UN CUENTO BRITÁNICO 

0
12769

El coronel jubilado Aldus Covenant, siempre había elegido a las mujeres por la forma incomparable de sus vulvas. Para él, únicamente el tipo mariposa era el único admisible, aquélla que una verdadera dama debía de ofrecer a su esposo: labios menores abiertos y grandes, tanto, que sobresalen sobre los labios superiores ocasionando que estos sean visibles fácilmente. La delicia suma de la naturaleza.

F. Morales
Sin embargo Aldus, a sus ya más de setenta años, permanecía soltero; viviendo en una pequeña casa de campo heredada de su familia, con la única compañía de  Mess, una exuberante cuarentona que hacía las veces de cocinera, ama de llaves y amante en las noches frías y Delta y Epsilon, dos corgis galeses de pura raza, para nada adorables; aunque eso sí, muy fieles con el viejo soldado.
Mess era una mujer tranquila y alegre. Quedó viuda muy joven, a los dos años de contraer matrimonio con Henry Wilcox, un maquinista de tren que murió aplastado al descarrilar el convoy que dirigía tras chocar éste  contra un Shire de 750 Kilos que había escapado de una granja vecina.
Tras aquel dramático suceso, la joven Mess,   triste, desolada  y sin un penique, no tuvo más remedio que buscar trabajo. Tras algunos empleos infructuosos, la mañana del 20 mayo de 1925, descubrió, mientras tomaba un té en el colmado de la señora Neck, el siguiente anuncio en la sección de ofertas de empleo del Daily News, el periódico local: «Coronel retirado, culto y devoto del orden, ofrece empleo estable a mujer de hasta 50 años, para ocuparse de todos los asuntos que atañen a una casa. Se ofrece alojamiento, comida y sueldo generoso. Interesadas presentarse el día 25 de mayo a las 12 horas, en la dirección abajo indicada. Imprescindible tener vulva en forma de mariposa.»
Mess ignoraba por completo si cumplía con aquella última exigencia del anuncio, y se pasó la noche anterior a la cita mirándose en un espejo, intentando ver si su sexo, tenía o no forma de mariposa, hasta que, finalmente se quedó dormida sin saber si era o no poseedora de tan solicitada forma. Sin embargo, a las 12:15-horas, cuando ella se levantó las faldas delante del coronel y éste, arrobado, mandó despedir al resto de las candidatas, supo que, efectivamente, tenía forma de Mariposa.
Hoy, Aldus ha sentido volar a la muerte sobre sobre su cabeza. Tumbado en la cama, ha notado el hedor de su batir de alas y el susurro animal de esas dos palabras que sólo se dicen a los condenados: «Último deseo».
Los perros, afuera, andan inquietos y con el rabo entre las piernas.
Abajo, en la cocina, Mess prepara un pastel de carne para el almuerzo; amasando lentamente con sus manos una mezcla de carne picada y huevos, recrea sus pensamientos con un largo paseo  por la cercana playa de Blacksand, regalando al viento su nombre. El zumbido del llamador de la habitación de Aldus, hace que la burbuja de sus sueños estalle.
Mess sube rápidamente las escaleras hasta el dormitorio del coronel; yace en el suelo, desnudo. Su rostro refleja la impaciencia propia de los moribundos. Mess ya sabe lo que ha de hacer; se despoja de toda la ropa y se sienta sobre el rostro de Aldus, de tal manera que la vulva queda sobre de la boca de Covenant. Éste, apenas puede respirar, pero no importa; burlará a la sin carne, con una mariposa en sus labios. Aldus, comienza a lamer las alas de Mess con delicia y está dejándose volar, hunde aún más su cuerpo contra la cara del militar, que está a punto de entrar en el Paraíso.
Placer, agonía, paz. Covenant ha eyaculado antes de quedarse inmóvil. Su pene aún palpita. Mess continúa revoloteando sobre Aldus que ha dejado de mover su lengua. Su vulva, al fin, explota en el color rojo de la victoria.
El silencio se ha solidificado, como sucede siempre que dos perros, contemplan una escena que no les pertenece.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí