TRAZOS Y SEGMENTOS: TIEMPO Y LIBERTAD

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En la siguiente ecuación: L/T=V/F, las incógnitas se traducen como Libertad dividida por Tiempo es igual a Vida dividida por Felicidad, donde tanto el Tiempo como la Felicidad son dos constantes de valor 100%. Si despejamos del primer miembro de esta igualdad algebraica a la constante Tiempo y del segundo miembro a la constante Felicidad, tendríamos: LxF=VxT; que se traduce como: Libertad multiplicada por felicidad igual a Vida multiplicada por tiempo.

Foto de ThisisEngineering en Unsplash

Parándonos a pensar en el valioso tesoro que es el tiempo transcurrido al disfrutar de aquellas cosas que hacemos libremente, nos sorprendería el inmenso derroche que practicamos de ese capital de tiempo, cuyo límite al alza y a la baja desconocemos a priori, porque “juega en la bolsa de la salud” y las “acciones” unas veces suben y otras bajan.

Cuando un día estemos, si la suerte lo permite, contando el tiempo que nos pueda quedar de vida, porque ya hayamos superado la barrera de la longevidad estimada, estoy segura (todos lo estamos cuando reflexionamos sobre ello) de que nos importarán muy poco cuántas riquezas hayamos acumulado, nos darán igual las opiniones ajenas y lo daríamos todo a cambio de más tiempo y más vida plena.

Por qué entonces no invertimos todo nuestro capital exponenciando al máximo a los dos elementos del primer término de la ecuación que nos ocupa (100% tiempo en libertad). Por qué no sabemos potenciar esos preciosos momentos que nos aportan dulces o briosos latidos de corazón. Por qué no nos alejamos de tantos y tantos compromisos insulsos, molestos o dañinos que merman nuestro capital de vida.

No sé contestar a esas preguntas y sólo se me ocurre afirmar que lo contrario al amor propio es el miedo. Igualmente, considero opuesto a vivir de verdad eso de “ganarse la vida”. ¡Dios mío…! ¿Qué es ganarse la vida?; si la vida multiplicada por el tiempo es lo mismo que la libertad multiplicada por la felicidad ¿cómo vamos a ganarla vendiendo previamente el tiempo y la libertad?

Todos, hemos cambiado nuestro tiempo y nuestra libertad por un “simple plato de lentejas”. Aquello que se nos impuso como obligación y que no cuestionamos porque el adiestramiento comenzó demasiado pronto (pillándonos inexpertos y desprevenidos) ha conseguido que a día de hoy la mayoría de los seres de nuestra especie seamos derrochadores de tiempo en detrimento de la libertad.

Por supuesto que debemos ser dignos de nuestro sustento, pero para eso debemos ser previamente dignos del tiempo que se nos otorga en este mundo. Sólo sabiendo compendiar la obligación con la devoción, procurando hacer de ambas un disfrute, se conoce lo que es la verdadera vida. Todo lo que nos obligue a sufrir o vegetar nos aleja de nuestro propósito que no es otro que alcanzar más y más cotas de feliz libertad.

Estoy segura de que al “Cielo” irán los libres de espíritu y se sentarán junto al Padre del tiempo eterno; porque de aquí sólo nos llevaremos aquello que hayamos conquistado con nuestro libre albedrío; en esencia somos información, luego memoria, y eso es lo único que de nosotros prevalece. La pregunta es: ¿Querríamos vivir allí rememorando los malos recuerdos de aquí, volviendo a sentirlos una y otra vez…? Eso para mí es el infierno.

Foto de Jeremy Thomas en Unsplash

Yo no creo en nada que no me parezca lógico o que no intuya como verdad. Para mí una de esas verdades, que intuitivamente siento como tal, es la de que nuestra alma respira tranquila cuando estamos en el camino correcto a pesar de que vayamos subiendo por una ruta empinada. Todo llega y todo se hace nítido cuando alcanzamos la cumbre; ya las nubes y la neblina quedaron más abajo.

La libertad nos pone alas en los pies cuando damos el primer paso hacia ella, eso no quiere decir que sea fácil batirlas, sino que todo esfuerzo se realiza con ganas y todo descanso lo es de verdad. No me cabe duda de que me arrepentiré cuando ya sea demasiado tarde de no haber sido más libre, más valiente, menos temerosa y sobre todo más generosa conmigo misma.

En la vida se nos muestran muchos caminos y desde luego que todos llegan a “ROMA”, directa o indirectamente; pero para qué dar vueltas y más vueltas por el laberinto huyendo del minotauro (el miedo) si sólo con sujetar el hilo de Ariadna (la libertad) podemos encontrar la salida.

Me duele cada día que pasa sin que me haya ocupado en ver el amanecer o el atardecer, habiendo perdido el tiempo en cosas menos importantes. Soy como un girasol, me encanta ofrecerle el rostro al astro rey. Siempre que veo un campo sembrado de esas flores mi espíritu recibe un chute de libre energía.

Foto de Honey Yanibel Minaya Cruz en Unsplash

Son muchos los autores que a lo largo de la historia han destacado las bondades del tiempo cuando va acompañado por su amante la vida. De todos ellos destaco los siguientes:

“Un hombre que se permite malgastar una hora de su tiempo no ha descubierto el valor de la vida” (Charles Darwin).

“Qué insensato es el hombre que deja transcurrir el tiempo estérilmente (Goethe).

“Lo único que realmente nos pertenece es el tiempo. Incluso aquel que nada tiene lo posee. (Mario Benedetti).

Por desgracia, demasiadas veces los términos de la ecuación de nuestras vidas aparecen precedidos por un signo menos o negativo. Todos sabemos qué significa eso en cuanto al valor que le otorgamos a la existencia…

Y como broche una preciosa frase que nos invita a estar presentes en ese tiempo de división infinita que se sujeta “ahora” al ritmo de nuestro reloj interno:

Aprende a disfrutar cada minuto de tu vida. Sé feliz ahora. (Earl Nightingale).

 

 

 

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