Ese infinitivo verbal del título se haría cada vez más presente en nuestra realidad y en nuestros ánimos si distópicamente desde el poder establecido se actuara de la siguiente manera:
Primero instándonos, de forma estratégica, a que renunciemos poco a poco y censura a censura a la libertad de expresión; después a la libertad de circulación y a la seguridad ciudadana; seguidamente a la paulatina perdida del concepto de propiedad privada, pasando al control total de nuestras economías a través, por ejemplo, de una “moneda virtual” y a no ser dueños reales de nuestro dinero.

Asimismo, se nos adoctrinaría hipócritamente en un sentimiento solidario, como si de un “nuevo evangelio” se tratase, introduciendo en nuestras conciencias la obligación de dar lo que nos hace falta a quienes no estamos obligados.
La palabra solidaridad es muy hermosa, pero falsa en los labios de quienes la pronuncian para hacer que se confundan los derechos con los injustos e impuestos deberes…
Cuando renunciamos, poco a poco, a nuestros derechos y libertades no nos damos cuenta y nos sucede como a la rana que comienzan a hervir sumergiéndola previamente en agua fría…
Todos sabemos que derechos de nacimiento son:
vida, libertad, justicia, dignidad, seguridad, propiedad privada…; pero pueden convertirse en derechos de papel o virtuales si en la práctica a ellos renunciamos porque se hallen trabados por múltiples motivos.
No se debe renunciar a la legítima libertad, la justicia, la dignidad, la propiedad privada (me refiero sobre todo al peligro de ocupación ilícita e ilegal de nuestros bienes y a los abusivos impuestos con que fueran gravados en una transacción) … Llegado el caso, debemos poner nuestros granos de arena en el monto de lo que consideremos justo y libre (aunque las consideraciones de justicia y libertad sean relativas o subjetivas, al menos será mejor que no considerarlas; y en la inmensa mayoría devendrán coincidentes).
La rebeldía pacífica, esa que el gran Thoreau en el XIX inmortalizó en sus ensayos, donde además derramaba verdadero amor a la naturaleza (no falso ecologismo) y también lecciones de pacifismo que no se contradecían con la desobediencia civil de leyes injustas y perjudiciales; esa rebeldía pacífica debe inspirarnos en nuestras no renuncias y reivindicaciones.

Lo primero a lo que no debemos renunciar (nos pongan las excusas que nos pongan) es al derecho de libertad individual y colectiva; que impide que se aprese injusta e ilegalmente a un individuo o a un pueblo entero como si de un rebaño se tratase.
Entendiendo que la solidaridad verdadera debe comenzar por apoyar la meritocracia y por aplicar el equilibrio de la balanza; no debemos renunciar a aquello que nos pertenece por mérito propio o justa herencia. Asimismo, se debe entender que el culmen de la solidaridad a la que no debemos renunciar es a aquella que, desde la cuna, garantiza a los seres humanos el derecho a tener una vida digna, en la que las oportunidades de desarrollo y excelencia se den de facto.
Igualmente, me parece imprescindible no renunciar a la progresiva y acelerada erradicación de todo tipo de violencia, intimidación, usurpación, ocupación ilegítima e ilegal, robo, hurto…
Un pueblo que no se siente seguro en sus calles ni en sus casas no vive en paz. Los derechos a la paz y a la seguridad son requisitos fundamentales para que se puedan dar los derechos a la libertad, la justicia y, por ende, a la vida.

Decía el citado Henry David Thoreau, poniendo a la justicia por encima de la Ley:
• “La Ley jamás hizo a los hombres un ápice más justos; y, en razón de su respeto por ella, incluso los mejor dispuestos se convierten a diario en agentes de la injusticia”
También decía sobre la democracia:
• “Cualquier hombre que tenga más razón que sus prójimos ya constituye una mayoría de uno”.
• “¿Es la democracia, tal como la conocemos, el último logro posible en materia de gobierno? ¿No es posible dar un paso más hacia los derechos del hombre?
Creo que sí es posible dar un paso más hacia los derechos de la especie humana y ese paso, valga la redundancia, pasa por NO pasar a RENUNCIAR a aquello que nos pertenece.
¿Qué, en esta tierra, nos pertenece?:
• Lo adquirido y ganado justa y dignamente.
• El digno y justo legado de nuestros ancestros.
• La vida, la libertad y la paz.




