DIBÚJAME UN CORDERO

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¿Imposible de lograr o imposible de cambiar?

Como en las paradojas de M.C. Escher, son precisas situaciones imposibles para cambiar de perspectiva

El Principito nos pide que nos elevemos al plano de la imaginación creadora, (no de la fantasía), la que no busca logros específicos (pues es un lejano ideal continuo), porque es la que nos permite ver un cordero dentro de una caja o un elefante dentro de una boa. Si damos este salto a un nivel superior de consciencia, podremos ver más allá de lo evidente, y ese es uno de los secretos de la plenitud humana: ver a través de las cosas el misterio que esconden.

Cuando el aviador ya no está solo dispuesto a responder a su prioridad (arreglar el motor), sino que entiende, trascendiendo, que está en juego su propia vida, dibuja una caja con agujeros, sosteniendo que la oveja está dentro. Así satisface al pequeño príncipe, quien se preocupa entonces por la necesidad de hierba: «Porque donde vivo todo es muy pequeño …». Más tarde, se da cuenta de que el cordero … ¡se ha quedado dormido!

La clarividencia del principito, coincide maravillosamente bien con el principal mensaje filosófico del cuento, que se revelará solo al final: la verdadera belleza es invisible, solo se puede ver con el corazón, más allá de las apariencias …

En este capítulo, se adelantan  patrones y temas: el narrador adapta el tamaño del mundo ficticio al de su personaje principal; por el contrario, el mundo del narrador, el desierto, tiene el tamaño aterrador y sobredimensionado del mundo adulto. Este tema de la dimensión volverá más adelante en acontecimientos que tendrán lugar en planetas demasiado pequeños para sus residentes; y más tarde en la tierra, demasiado grande para el principito.

Las metáforas de Saint-Exupery son cercanas a algunas alegorías bíblicas: el cordero; la serpiente que mata al príncipe (la misma que alude a la muerte en el Jardín del Edén); el piloto se pierde en el desierto, al igual que los israelitas a su salía de Egipto; o en el capítulo 25, piloto y príncipe van en busca de agua y encuentran un pozo en el desierto, ese pozo de agua, que bíblicamente simboliza el anhelo de llegar a Dios, siendo un elemento crucial en la redención de Egipto del pueblo judío.

Nuestra mente (no la fantasía, que es con lo que se adorna) es poco más o menos que un puente entre lo espiritual y lo material, con vehículos que no son físicos sino energéticos, (los pensamientos, el lenguaje del cerebro), con influencia en nosotros y en nuestro entorno. Un pensamiento negativo tiene un efecto negativo y uno positivo al revés. Así es como creamos nuestra realidad y futuro (eso a lo que llamamos destino). Nuestras convicciones son las que crean nuestra realidad. Creamos nuestra propia realidad, porque la mente gobierna sobre la materia.

El poder de la mente sobre la materia debe ayudarnos a conducirnos a nosotros mismos, a no dejarnos arrastrar por nuestras pasiones, a no flaquear en la adversidad, a tener sentido de la voluntad, a atrevernos a dar un paso hacia delante que nos mejore. Ese es el verdadero poder de la mente sobre la materia.

Se trata de alcanzar una nueva forma de ver las cosas, de pensarlas y por lo tanto, poder cambiar, “ser otros”. Saint-Exupery  nos da la buena noticia de que podemos cambiar nuestra forma de pensar. Podemos alterar nuestra percepción y así transmutar nuestra vida.

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