VIVA LA ANARQUÍA

 

 

Nunca me han gustado mucho las normas. Recuerdo que en mi juventud siempre decía que aquellas estaban hechas para incumplirlas, con el tiempo de das cuentas que las normas son necesarias y, no sólo estas, sino, por desgracia el castigo por incumplirlas.

El «contrato social» de Thomas Hobbes  como un convenio o pacto social necesario para que los derechos naturales pervivan en nuestra relación con el resto de seres humanos, sacrificando parte de los mismos para hacer posible la convivencia social, es una manifestación de que  “El hombre es el lobo del hombre”, Homo homini lupus, a diferencia del lobo que es gregario protegiendo a su manada, el hombre es segregario, tiende a romper, a imponer sus normas, sólo hay que ver  los horrores de los que ha sido capaz la humanidad para consigo misma, de ahí la necesidad de las Normas.

La imagen de la justicia siempre se ha presentado como una mujer, más reflexiva que el hombre, que tiene los ojos tapados con una venda, en su brazo izquierdo la balanza y en el derecho una espada, cuya lectura para los que nunca se hayan percatado de esta imagen, reflexionado o leído sobre ella, es porque, por una parte que la justicia debe ser imparcial en sus juicios de ahí sus ojos tapados, la balanza representa la medida de la justicia inclinándose a favor de quien cumple las normas y, la espada, como representación de la fuerza coercitiva de la Norma, por aquello que “la norma sin espada no es más que palabra”.

Muchas veces, creo que al igual que la mayoría de los mortales, nos hemos preguntado por el sistema político perfecto y, la respuesta, según la experiencia social a los largo de la historia es, ninguno, ni siquiera la tan ensalzada y reverenciada democracia. Bueno, sí, hay uno que, por utópico, no es materializable porque supone una progresión del ser humano imposible como es el autogobierno, la anarquía, que representa la ausencia total de estructura gubernamental en un Estado, imposible por el carácter segregario del hombre al que he hecho mención antes.

Si tuviese que definirme como ser político, diría que en mis principios soy una anarquista o una ácrata recalcitrante, sin color e ideario político, con pensamientos contradictorios que torturan mi existencia, creo que un poco esquizofrénica como lo es la sociedad en general, imperfecta sobre todo, aunque intentando ser lo más coherente posible con mis ideas, que no ideologías. Esto hace que no entiendo a aquellos de mis semejantes que se mantienen siempre en el mismo sitió, como petrificados, porque creo en la evolución del ser humano, de sus pensamientos, de sus creencias, fruto de la reflexión y el estudio continuo.

«… en mis principios soy un anarquista recalcitrante, sin color e ideario político, con pensamientos contradictorios que torturan mi existencia, creo que un poco esquizofrénico como lo es la sociedad en general, imperfecto sobre todo….»

Las normas se hacen necesarias al igual que quienes aplican esas normas, los que someten a juicio a quienes no las cumplen como forma de mantener el orden social. Desde la policía que detiene a los infractores hasta los jueces que los juzgan, elementos imprescindibles en cualquier sociedad, continuamente cuestionados por conductas aisladas que suponen, en ocasiones, un abuso de autoridad, motivo por el cual también deben ser controlados, juzgados y castigados, pero sin entrar en el histerismo que se entra cuando son ellos los infractores de la norma, descalificando a todo un gremio o profesión, dentro de los cuales hay excelentes profesionales y servidores públicos y, sin olvidarnos, que ellos aplican las normas, que no las hacen.

Necesitamos sosiego social, necesitamos calmar nuestros ánimos, evitando la confrontación, el querer quedar por encima de los demás. Es difícil, máxime cuando son nuestros representes políticos los que en vez de dar ejemplo fomentan el enfrentamiento, el insulto, la descalificación de su opositor, convirtiéndolo en su enemigo en vez de verlo como una persona que piensa de forma diferente.

Pongamos todo nuestro esfuerzo para quitar la careta a todos esos elementos sociales que poco a poco van sembrando cizaña, lobos con piel de cordero, tontos útiles cuyo único fin es medrar al lado de los que ejercen el poder. Seres muy peligrosos porque nunca dan la cara, actúan por detrás, con buenas palabras, para imponer el criterio que su «amo» quiere. No son capaces de pensar por ellos mismos, juzgan continuamente en la sombra para no ser cazados, estando más pendientes de la conducta negativa de los demás que de las suya propia, nunca hacen autocrítica, son fanáticos y totalitaristas porque se creen en la posesión de la verdad.

Cuidémonos también de aquellos que ejercen el “buenismo”, los que quieren quedar bien con todo el mundo, porque son seres turbios, cobardes que retroceden cuando ven un problema en su entorno para no implicarse en él. Son seres insolidarios, egoístas que sólo buscan en los demás la alabanza en vez de la crítica. Son retorcidos en sus manifestaciones diciendo o haciendo las cosas a medias, confundiendo la no implicación social con la buena educación. Suelen ser mentirosos profesionales para no ser cazados en su debilidad humana o en aquellas conductas que saben son reprobables socialmente.

Seamos equilibrados y reflexivos en nuestros juicios, juzguémonos primero a nosotros mismos antes de juzgar a los demás, intentemos progresar como seres sociales, aunque esto es imposible si no evolucionamos interiormente, sino intentamos buscar en nuestro fuero interno todo aquello que nos impide evolucionar o nos mantiene presos de ese primitivismo inicial de quien no quiere pulirse como persona, actuando por impulsos, por imitación de otras conductas, porque están vacíos de razón, de personalidad.

Quizá así poco a poco vayamos evolucionando y consiguiendo que las norma externas no sean tan necesarias ni tan represivas. Mientras tanto no nos quejemos de ellas, blandiendo banderas de libertad a las que se les ponen nombre reivindicativos, siendo agitadas la mayoría de las veces por personas con ideas totalitarias, radicales, no porque ataquen el problema desde la raíz, sino porque atacan a quienes  no piensan como ellos sin ni siquiera escucharlos.

Mientras llegue ese momento, sólo gritaré VIVA LA ANARQUÍA, como un sueño que nunca se hará realidad, porque la perfección humana no existe, aunque sí podemos luchar por ella, aunque nada más sea porque las utopías hacen feliz al ser humano.

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