DEL DUELO AL OLÉ, OLÉ Y VICEVERSA

#EnCasaconPlazabierta

De una manera muy acertada mi querido amigo y colega en este medio, Rafael López, viene escribiendo una serie de artículos bajo el título “miserias humanas” sacando a la luz lo que nadie quiere oír en relación a este enemigo público invisible y su repercusión en la sociedad, mortal en muchos casos, próximo en el momento actual en nuestro país a los 17.000 fallecidos que, sin duda y ante la progresión de la pandemia seguramente sobrepase con creces los 20.000, según los expertos, sería para que todos empezásemos a pensar en algo más que en los aplausos y en la fiesta a las 8 de la tarde que, sin duda no vienen mal para aliviar los efectos del confinamiento, pero que, olvidando a las víctimas se convierte en una frivolidad, una falta de compasión ante la desgracia ajena que, en cualquier momento  puede llamar a nuestra puerta.

© Ángela Zapatero

Por ello, la primera pregunta que me hago es dónde está nuestra manifestación pública de dolor, dónde están esos crespones negros que tanto hemos exhibido en banderas patriotas cuando el terrorismo, una catástrofe natural o una  situación de desventura se ha llevado a personas por delante. Lo cual únicamente puede ser, o bien una manifestación de huida ante la cruda realidad que estamos viviendo, o una falta de compasión ante esas más de 16.000 familias cuyo sufrimiento debe ser inconmensurable, sobre todo ante la falta de respuesta al porqué de una muerte por un virus que no era del todo desconocido. Estoy seguro, que es por la primera, al igual que también lo estoy que cada uno manifiesta el dolor de una manera.

El coronavirus, que científicamente se conoce como Orthocoronavirinae, no es nuevo. Sus ancestros se remontan al siglo IX a.C. y han sido varios los brotes que han ido surgiendo a lo largo de la historia.

 En humanos fue detectado por primera vez en los años 60, concretamente en las cavidades nasales y desde entonces han sido identificados seis nuevos miembros de esta familia, siendo el último el 2019-nCoV o coronavirus con más de 104.000 muertos y 1,7 millones de personas contagiadas en todo el mundo, al día de hoy. ¿Qué ha fallado para no poder contener esta pandemia?, ¿Por qué nadie habla de la falta de diligencia por parte de las autoridades sanitarias, internaciones y nacionales, de los gobernantes en general?, ¿realmente procede de una mutación natural o de una manipulación en laboratorio?.

Desde luego que ya llegará el momento de exigir responsabilidades, porque las hay, en principio ante una falta de respuesta frente el comunicado que tanto la Organización Mundial de la Salud (OMS) como la Organización Mundial del Turismo (OMT) hiciesen a mediados del pasado febrero, respecto a la responsabilidad y a la coordinación.

El comunicado recuerda que el pasado día 30 de enero, el director general de la OMS declaró el brote de COVID-19 como emergencia para la salud pública de importancia internacional y promulgó un conjunto de recomendaciones, aunque entre ellas no se recogía ninguna restricción a los viajes o al comercio, basándose en la información disponible en el momento. Parece ser que se quiso dar más importancia a la economía que a las vidas de las personas, a un sistema capitalista que pudre todo lo que toca y que beneficia siempre a los mismos.

Del todo es evidente que la respuesta de los países, la llamada a la responsabilidad no ha sido la adecuada, no sólo por mantener abiertas las fronteras al tránsito de personas provenientes de lugares donde el virus había afectando a una parte importante de su población y que, en España, además, ante la falta de medios sanitarios tanto para hacer frente a los síntomas de la enfermedad como para prevención, incluida la  de los propios sanitarios, es causa efecto de una sanidad pública esquilmad por los turbios recortes del Partido Popular favoreciendo la sanidad privada, que en vez de aplicarse a los execrables negocios que todos hemos venido conociendo por las condenas de los tribuales de justicia, por los actos delictivos de renombrados políticos pertenecientes a sus filas, o en inversiones en infraestructuras y servicios que nunca han llegado a ponerse en marcha. Menos mal que ahora la Ciudad de la Justicia de Madrid esta sirviendo para algo, aunque sea de morgue para acoger la cantidad ingente de fallecidos, quizá consecuencia directa  de la citada falta de medios propiciada por su inútiles a la vez que insaciables gestores de riqueza y poder.

Ese mismo partido que ahora, junto a la extrema derecha de Vox, lo que les convierten en lo mismo, sacan pecho ante la ineficaz actuación de un gobierno que se ve superado, primero por la referida falta de medios, así como por la  falta de protocolos claros, al menos en un inicio, tanto para informar como para suministrar medios a  la población para  su prevención como en relación a las actuaciones a seguir por los propios sanitarios ante el colapso absoluto de hospitales, o en relación a las residencias de ancianos, tanto públicas como privadas, afectando de forma masiva a los ancianos que acogen, los más vulnerables.

Me asquea sobremanera que, en estos momentos de esta gran tragedia se habla de derechas y de izquierdas, los unos atacando a los otros y los otros atacando a los unos, tanto por parte de determinados políticos que sin escrúpulos quieren sacar rentabilidad política a costa de las víctimas y del sufrimiento, como por parte de determinados ciudadanos que tendrían que ir cuando todo vuelva a la normalidad, si es que algún día vuelve, al menos no como antes, al oftalmólogo para que les cure el estrabismo que tienen en alguno de sus ojos; cuando ambos, tanto unos como otros, tienen mucho que callar ante tanta miseria, arrogancia e ineficacia. Miseria por la corrupción que todavía arrastran e ineficacia, ante lo evidente.

Aunque también no me deja impasible la respuesta que la ciudadanía estamos teniendo aplaudiendo a quienes en su momento dejamos solos en aquellas mareas blancas pidiendo luchar contra los recortes, o ante la petición de nuestros jóvenes de trabajo que han tenido que buscar en el extranjero, con la consiguiente fuga de talentos que tanto ahora necesitamos.  Dando ejemplo muchos profesionales de la sanidad que fueron despedidos por los recortes sanitarios y que ahora están colaborando como voluntarios por y para la cura de los contagiados.

Sigamos con la fiesta de las ocho de la tarde, no caigamos en una depresión por nuestro encierro, y menos recordando a los fallecidos, no siendo que luego alguien me llame aguafiesta. Sólo tengamos memoria, sino queremos caer en los mismos errores y que, al final, todo esto nos sirva para hacernos mejores.

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