VIVIR ENFADADOS

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Dadas las limitaciones legales y éticas de la civilización moderna, es extremadamente improbable que cuando te enojes vayas a matar o agredir físicamente a tu jefe o a otros seres humanos que te sacan de quicio.

Imagen: lamenteesmaravillosa.com

Es difícil no sucumbir a los enojos. Sentirse impotente ante lo que parece injusto provoca buscar una solución para encontrar el equilibrio.

Casi nunca se resuelve el problema que lo originó. Esta reacción es contraproducente porque actuar en base a un enojo debe cumplir con dos criterios, sin los cuales es francamente imposible. Es decir, tu ira debe: dirigirse hacia una persona que se ha comportado intencionalmente (e innecesariamente) de una manera hiriente hacia ti; y ser beneficioso o ventajoso para lograr una meta deseada.

Así que busquemos una alternativa para no abandonar el buen juicio y no ceder a la tentación de la ira. Existe una que debería neutralizarla en segundos. Si se está realmente enojado, en minutos. Significará superar más resistencias inconscientes de las que jamás hubiéramos imaginado.

Podemos volver a una apariencia de control cuando, en nuestra frustración momentánea, de repente nos sentimos fuera de control.

Imagen: planeandoserpadres.com

La técnica de doble R para el control de la ira, puede ayudarnos:

1) RELAJARSE

Dado que la ira es la emoción que prepara todo su cuerpo para la lucha (frente a la huida inspirada por el miedo), debe encontrar una manera de descargar esta «energía de lucha» no productiva antes de hacer cualquier otra cosa. En términos generales, toda ira es una reacción a alguna amenaza percibida, por lo que, naturalmente, sirve como señal evolutiva del cuerpo para prepararse para el combate. De modo que la ira afecta a nuestro pensamiento con tanta fuerza como a nuestro cuerpo.

Una vez que la emoción nos supera y hemos perdido la capacidad de evaluar objetivamente la situación, es muy probable nuestro ataque, por lo menos verbal. En este punto, el pensamiento ya no está impulsado por la neocorteza racional más evolucionada (o «nuevo cerebro»), sino por el cerebro medio mucho más primitivo, orientado a la supervivencia y simplista (¡“Yo tengo razón, estás equivocado!). Es un estado mental infantil y regresivo que anhela venganza. Venganza instantánea.

El paso inicial de este protocolo de dos pasos es calmar el cuerpo alterado. Solo entonces podremos concentrarnos en el segundo paso para calmar nuestra mente trastornada.

Con suerte, ya habremos descubierto una manera de relajarnos: respiración profunda, rítmica y diafragmática; alguna forma de meditación; escuchar música tranquilizante; visualización o imaginería guiada; yoga; o cualquiera de las muchas otras técnicas. Es esencial aprender una y poner en juego la mayor cantidad de sentidos posible. Porque nuestro cuerpo realmente no puede diferenciar entre lo que es real y lo que está bien imaginado.

Y si, finalmente, no podemos relajarnos con ninguno de los métodos disponibles para «tranquilizar el cuerpo», podemos intentar hacer ejercicio vigoroso para liberar (de manera no violenta) la tensión física.

Imagen: dbturuguay.com.uy
  1. VOLVER A EVALUAR

Desde una perspectiva diferente y más positiva. Alterar la perspectiva y la emoción ligada a ella también debe cambiar.

¿Cuál es la evidencia concreta de que alguien intencionalmente quisiera antagonizarme, herirme o humillarme? ¿Puedo ver esta situación desde el punto de vista de la otra persona (es decir, tratar de comprender sus motivos de manera más empática)?

Probablemente podría enumerar otras 50 ¡o 500! preguntas para hacernos cuando nuestros botones de vulnerabilidad están siendo presionados.

Dado que nuestro enfado no provino de la situación en sí, sino del significado negativo, la interpretación o la evaluación que le atribuimos, una evaluación más sensata y «mesurada» ayudará a eliminarlo.

Los eventos externos son solo eso, algo externo a nosotros; la emoción «bélica» es algo que se crea en nuestra propia mente.

Una buena estrategia para manejar la ira

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