LA CONSTRUCCIÓN DE LA REALIDAD

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En el vasto espectro de la psicología y la filosofía, los arquetipos han sido una constante fuente de fascinación y debate. Desde las obras de Carl Gustav Jung hasta las narrativas mitológicas antiguas, los arquetipos han persistido como elementos fundamentales que moldean nuestra comprensión del mundo y de nosotros mismos. En este artículo, exploraremos la naturaleza de los arquetipos y cómo los utilizamos para construir nuestra propia realidad. Ante todo, aclaremos dos conceptos que entrañan ambos la acción a realizar:

La diferencia entre “ver” y “percibir” radica en la profundidad y el alcance de la experiencia sensorial y cognitiva involucrada en cada uno de estos procesos. Aquí hay algunas distinciones clave entre ambos conceptos:

  1. Ver:
    • Ver se refiere a la acción física de utilizar los ojos para captar la luz y las formas del entorno.
    • Es un proceso principalmente sensorial y físico.
    • Implica la capacidad de detectar la presencia de objetos, formas o colores en el campo visual.
    • Puede ser un proceso pasivo y superficial, sin necesariamente involucrar una comprensión profunda o análisis cognitivo de lo que se está viendo.
    • Ejemplos de ver incluyen mirar un paisaje, observar el movimiento de las personas en una multitud o notar la presencia de un objeto en una habitación.
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2. Percibir:

  • Percibir implica un proceso más complejo que va más allá de la mera acción de ver.
  • La percepción involucra la interpretación y el procesamiento cognitivo de la información sensorial recibida.
  • Incluye la integración de información visual con otros sentidos, así como la aplicación de experiencias pasadas, emociones y conocimientos previos para dar sentido a lo que se está experimentando.
  • La percepción implica una comprensión más profunda y significativa de la experiencia sensorial, y puede llevar a una mayor conciencia y comprensión del entorno.
  • Ejemplos de percepción incluyen reconocer las emociones en las expresiones faciales de las personas, entender el significado simbólico de un objeto o captar el ambiente general de una situación.

En resumen, mientras que ver se refiere a la acción física de recibir información visual a través de los ojos, percibir implica un proceso más complejo que involucra interpretación, comprensión y contextualización de esa información en un nivel cognitivo más profundo. La percepción es fundamental para nuestra comprensión del mundo que nos rodea y nos permite interactuar de manera más significativa con nuestro entorno.

Dicho en otras palabras, nuestro cerebro capta el mundo exterior a través de los estímulos que recibe gracias a nuestros cinco sentidos en base a magnitudes físicas contextualizadas en un sistema tetradimensional, o lo que es lo mismo, en un sistema físico determinado por tres dimensiones espaciales y una temporal. Dicha estimulación así captada es transformada a través de nuestro órgano rector cerebral en impulsos nerviosos, comenzando así la magia en ese mismo momento, ya que dichos impulsos nerviosos se transforman en pensamientos, recuerdos, imágenes y emociones y, como no, también en símbolos.

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¿Qué son los Arquetipos?

Los arquetipos son patrones universales y simbólicos que residen en el inconsciente colectivo de la humanidad. Son modelos básicos de comportamiento, emociones y motivaciones que se manifiestan repetidamente en mitos, cuentos de hadas, religiones y sueños a lo largo de las culturas y las épocas. Carl Jung, el renombrado psicólogo suizo, introdujo este concepto y lo consideró una parte integral de la psique humana.

Los arquetipos son como “imágenes primordiales” que influyen en cómo percibimos y respondemos al mundo que nos rodea. Son los bloques de construcción de nuestras narrativas personales y colectivas, informando nuestros valores, creencias y aspiraciones. Al reconocer y comprender los arquetipos, podemos obtener una mayor claridad sobre nosotros mismos y sobre los demás.

Cada individuo tiende a identificarse con ciertos arquetipos más que con otros, lo que influye en la forma en que perciben y actúan en el mundo. Por ejemplo, alguien que se identifica fuertemente con el arquetipo del Héroe puede buscar constantemente desafíos y aventuras, mientras que otro que se identifica con el Sabio puede buscar el conocimiento y la comprensión en todas las situaciones.

Al reconocer nuestros propios arquetipos dominantes, podemos entender mejor nuestras motivaciones, fortalezas y debilidades. También nos permite examinar cómo estos arquetipos afectan nuestras relaciones y nuestras elecciones en la vida.

La Interpretación de los Arquetipos

La interpretación de los arquetipos es inherentemente subjetiva y personal. Lo que puede ser significativo para una persona puede tener un significado completamente diferente para otra. Sin embargo, hay ciertos arquetipos que son comunes en muchas culturas y que se han estudiado extensamente en psicología analítica.

Algunos de los arquetipos más conocidos incluyen:

  1. El Héroe: Representa el coraje, la determinación y el sacrificio. El héroe enfrenta desafíos y adversidades para alcanzar un objetivo noble.
  2. El Sabio: Encarna la sabiduría, la introspección y el conocimiento. El sabio busca la verdad y la comprensión en todas las cosas.
  3. La Madre: Simboliza la nutrición, el cuidado y el amor incondicional. La madre proporciona consuelo y apoyo a los demás.
  4. El Niño: Representa la inocencia, la creatividad y la esperanza. El niño vive en el momento presente y encuentra maravilla en el mundo que lo rodea.

Estos son solo algunos ejemplos, pero hay muchos más arquetipos que influyen en nuestra percepción y comportamiento.

Aplicando los Arquetipos en la Vida Cotidiana

El reconocimiento de los arquetipos puede ser una herramienta poderosa para el crecimiento personal y la autoexploración. Al reflexionar sobre qué arquetipos nos resuenan más, podemos ganar una mayor comprensión de nosotros mismos y de nuestras relaciones.

Por ejemplo, si nos encontramos constantemente asumiendo el papel de “el cuidador” en nuestras interacciones con los demás, podríamos reflexionar sobre cómo esto afecta nuestra propia necesidad de cuidado y atención. Del mismo modo, si nos identificamos fuertemente con el arquetipo del “buscador de aventuras”, podríamos explorar cómo esto influye en nuestra disposición para asumir riesgos y buscar nuevas experiencias.

Además, al reconocer los arquetipos en los demás, podemos mejorar nuestra empatía y comprensión hacia ellos. Al comprender las motivaciones y las dinámicas subyacentes que impulsan el comportamiento de los demás, podemos fortalecer nuestras relaciones y fomentar una mayor armonía y conexión.

Conclusiones

Los arquetipos son herramientas poderosas que utilizamos para dar forma a nuestra realidad personal. Actúan como lentes a través de los cuales interpretamos el mundo y a nosotros mismos. Al reconocer y comprender estos arquetipos, podemos ganar una mayor claridad sobre nuestras propias motivaciones y relaciones, y cultivar una mayor autoconciencia y crecimiento personal. En última instancia, al abrazar la diversidad de arquetipos que residen dentro de nosotros, podemos enriquecer nuestra experiencia humana y encontrar un mayor sentido y propósito en nuestras vidas.

Relacionar los arquetipos con la dimensión espacio-tiempo nos lleva a una reflexión fascinante sobre cómo percibimos y experimentamos la realidad en un contexto más amplio. La dimensión espacio-tiempo, según la teoría de la relatividad de Einstein, sugiere que el tiempo y el espacio son entidades interconectadas y que el tiempo no es una entidad independiente, sino que está intrínsecamente ligado al espacio en una sola entidad: el espacio-tiempo. Entonces, ¿cómo podemos relacionar esto con los arquetipos?

Arquetipos como Constructores de la Realidad Espacio-Temporal

Los arquetipos, al ser elementos fundamentales de nuestra psique y de cómo percibimos y construimos nuestra realidad, también pueden influir en cómo experimentamos el tiempo y el espacio. Por ejemplo, el arquetipo del Héroe, con su enfoque en desafiar obstáculos y superar adversidades, podría influir en cómo percibimos el tiempo, impulsándonos a vivir en el presente y a tomar acciones decisivas para alcanzar nuestros objetivos. De manera similar, el arquetipo del Sabio, con su búsqueda de la sabiduría y la comprensión, podría llevarnos a contemplar el tiempo de manera más profunda, viéndolo como una herramienta para el aprendizaje y el crecimiento personal.

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Arquetipos y Experiencia Subjetiva del Tiempo

La experiencia del tiempo es subjetiva y puede variar según nuestra percepción y estado mental. Los arquetipos que dominan nuestra psique pueden influir en cómo experimentamos el tiempo. Por ejemplo, alguien que se identifica fuertemente con el arquetipo del Niño, con su sentido de asombro y maravilla por el mundo, podría percibir el tiempo de manera más fluida y elástica, como si estuviera constantemente viviendo en el presente. Por otro lado, alguien que se identifica con el arquetipo del Anciano, con su enfoque en la sabiduría y la reflexión, podría tener una percepción del tiempo más lineal y retrospectiva, viendo su vida como una secuencia de eventos significativos.

Arquetipos y la Interconexión Espacio-Tiempo

Al considerar cómo los arquetipos influyen en nuestra percepción del espacio y el tiempo, también podemos explorar cómo estos conceptos están intrínsecamente entrelazados en nuestra experiencia humana. Los arquetipos, al influir en cómo percibimos y actuamos en el mundo, pueden afectar nuestra relación con el espacio-tiempo. Por ejemplo, el arquetipo del Viajero, con su búsqueda de aventuras y nuevos horizontes, podría llevarnos a explorar y expandir nuestra comprensión del espacio-tiempo, buscando constantemente nuevas experiencias y perspectivas.

En resumen, los arquetipos no solo son elementos fundamentales de nuestra psique y nuestra realidad personal, sino que también pueden influir en cómo experimentamos y comprendemos la dimensión espacio-tiempo. Al reconocer y comprender la interconexión entre los arquetipos y la dimensión espacio-tiempo, podemos ganar una mayor comprensión de nosotros mismos y del mundo que nos rodea, y cultivar una mayor armonía y conexión con la realidad en su totalidad.

 

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