UNA REVISIÓN CRÍTICA A LOS OBJETIVOS DEL MILENIO

Los objetivos del milenio se han popularizado en los últimos años. Son un conjunto de propósitos para el desarrollo humano que adoptaron casi 200 países de Naciones Unidas en el año 2000 para alcanzarlos en 2015. Aunque sus intenciones fueran las mejores, quisiera analizarlos, advertir sobre sus peligros y proponer soluciones.

  1. No trata las verdaderas causas de los problemas.

Es una lista de problemas aislados en la que no se menciona causa alguna. La causa de estos es que la economía está orientada al lucro y no a satisfacer las necesidades. El objetivo de la humanidad debe ser satisfacer las necesidades de las personas directamente, sin intermediarios como el dinero o la política.

Si queremos solucionar un problema debemos tratar su causa. Mientras que arruinar países o las guerras sean negocios lucrativos, la humanidad no conocerá la paz. y lo peor es que seremos distraídos y manipulados para negarlo y evitar que se solucione. Bien podría Naciones Unidas enseñar al mundo a tratar causas. Así aprenderíamos que todos los problemas tienen una causa común, la falta de acceso a lo necesario.

  1. Es poco ambiciosa.

Los objetivos del milenio fue un plan para alcanzarlo en 15 años. Se propuso reducir la pobreza extrema, no superarla por completo.

Tenemos los conocimientos, la tecnología y los recursos para crear una economía global automatizada y sostenible que cree la abundancia con la que satisfacer nuestras necesidades. Este plan es mucho más ambicioso, pero conformarse con menos garantiza que seguiremos experimentando el mismo viejo catálogo de problemas: pobreza, guerras, contaminación, violencia…

  1. No se focalizó ni en lo importante ni en lo urgente.

Lo más relevante es sobrevivir, tener buena calidad de vida y encontrar soluciones para los problemas más graves. A principios del siglo XXI, cada vez más organizaciones supranacionales reconocen que nuestra actual forma de vida es insostenible, pero todavía no se atreven a decir qué debemos hacer.

¿Qué pasa con los seres humanos que viven en situaciones graves y mueren en condiciones perfectamente evitables y mejorables? En esta antieconomía debemos esperar a que la tecnología se abarate, esperar a que las organizaciones decidan invertir en sus zonas o esperar que sus políticos tengan la voluntad de abordarlo. Esperar. Como ciudadanos pasivos.

No es una cuestión de caridad, sino de justicia.

Nelson Mandela.

 

  1. Es una iniciativa propia de los países supuestamente desarrollados.

En las Naciones Unidas seguramente trabajen destacadas y competentes personas al servicio de la humanidad. Lo más probable es que hayan hecho estos objetivos con espíritu de solucionar los mayores problemas de la humanidad y con gran generosidad pero, ¿qué pensarían ustedes si son una familia pobre en un país empobrecido y ven que el plan no les afecta, que no les salva? ¿Pensaríamos que los objetivos no son ciertos, que son un programa más sin soluciones?

  1. La humanidad, como la naturaleza, no necesita ayuda, sólo que no limiten su desarrollo.

Vivimos en el mejor momento de la historia de la humanidad y esto se puede comprobar fácilmente. El progreso humano es objetivo, medible. Hemos mejorado en ámbitos como la educación, la salud materna, la reducción de la pobreza, el acceso a la vivienda, etc. Pueden comprobarlo en el documental ‘Que no cunda el pánico. La verdad sobre la población’ de Hans Rosling (1) o la microcharla de Fernando Díaz Villanueva ‘Optimistas con motivo’ (2).

Cambiar el mundo, Sancho. Que no es locura ni utopía, sino justicia.

Don Quijote de la Mancha

 

Podemos hacer muchísimas acciones para el cambio, como comprar la electricidad 100% renovable, no ver televisión para no desempoderarnos y prepararnos para los desafíos como participar en las comunidades solucionistas como el movimiento Zeitgeist en el que difundimos la economía basada en recursos (EBR). En mi libro ‘La revolución educada’ expongo un catálogo de acciones individuales.

El peligro del lucro es que crea una crisis de conciencia y las personas no somos prioritarias. Muchas empresas, para lucrarse, necesitan explotar las vulnerabilidades de las personas, engañarlas y dañarlas a ellas y al entorno, como la industria de las armas, del tabaco o de la belleza.

Los medios de desinformación deben transmitir que la humanidad necesita una actualización, un rediseño global integral de las ciudades del planeta para adaptarlas al nivel de conocimiento de hoy, tal como actualizamos un ordenador.

Mi llamada a la acción es muy simple: ¡Reivindiquemos que se difunda esta idea en los medios! Reivindiquemos que los medios de nos reeduquen en construir el mundo que queremos para todos. La mejor forma de predecir el futuro es diseñarlo.

(1) La verdad sobre la población’ de Hans Rosling.

(2) Microcharla de Fernando Díaz Villanueva ‘Optimistas con motivo’

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Activista por la economía basada en recursos (EBR) desde 2008. Ha dado decenas de charlas sobre este tema y ahora publica su primer libro, "La Revolución Educada. De la antieconomía a la EBR", donde nos transmite lo que ha aprendido en los últimos años. Estudia y escribe sobre la EBR, sus valores, la tecnología que la hace posible y su visión del futuro. Ofrece una perspectiva práctica y optimista de que un mundo mejor es posible, urgente, necesario y preferible, pero tenemos que construirlo nosotros. EstebanezAlfonso@gmail.com

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