UNA OLA, DOS OLAS, TRES OLAS Y ASÍ LLEGA LA CUARTA OLA

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Estamos sentados en la orilla del mar, igual que niños viendo como el agua nos moja los pies una y otra vez. Nos resulta gracioso y hasta vemos infantil la fuerza del agua contra ellos.

Imagen:images.app.goo.gl

De niños no sabemos el porqué, pero el agua no para de moverse, al mismo tiempo que va cada vez a menos y se aleja de nuestros pies. Parece que hay un sumidero por el que desaparece, pero no es así, ya que al cabo de las horas vuelve al mismo sitio.

Tras un día de playa y de vuelta en el coche nos damos cuenta de que éste está lleno de polvo. Empezamos a golpear los asientos para que se vaya, pero en vez de abrir todas las puertas sólo abrimos una ventanilla por la mitad. Desde luego que parte del polvo se va, pero la mayoría se queda dentro dando vueltas hasta que se deposita en el mismo sitio. Pensamos que el fresco del aire acondicionado no se puede perder, menudo «calorazo» que hace fuera.

Algunos por miedo y bastantes por el acoso de la autoridad seguimos los protocolos de seguridad, al resto normalmente les da igual. Pienso que lo malo de toda esta pandemia puede estar representada por esa parte de la población que no lo ha sufrido, puede ser asintomática o inmune o incluso que, al no ver el peligro, se arriesga. Todos conocemos infinidad de personas que lo han padecido y casi ninguno ha tenido síntomas o han sido leves. Si te toca, te metes en tu casa hasta que se te pasen las dos semanas o los síntomas leves, después vuelta a esta nueva rutina que nos está tocando vivir.

¡Qué no te pase! Éste es el titulo de uno de mis artículos que escribí no hace mucho. Pues al final pasó. Al final nos pasó. Un hermano de mi abuela ha muerto y su yerno está entubado. El tío abuelo, ya de noventa años, había vivido su vida. Es una gran pena, pero consuela pensar que su fin estaba cerca y por suerte no sufrió durante mucho tiempo, apenas duró días. Lo malo, en estos casos, es de quien se queda y cómo.

No quiero contar aquí la vida de nadie, pero el futuro no se les ve muy prometedor. La viuda ya no tiene la cabeza en su sitio y su hija rezará para no tener que acabar cuidando de su marido como si fuera otro hijo. Es como un terremoto, lo sacude todo. Hace que tu vida de un vuelco como nunca, y dependiendo de como caigas tienes que actuar.

Dos trabajadoras de una funeraria trasladan féretros con los restos mortales de víctimas dle covid en el Tanatorio de Sancho d´Avila de Barcelona.
Imagen: lavozdegalicia.es

En este caso los muertos y convalecientes no salen en los medios de comunicación, te los dice tu padre o tu madre. Ahora es cuando sientes el peligro de verdad, cuando ves en los tuyos sus efectos. Hasta ahora no nos había afectado, en la familia, más allá del confinamiento. La suerte nos acompañaba e íbamos a salir de esto con algo de pena, algunas pequeñas secuelas y poco más. Pero no, esta maldita lotería también te puede tocar.

Comenté al principio de este artículo, con las olas y mareas por su parecido con las olas de la pandemia. Suben y bajan y algunas son más vivas que otras. También lo de sacudir el polvo dentro del coche puede ser un símil de lo que estamos haciendo nosotros. Mucho ruido pero poca efectividad. Parece que hasta nos da igual. «YO» no me privo de nada, en cuanto tengo la oportunidad, arraso.

«Este país no tiene remedio» puede ser una frase que se puede oír con frecuencia, pero si uno mira dentro de sí sabe como se siente y lo que necesita. Cierto es que nos gusta más la fiesta que cualquier otra cosa, lo sé, pero no sería totalmente sincero si no expresara mi respeto por la decisión de los demás de salir o no salir. Puede que parezca frívola mi opinión pero analizando lo que hay en mi propia casa no me extraña que en la de los demás les surjan dificultades iguales o mucho peores.

Pienso que lo mejor es llevar este mal que nos ha tocado lo mejor que se pueda. A algunos les habrá tocado más y a otros menos, pero a todos en mayor o menor medida algo de sufrimiento nos habrá tocado. Por eso me consuela repetir la siguiente frase;

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Que creo que está bastante acertada. Nadie sabe de los fantasmas que llevo dentro, ni cuando salen ni cómo. Al resto de la humanidad les pasará lo mismo, por eso no es bueno juzgar.

Sobrellevar esta cruz, desgracia, prueba, o lo que sea de la mejor forma posible es asunto de cada uno y sólo uno mismo debería de juzgarlo.

Para más información:

Las secuelas del coronavirus físicas y psicológicas

Efectos psicológicos de la pandemia

 

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