COMPAÑEROS, PERO NO AMIGOS

En casi todas los trabajos, menos los freelance, es decir, aquellos profesionales que trabajan de forma independiente o se dedican a realizar trabajos de manera autónoma que le permitan desenvolverse en su profesión, o los que trabajando también por cuenta ajena no se relacionan con otros miembros del equipo de trabajo, se suelen crear ciertos lazos de afinidad que muchas veces se confunden con la amistad.

La amistad, constituye una relación de afecto, simpatía y confianza que se establece entre personas que no son familia y que, a veces, son o pueden ser más fuertes que la relación entre miembros de la familia, pues, habitualmente, contamos a los amigos ciertas experiencias, sentimientos o secretos que no nos atrevemos a compartir o comentar a nuestros familiares, incluso a los que forman el núcleo principal, padres o hermanos, o vivimos con ellos ciertas experiencias que crean vínculos tan fuertes que hace que sintamos por ellos una unión especial.

El origen etimológico de la palabra “amistad“ no ha podido ser determinado con exactitud. Hay quienes afirman que proviene del latín amicus (“amigo”), que a su vez derivó de amore (“amar”). Sin embargo, otros estudiosos afirman que amigo es un vocablo griego compuesto por (“sin”) y ego (“yo”), por lo que amigo significaría “sin mi yo”. En todo caso, la amistad es una relación afectiva entre dos personas y una de los vínculos interpersonales más comunes que la mayoría de los seres humanos tienen a lo largo de su vida.

«…  la amistad es una relación afectiva entre dos personas y una de los vínculos interpersonales más comunes que la mayoría de los seres humanos tienen a lo largo de su vida.»

Sin embargo, el vocablo “compañero”, etimológicamente procede del latín ‘cumpanis’ (cum: con panis: pan), cuya traducción literal es ‘con pan’ dándole el  significado de ‘compartiendo el pan’ o ‘los que comparten el pan’‘comer de un mismo pan’, llegando hasta nosotros como ‘compañero’, relativo al hecho de compartir. Posteriormente, este término se ha extrapolado al mundo de la empresa. En este sentido, los anglosajones prefieren llamar compañías a las empresas (Company), aunque también puede trasladarse a otras actividades, como al deporte, la política, en este último caso como sinónimo de “camarada”, a la escuela en su sentido amplio, es decir, como lugar de aprendizaje transpolable a relaciones académicas, en general,  etc, etc, etc.

Un compañero no deja de ser más que una persona que comparte con otra u otras ciertas actividades, y nada más. Evidentemente, estas relaciones entre compañeros en algunos casos y en relación a un número muy reducido de los que trabajan en el mismo ámbito laboral puede desembocar en una relación de amistad. Ahora bien, el que podamos tener más afinidad con unos compañeros que con otros no significa que debamos tratarlos como amigos, debe existir una barrera infranqueable, una línea divisoria entre ambos conceptos, habida cuenta que al confiar ciertos “secretos” o cuestiones personales a un compañero hace que podamos correr el riesgo que no estén a buen recaudo.

«Un compañero no deja de ser más que una persona que comparte con otra u otras ciertas actividades, y nada más.(…).el que podamos tener más afinidad con unos compañeros que con otros, no significa que debamos tratarlos como amigos, debe existir una barrera infranqueable, una línea divisoria entre ambos conceptos…»

Hay un dicho que refleja de una manera bastante clara el concepto de amistad: “para ser amigo primero tenemos que comer un kilo de sal juntos”, lo que trasladado a la vida real no significa otra cosa que la relación de amistad no se forja de un día para otro, salvo excepciones, sino que son unos lazos que con el transcurso del tiempo, si se trata de una verdadera amistad, cada vez se van haciendo más fuertes, evidenciando el origen etimológico antes expuesto de “amor”, entendido este amor como un amor fraternal, simbolizando con ello que un amigo puede ser más que un hermano o, al menos, equivalente a la relación de afecto y cariño que tenemos a nuestros hermanos de sangre, incluso, como hemos dicho antes, superior.

Somos nosotros quienes debemos trazar dicha línea entre amistad y compañerismo y, aunque resulte muy pragmático, poner a prueba a nuestros compañeros más afines para ver si realmente responde a la lealtad que se presume entre amigos.

Debemos recordar que en la empresa o en el trabajo existen unos elementos que hay que tener en cuenta y que pueden influir en la relación de compañero-amigos, como, por ejemplo, la existencia de una relación de subordinación o jerarquía, que implica que puedan existir cierta confrontación o juego de intereses contrapuestos, o la  promoción profesional, que exige una relación de competitividad entre compañeros por alcanzar un ascenso; lo cual bien administrado no tendría que causar problemas, sin embargo, todos sabemos que las relaciones humanas no son tan puras y claras como puede dictarnos nuestro corazón, pudiendo suceder que en las relaciones laborales ciertos secretillos compartidos pueden ser utilizados en nuestra contra, y no digamos si el compañero en el que hemos confiado viene a ser el típico “trepa”, que no sólo no hace bien su trabajo, sino que, además, disfruta dejando en evidencia al resto delante del jefe para colgarse él o ella las medallas.

En este sentido, la Organización Mundial de la Salud considera que una mala organización del trabajo, es decir, el modo en que se definen los puestos y sistemas de trabajo, y la manera en que se gestionan, puede provocar estrés laboral. En organizaciones con estructuras piramidales, suele aparecer un sujeto dañino para el que el lugar de trabajo se convierte en un lugar para competir y zancadillear al contrario (desconoce la palabra compañero), y conseguir destacar a base de codazos y de hundir al resto. Esto, al margen del moobing o acoso laborar que en relación a un compañero hace que pueda originarse una confrontación con el resto de compañeros al obligarlos en tomar posición a favor del compañero acosado o del acosador, normalmente un superior jerárquico, inclinándose en la mayoría de los casos la balanza a favor de este último por miedo a que pueda hacer con nosotros lo mismo.

En definitiva, está en nuestras manos valorar adecuadamente el término amistad, no en el sentido de desconfiar de las personas a las que tenemos cerca, sino en el sentido de valorar adecuadamente nuestra propia persona, no confiándola a quien no se lo merece y mantiene una reciprocidad con nosotros en cuanto elementos que definen la amistad, como son la lealtad, la confianza y, fundamentalmente un amor quasi fraternal.

Tenemos que ser consciente que nuestra vida vale tanto que la debemos guardar en un cofre lo suficientemente infranqueable vigilado para que nuestros secretos, actitudes, vivencias y/o experiencias, las compartamos con los que son realmente amigos, así no nos llevaremos las decepciones que en muchas ocasiones nos llevamos con personas a las que creíamos amigos y nos han salido ranas. En definitiva precaución y mesura.

 
 
 
 

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