VIENTO Y PROMESA

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Este poema nace desde la profundidad del alma, cuando un vínculo familiar se ve flagelado injustamente y envuelto en el silencio, la distancia y la densa neblina de lo inexplicable.

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Recuerda que hay amores que no se rompen, aunque el silencio los ahogue. Que existe un tipo de amor —el que nace desde la raíz— que no reclama, no engaña, no se agota… ni siquiera cuando algo —o alguien— perturba, quebranta o distorsiona los lazos más sagrados. Y aunque duela, permanece intacto. Solo espera, sostiene y resiste.

Entre ruinas y cenizas, la vida se quiebra como un viejo roble malherido que pierde sus hojas al viento. Pero el alma guerrera, aunque desgarrada, aprende a sostenerse sobre sus cimientos.

Y se levanta de nuevo, impulsada por sus raíces profundas, tejiendo un nuevo amanecer entre las grietas del tiempo.

Cuando sientas que un suave viento te acaricia
y en voz baja te susurra, escúchalo.
Puede traer los latidos de un corazón
que paciente espera en silencio,
entre raíces perennes y brazos abiertos.

Hay luces que nunca se apagan, aunque nadie las mire.
El amor verdadero no grita, no humilla, no impone…
El amor incondicional respira, fortalece, sostiene,
se mantiene firme a través del tiempo,
en la distancia y la tempestad.

A veces el silencio sabe esperar,
y en su calma, guarda como un tesoro
los abrazos que aún están por llegar.

A veces basta con cerrar los ojos
para sentir en el alma la memoria de una caricia.

Hay vínculos sagrados que no se rompen,
aunque se arqueen como juncos, se desdibujen,
y el tiempo los vuelva difusos.
Donde hay amor auténtico, no hay cadenas,
ni exigencias, ni sombras que apaguen o destruyan.

Solo hay un latido constante, ancestral, de certeza,
una promesa muda que sigue viva, sin requerir nada.

Hay melodías que regresan en los sueños,
como un murmullo dulce, suave, entre los párpados cerrados,
mientras los recuerdos juegan y danzan con las estrellas,

tejiendo una tenue y cálida luz en las noches más caóticas,
oscuras y solitarias.

Pero hay otras músicas que se apagan poco a poco,
cuando una voz ajena y atronadora impone el silencio.
Y aflige ver cómo la libertad se desvanece
en manos de quien usa las palabras
como hoja afilada, segando las alas.

Aun así, en lo invisible resiste y prevalece la historia,
esa que custodia su nobleza intacta,
y que ninguna afrenta logra borrar del todo.

Porque, aunque alguien robe el presente, ignora
que el amor verdadero guarda íntegra
la semilla del retorno.

Y si alguna vez, en medio de la bruma inmisericorde,
algo dentro de ti se estremece sin razón aparente,
siéntelo.
Tal vez sea tu voz ancestral
deslizándose por los entresijos de la memoria,
intentando tocar tu mirada.

No existe nada ni nadie que posea, por sí mismo,
el poder de borrar el linaje de una vida…
ni de arrebatar los recuerdos y la dignidad
que habita orgullosa y serena en tu raíz.

Aun cuando la mentira se vista de “cuidado”,
y la infamia se camufle tras amables palabras,
la verdad se abrirá paso ante la opresión.
Como las aguas desviadas de un río
que regresan embravecidas al origen de su cauce.

El agravio soterrado, la crueldad, la devastación,
la humillación envuelta en perversas e interesadas caricias,
no son amor, aunque pretendan su disfraz.

Desgarra el alma ver cómo lo sagrado es pisoteado
por quien nunca supo —ni quiso— comprender su valor.

Y cuando el alma recuerde quién es,
cuando tu brillo se abra paso entre la difusa niebla,
y los reflejos dorados del espejismo comiencen a desvanecerse,
entonces… ¡Triunfantes! Tu esencia y tu identidad
harán acto de presencia y ocuparán su legítimo lugar.

Encontrarás a los que desafiaron los obstáculos,
a quienes jamás se rindieron ni dejaron de luchar,
de esperar y anhelar tu regreso,
porque un amor tan puro, sin condiciones, es auténtico:
solo se da desde la raíz… y es eterno.

Desde la raíz, con Amor.

Aunque el silencio te envuelva, mi amor te sigue encontrando.

Hay verdades que no necesitan ser gritadas para sostenerlo todo; yo soy simplemente una de ellas.

 

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