
La distancia que separa la Ontología de la Epistemología, si partimos de la base de un universo o multiversos infinitos, es, asimismo, infinita; por tanto, decir que conocemos la realidad extrema de la existencia es una falacia y asegurar, como el milenario maestro, que no sabemos nada es, lógicamente, una tautología.

Partiendo de lo anterior, me da lo mismo decir que la teoría de la relatividad especial es cierta, como decir que no lo es, y, asimismo, decir que la fuerza de la gravedad puede medirse, como decir que no puede. Toda experimentación o medición se hace desde un punto de vista relativo al observador y al objeto construido o utilizado, en su caso, por este observador.
Desde un punto de vista científico decimos conocer aquello que en repetidas ocasiones se ha medido o experimentado y ha resultado ser “exacta” su medición o experimentación en todas esas ocasiones (pero nada es exacto, si todo es infinitamente divisible).
Desde el punto de vista teórico o filosófico hay que situar el conocimiento partiendo siempre de la Función del Estudio, que realiza hipótesis, previendo resultados y posibles errores; así como del Conocimiento Situado, que relativiza lo percibido a la interacción con el medio.
Prever un resultado o exponer un caso hipotético no es ceñirse a la realidad. Tampoco la experiencia del ser es la misma en una mosca que en un ser humano. Entonces, ¿Qué es conocer…?
Creo que conocer no debería ser un verbo, sino más bien un tiempo cero. Me explico:
Si todo cuanto existe está hecho de átomos y éstos, a su vez, de partículas (siendo el comportamiento de estas partículas impredecible o únicamente predecible en función de probabilidades), sólo podríamos estar seguros de una medición o de una experimentación en un universo total y absolutamente estático, donde sin haber movimiento no pudiera existir el tiempo; sería como medir distancias entre objetos de una fotografía.
Nuestro mundo es real para nosotros. Podemos medir el tiempo con mucha precisión utilizando relojes atómicos. Podemos salir de la tierra y viajar a la luna utilizando las matemáticas aplicadas a la física sin fallar en nada. Podemos construir procesadores informáticos de tal velocidad y aparente razonamiento (extraído de sus sofisticados programas) que nos dejan con la impresión de ser unos ignorantes comparados con el proceso de la información que nos ofrecen. Aun así, ¿nuestro mundo es la realidad extrema, en todos los posibles mundos o universos?
Vemos el cielo azul por efecto de los rayos del sol sobre la atmósfera terrestre. De noche lo vemos negro, porque nuestros ojos no están preparados para ver que realmente la luz es su “realidad”; pero al mismo tiempo yo me pregunto: ¿el color al que llamo azul cielo es el mismo para mí que para otro observador, aunque de igual manera lo nombremos?, ¿el color al que yo llamo negro, es lo mismo para mí que…?
Está claro que de forma lógica nada es real, aunque para nosotros, limitados observadores de todo cuanto nos rodea, parezca serlo. No me gusta caer en el relativismo, porque sólo descanso en lo ontológicamente absoluto; por esa razón busco lo perfecto e intuyo que existe, a pesar de ser consciente de que para mí en esta existencia permanece velado.
Siempre digo que la ciencia es muy valiente, porque busca y busca, sin cesar, la verdad de todo cuanto existe; no se rinde nunca y eso es infinitamente elogiable. Aun así, la filosofía tiene alas y con ellas vuela de la Física a la Metafísica y de ésta última a la Teología Racional; queriendo demostrar que de alguna fuente toda esta maravilla proviene, porque es tan perfecta y tan extasiante para nuestro espíritu que no podría haber nacido de la nada.
Admiro profundamente a los científicos, pero mi más extrema admiración es para los filósofos. Ellos son la vanguardia del intelecto, introducen su imaginación en este mundo, lo observan desde el raciocinio, efectúan hipótesis que después acaban comprobándose ciertas; pero, cuando buscan esas verdades absolutas en otros mundos, concluyen humildemente que no saben nada…
Viajar con la imaginación no cuesta ningún dinero. Sólo tiempo y como éste es relativo, y la imaginación viaja más allá de la velocidad de la luz (a pesar de que nuestras sinapsis neuronales sean pura electricidad, con una velocidad medible), podemos situarnos en todos los mundos posibles, sin que importe la distancia. Sentir imaginariamente sus fragancias, escuchar sus sonidos y ver sus colores sin habernos movido del lugar en donde estamos (a pesar de que nuestros órganos, células, átomos y electrones, sí lo hagan).

El genio de Albert Einstein (para mí Alberto el Sabio) dijo:
“La lógica te llevará de A a B. La imaginación te llevará a todas partes”.
Abrochando esta pequeña disertación (en forma de artículo) al comienzo de la misma, decir que:
Lo ontológico es en ultimo extremo, aunque no lo conozcamos, la realidad absoluta. Lo epistemológico es la proeza del raciocinio, la experimentación y la construcción humanas. Entre ambos, como decía, existe el infinito; pero eso no debe pararnos, porque también, según creo, somos una chispa de toda la Fuente Eterna de Luz y Creación. Como tal chispa, en nuestro viaje imaginario no experimentamos el tiempo, porque nada puede rebasar nuestra velocidad; por tanto:
SOMOS ETERNOS.





