Una profesora me dijo hace años que mis textos viraban siempre entre el sexo y la muerte. Ahora, pensando en ello, me doy cuenta de que su apreciación no tenía sentido, ¿hay algo que importe más que la vida y su ausencia?

Últimamente escribo más panegíricos póstumos que fantasías carnales. Serán los años que quitan de un lado y ponen en el otro para que uno se vaya acostumbrando, no lo sé, pero no me gusta nada esta certeza de que por H o por B, se me están gastando las personas que me hacen reír, también eso me lleva a que hay que gozar a las que quedan, ya sea con el cuerpo o con el alma, o mejor si es con los dos.
Yo no soy de risa fácil, puede que, de sonrisa en la boca o en la mirada, pero no de carcajada ni de desternillarme. Por eso puedo enumerar en orden alfabético, y sin dejarme a nadie, a todo aquel que ha conseguido que me duela la tripa de alegría, aun en los peores tiempos.
En estos casos, cuando fallece un ser querido o se larga para no volver, lo que a mí me queda es la triste sensación de no haber dado las gracias lo suficiente, y ese maldito no saber si podría haber hecho algo más o mejor.
Hoy no estoy muy lúcida, tengo un batiburrillo en la cabeza, me cuesta poner en palabras tantas imágenes que llevan dos días flotando por dentro. Tengo una sensación de resaca fangosa entre el no creer y no querer hacerlo, y aunque resulte extraño, he sonreído más en estas horas que en muchos meses.
Si alguien de los que te conocen, leen esto, sé que estarán de acuerdo, cada uno con sus motivos, en que eras y serás siempre un hombre tremendamente divertido, te nos has marchado de repente sin que ninguno hayamos conocido cómo sonaban tus quejíos.
No sé por dónde empezar, si por todo lo que te agradezco, por lo que me has enseñado o por lo que te voy a echar de menos. Al final es un combinado, un tres en uno, una cosa que lleva a la otra.
Gracias a ti y a los demás (queden dadas de paso) nunca me sentí una compañera, sino uno más. Me enseñaste, sin querer, que no se llora, que hay que disfrutar de todo hasta el vómito (literal), el significado de la palabra “bastinazo” y que las tarteras sirven para llevar la comida al trabajo y devolverlas a casa llenas de todo lo sobrante.
También que Camilo Sesto nunca pasará de moda y que en tu voz sonaba mejor eso de: “Al partir un beso y una flor…” que en la del ínclito Nino Bravo, como si hubieras querido prepararnos para lo que había de llegar. Han sido tantas cosas… entre otras muchas que el modo avión no es una opción del teléfono móvil sino una mano hacia arriba, encima de un mostrador.
Siempre bien afeitado y con los zapatos limpios, un tipo de orden, buen compañero y un magnifico escribidor, con el acento en el lugar correcto; seguro que, si leyeras esto, encontrarías la falta escondida y la coma que falta.
Entre lo que voy a echar de menos, que es todo, me apena ya no ser “Caroli” de nadie ni volver a habitar la alegría en el jardín donde mi madre querría que fuese.
Las anécdotas siguen llegando en cada letra que tecleo, podría seguir contando, pero ni quiero ni debo, los que te queremos sabemos de casi todo lo que hablo y los que no tuvieron la fortuna de conocerte se están enterando apenas de nada.
Vuela alto, Superman, allá donde estés no dejes de bailar ni cantar, espero que tengan preparada barra libre de cervezas y fuets para reponerte del viaje y allí, cuando sea, en cualquier momento, volveremos a encontrarnos.




