TU YUGULAR


Las maletas a medio hacer, casi crudas, frías. Algunas motas de polvo se han escondido entre esquinas doblegadas de un rincón olvidado. Tengo miedo de mirar atrás y no querer marchar. Pocos son los aviones con falta de sueño. Valiente reto el querer cambiar el espacio-tiempo. Sólo un golpe que abra una grieta en el reloj podría cambiarlo todo.
Está nerviosa, la he atrapado entre las ventanas correderas sin querer. Golpea hiperactiva los cristales de un prisma que tiñe el cielo de Madrid con puntos suspensivos que hacen que la noche se apresure. Como si quisiera que llegara el momento de la decadencia, de encías rojas apretadas, de sueños despiertos sin bragas a velocidades aceleradas, de baños en hora punta. De risas con prisa. Avisa cuando salgas. Manos ocupadas, dos o tres pulpos en un garaje.
Necesito un paracaídas para una altura de medio metro, se ha hecho el vacío en la calle de San Joaquín y todos están imantados al suelo. Gravedad congelada y ningún amante como en Pompeya.
Sigo esperando la era del deshielo.
Y la catapulta en el trastero. Y la dinamita aguada. El gatillo oxidado y el arma encasquillada. Arco sin diana, Guillermo sin manzana. Burroughs con mala suerte jugando con la muerte.

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