, analizando las distintas opciones ante un determinado comportamiento, ofreciéndole las herramientas para su crecimiento personal.

Para que se me entienda mejor voy a contar algo que un día me dijo un profesor de la Facultad de Derecho intentándome explicar que la universidad es algo más que ir a clase, coger apuntes y hacer exámenes. Me habló de la necesidad de pensar, de la falta de libre pensadores, de la necesidad de transmisión de ideas y conceptos, de opiniones; terminando por decir que había personas que pasaban por la universidad pero que la universidad no pasaba por ellos.

En ese sentido hablo de la necesidad, incluso  me atrevería decir, el deber que tenemos las personas de transmitir el conocimiento, desde la razón, desde el respeto, y con la suficiente humildad que nuestra opinión es sólo un punto de vista, acertado o no, fruto de nuestro experiencia, pero sólo con aquellos que tienen receptibilidad.

Como dijo Jean de La Fontaine en la fábula  “El labrador y sus hijos”:

“Guardaos (dijo el labrador) de vender el patrimonio,
Dejado por nuestros padres,
”Veréis que esconde un tesoro.”

La educación es todo lo que la Humanidad ha aprendido sobre sí misma. Imitando al poeta, que elogiaba la virtud del trabajo, podríamos decir:

“Pero el padre fue sabio
Al mostrarles, antes de morir,
Que la educación encierra un tesoro.

Pero, es muy difícil educar a los necios porque no quieren ser educados; a los ideológicos sin ideas porque se les rompe su esquema mental, su modus viviendi en algunos casos, además de su concepto pueril de una sociedad tonta y por tanto manipulable, pero sobre todo porque tienen miedo al cambio, no el que ellos propugnan desde posiciones totalitarias y excluyentes, sino el que la sociedad en su conjunto demanda, repito: en su conjunto; a los que usan la violencia porque son incapaces de usar la razón; a la mayoría de los políticos porque son más de lo mismo; y a los palmeros fanatizados que no saben criticar ni admitir las críticas.

Permítaseme: los hay tan obtusos, tan beligerantes, tan ofendidos, tan radicalizados, con los que no vale la pena perder el tiempo, porque no están dispuestos a ser educados, no tienen predisposición al cambio, prefieren seguir en esa línea recta hacia el precipicio de la sinrazón, del odio, de la continúa confrontación contra los que consideran el mal de la humanidad, sin darse cuenta que ese mal esta en nosotros mismos, en nuestra ofuscación, en nuestra mala educación, en nuestras frustraciones. ¿Quién es mi peor enemigo que  yo mismo?.

No querer ver que las cosas no son blancas y negras, que hay una gran gama de grises, mejor dicho, de colores, que hacen la vida más agradable, es no tener la predisposición, la intención al cambio, las ganas reales de cambiar uno mismo y de cambiar el mundo, primero el que nos rodea y después, como las ondas que hacen en el agua esa piedra que lanzamos, el mundo circundante, así hacia el exterior, hasta que otra piedra del conocimiento vuelva a caer sobre el agua de la humanidad.

Desarrollar las facultades intelectuales, morales y afectivas de una persona de acuerdo con la cultura y las normas de convivencia de la sociedad a la que pertenece es en lo que consiste la educación, pero siempre desde el respeto, desde la generosidad, desde el amor universal, no desde la moralina. Y, por supuesto, sin dogmas, sin advertencias, sin amenazas.

Las energías positivas provienen de la fuerza de la intención, desde el verdadero deseo al cambio, sólo así, al menos yo, consigo estar cada vez cerca de esa plenitud de vida que llevo persiguiendo duante toda mi existencia, por supuesto desde la consciencia que esa persecución o búsqueda nunca va a llegar a su fin, porque siempre hay nuevas expectativas, nuevas experiencias, nuevo retos que, en vez de frustrarme, me animan a seguir adelante. Y, desde el deber de devolver al mundo, a mis congéneres, a mis padres, … al universo, el favor de la vida, luchar contra esa oscuridad que desprenden aquellos obtusos, beligerantes, ofendidos,  y radicalizados por ideologías inventadas, por religiones impuestas, por el pecado y el perdón, por los patriotas totalitaristas y, lo que aún es peor, por lo perdidos que andan sin saber a dónde, o los negocianistas conspiranóicos que niegan el saber y la ciencia. El cambio empieza por uno mismo.

Sólo desde la educación y el respeto se puede conseguir el cambio, sólo desde el amor, en su sentido más amplio de conexión con nuestros congéneres, sólo desde el respeto a la libertad de pensamiento, sólo desde la igualdad de oportunidades, sólo sintiéndonos parte de un todo, con el sentimniento y convencimiento de ser parte de una gran fraternidad universal, podemos cambiar nosotros y cambiar el mundo. Eso sí,  igualmente que somos responsables para la educación, también lo somos para denunciar a esos que no quieren ser educados cuando con su comportamiento transpasan la línea de la legalidad, atentando contra el honor, la dignidad personal y familiar y la propia imagen de los que tinenen o consideran que están en frente como enemigos y no como librepensadores, cuando amenazan a los contrarios, cuando actuán contra los derechos humanos con conductas homófobas, senófobas, aparonofóbicas, incitación al odio y a la violencia; si no lo hacemos, seremos cómplices y cooperadores necesarios de esas conductas delictivas, por permitirlas, y peor aún, unos auténticos egoistas y cobardes.

 

 

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