Pues al final, y como yo ya me temía desde el primer momento, estamos entre Guatepeor, y Guatevayaustedasaber, más en esta última que en cualquiera de las otras. Desde luego de lo que no hay atisbos es de una Guatemejor. Ni atisbos, ni, me parece a mí, excesivas esperanzas.

Pero, como en toda buena exposición, vayamos por partes, y empecemos por el principio, al menos por el principio de la parte que nos interesa, el golpe de efecto de Trump, el raid que las fuerzas especiales, una de ellas, los Delta Force, del país americano llevaron a efecto en Venezuela, secuestrando a Nicolás Maduro, y esposa, al parecer, militante ejecutiva, y lo de ejecutiva va con segundas, y terceras, de la revolución chavo-madurista.
Es difícil, sin duda, elegir de entre dos desgracias cual es la más conveniente, así que puestos en la situación no nos queda otra opción que recurrir a otros factores que no sean la desgracia en sí misma. Y eso es lo que está pasando en Venezuela. Hay que elegir entre un dictadorzuelo de vía estrecha y valor poco probado, y un ultraliberal totalitario, de otro país, con actitudes matonistas, sin filtros, sin moral, ni límites conocidos.
Si me fío de mis amigos venezolanos, y creo que son de los únicos de los que puedo fiarme, porque son los únicos con derecho a opinar lo que quieren para su propio país, deshacerse del malo conocido es un paso que alivia la situación que ellos estaban viviendo en el exilio, la mayoría, o en el propio país, aunque no puedo olvidarme de que seguramente habrá venezolanos que opinen lo contrario, y ahí empiezan los problemas. Seguramente la solución sería consultar a los venezolanos mediante unas elecciones libres y garantistas, pero tampoco, en ese caso, tenemos constancia de que todos los sectores del país aceptaran de buen grado los resultados, y señalo directamente a los militares.
Así que, efectivamente, nos hemos desprendido de un dictador que había decidido perpetuarse en el poder, incluso creando, al estilo de Corea del Norte, una dinastía para la que ya tenía delfín preparado, pero ahora el que manda de verdad es un autócrata, con aires de matón, y que se siente con derecho divino (está convencido) a decidir sobre el destino del mundo mundial. Y aquí es donde el refranero se queda escaso, porque, para mí, no vale más lo malo conocido, que lo bueno por conocer, pero tampoco vale más, al menos de momento, ese supuesto bueno por conocer.
Parece ser que la opción democrática real sigue sin estar al alcance de los venezolanos. Es más, si nos ponemos dramáticos, la democracia real ya prácticamente no está al alcance de ninguna nación del mundo, sumido en frentismos, populismos y ambiciones no confesadas de todo signo y tendencia. Ni los populismos de izquierdas, de los que Maduro era un patético representante, pero que también tenemos en Europa, y sin mirar muy lejos, ni los populismos de derechas, en pleno auge en todos los continentes, Trump, Meloni, Bolsonaro, Abascal…, serán nunca una respuesta válida y deseable para el bien de los ciudadanos del mundo. Ni un fantoche, ni un amoral pueden representar las aspiraciones de progreso, equidad y libertad que deberían de guiarnos.
Yo le deseo, de corazón, a los venezolanos lo mejor para su futuro, entre otras cosas porque ese futuro tiene mucha relación con el futuro de todo el resto del mundo. Nos jugamos ser los peones de un emperador de tres al cuarto, de un iluminado con ínfulas de salvador, que pretende decirnos en qué consiste nuestra salvación. Y no, aunque el retrato puede apuntar a Donald Trump directamente, no sería mucho más positivo estar en la esfera de poder de Putin, o de Xi Jinping. Tres tiranos para gobernar el mundo, y una sola idea que los gobierna a todos, el poder, la megalomanía, la amoralidad del dictador.
Me contaba mi amiga Mar, venezolana, residente en España, periodista, la triste historia de Venezuela y su independencia, marcada por el petróleo y las ambiciones de las potencias que sistemáticamente se han apropiado de un bien que solo debería corresponder a los venezolanos, pero que siempre ha estado en manos extranjeras, y que ha supuesto la pobreza en los habitantes de un “El Dorado” de los combustibles fósiles, y acababa su recorrido histórico con una reflexión que ella consideraba esperanzadora, pero que a mí me resultó resignada, casi derrotista. “Y ahora vuelven los americanos, que ya sabemos cómo funcionan. Explotarán el petróleo, y se llevarán el importe, pero un 20% volverá en inversiones en Venezuela que permitirá compartir la riqueza, y prosperar a las empresas nacionales, y eso es mejor que lo que hemos tenido estos años, en los que todo el petróleo se usaba para pagar armas a los chinos y se les regalaba a los cubanos a cambio de supuestos servicios, y no se invertía nada en las instalaciones”
Yo no estoy en Venezuela, no soy venezolano, ni conozco otra cosa que lo que mis amigos venezolanos me cuentan, pero ese relato coincide bastante con la situación que se percibe desde fuera.
No sé cuáles son los planes de Trump, ni siquiera estoy seguro de que Trump conozca los planes de Trump para Venezuela, pero sí sé que no me gusta lo que dice, lo que hace, lo que parece pensar, aunque Maduro me gustara aún mucho menos, pero todo me hace indicar que la democracia a la que yo aspiro, en Venezuela ahora, en el mundo por ende, está en entredicho, en retroceso, en peligro de extinción.
Con una izquierda populista, amoral, y desconectada de las necesidades reales de la gente, y una derecha exacerbada, amoral, populista, ultracapitalista, enfrentadas ambas en una lucha ideológica que ignora las ansias y aspiraciones de la ciudadanía, para instalarse en una lucha de predominio de sus ideas a pesar de lo que realmente sea conveniente y suponga progreso, el mundo no parece seguir un camino bastante poco edificante.
Yo tengo unas cuantas efemérides marcadas en rojo en mi agenda de “Que futuro nos espera”:
- Muerte de Putin
- Relevo en la dirección del PC chino de XI Jinping
- Elecciones en los EEUU de Norte América.
El futuro del mundo depende de esos tres hitos, y espero con temor el más inminente y predecible, el tercero. Si Trump decide presentarse a las elecciones, lo que sería legalmente cuestionable, y las gana… podríamos anticipar que estaríamos en una Guatedesastre a nivel mundial.




