UN PASO ATRÁS

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fotocomposición Plazabierrta.com

Hay momentos en los que es importante pararse y reflexionar, incluso, pararse, reflexionar y dar un paso atrás para tomar perspectiva, sin olvidar que en muchas ocasiones ese no sea el orden correcto ya que para poder reflexionar, en el sentido real del término, es importante antes dar el paso atrás.

Y creo que este es uno de esos momentos. Por supuesto, los que viven en el fanatismo, en el inmovilismo de la convicción absoluta de sus ideas, en el dogmatismo más profundo e inaccesible, no tienen a su alcance la posibilidad de la reflexión, y ellos no lo saben, porque, desde cualquiera que sea su posición en el mentiroso eje de las ideologías, están perfectamente alineados con la demoledora frase de Blas Piñar, que por supuesto negarán con la absoluta convicción de que su  clarividencia es fruto de su superioridad, y no de su cerrilismo, “¿Cómo no vamos a ser inmovilistas, si ya hemos llegado?”

Unos, en un lado del eje, defenderán las fobias desde argumentos descalificantes, frentistas, socialmente inaceptables. Otros, desde el otro lado del eje, alimentaran esas fobias con sus discursos intolerantes, frentistas, ideologizantes. Unos y otros obviaran los problemas reales, renunciarán a posibles soluciones, siempre que la utilización del problema favorezca sus intereses. Porque ni para unos, ni para otros, la resolución del problema es lo importante, el que el problema exista, su denuncia, a favor o en contra, da lo mismo, es lo que alimenta su existencia.

Por eso, tal vez por alguna cosa más, los delitos de odio proliferan, crecen, se hacen más violentos y odiosos, mientras una sociedad perpleja asiste, tras cada uno de ellos, a los disparates que intentan ocultarlos y justificarlos y a la inútil, en realidad inútil para las víctimas y sus familias, inútil para lograr medidas prácticas que pongan fin al disparate, apropiación y etiqueta política del dolor ajeno. Las víctimas solo pertenecen a la muerte, y su memoria a aquellos cuya ausencia diaria les duele de forma cotidiana.

Desgraciadamente, los delitos que se cargan políticamente tendrán difícil resolución mientras se usen para señalar, manipular y deslegitimar a otros. Siempre habrá algún descerebrado, muchos, algún tarado, que encontrará en esa carga política una excusa más, puede que la excusa final perfecta, para cargarse de razones y acometer un acto aborrecible. Los delitos siempre son delitos, los delitos sobre minorías, además de delitos son cobardes, y quienes los usan para su provecho o para justificar ciertas intolerancias son tan culpables como los delincuentes mismos, porque con su actitud alimentan el odio.

Para cualquier mermado social, psíquico, encontrar combustible para el odio en la ideología rival, es una fácil tentación, una irresistible llamada. Tengo la amarga sensación, y puedo estar equivocado, de que la politización de ciertos delitos dificulta las soluciones. Incluso, ya poniéndome largo, puedo llegar a pensar que ciertos espectros, hablo tanto de ubicaciones ideológicas como de presencias, están más interesados en el problema que en la solución.

Tengo claro que al fanático, “persona que defiende una creencia o una opinión con pasión exagerada y sin respetar las creencias y opiniones de los demás”, esto es, a la inmensa mayoría de militantes y seguidores ideológicos, pedirles razonamiento y mesura en sus manifestaciones, en sus actitudes, pedirles un paso atrás y reflexión en los delitos de odio que ellos mismos alimentan, es solo un recurso literario. Simplemente su mismo fanatismo los imposibilita para poder acometer tal tarea.

Pero, y esto si es responsabilidad de toda la sociedad, tal vez vaya llegando el momento de que la sociedad civil retome sus derechos, delegados en partidos e ideologías, y mal administrados, y reclame una verdadera democracia, una representación leal del pueblo que garantice que se acometan las acciones necesarias para acabar con tanto odio, con tanto frentismo, con tanta muerte inútil, con tanto futuro comprometido por intereses que nada tienen que ver con los intereses reales de los ciudadanos. Y me temo que no queda mucho tiempo.

Una reflexión, un paso atrás, que necesitan de representatividad real, de listas abiertas, de circunscripción única, de soluciones que cautericen las heridas sociales que los líderes ideológicos abren más cada día con sus discursos aberrantes, descalificantes, llenos de odio al contrario, o de populismo buenista y sin consistencia.

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