TRAZOS Y SEGMENTOS: LA PIEZA DEL PUZLE QUE SOMOS

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Cuando me pongo a pensar en la responsabilidad que tenemos con respecto a nuestrapropia vida y también con respecto a la de los demás, siempre me viene a la cabeza una imagen: se trata de un puzle gelatinoso compuesto por piezas también de gelatina; esas piezas somos todos y cada uno de nosotros.


En nuestro andar por el mundo vamos dando forma a ese puzle, lo vamos conformando; ¿qué cómo lo hacemos?, pues de una manera muy sencilla: salto a salto y de uno a otro estado. Las piezas van saliendo del molde del puzle y lo van rediseñando por completo. Da igual que seas una pequeña pieza o una gran pieza, cada salto cuenta en la conformación del diseño del puzle. Esa es la verdadera igualdad, esa es la garantía de la verdadera importancia que tiene un sólo eslabón en una enorme cadena, una sola ruedecita en un inmenso engranaje.

Ya se ha dicho muchas veces que el aleteo de una frágil mariposa puede sentirse como un huracán o un terremoto al otro lado del mundo (se trata de un antiguo proverbio chino, llevado a la ciencia por el matemático y meteorólogo Edward Lorenz, bajo el título “El Efecto Mariposa”). Esta teoría se basa en que: “En un sistema no determinista, pequeños cambios pueden conducir a consecuencias totalmente divergentes”. A esto me refiero con la pequeña pieza del puzle, esa pieza que el común de los mortales somos con respecto al mundo que nos rodea.

En apariencia es el mundo quien nos configura; y de alguna forma, si lo consentimos, lo es; pero lo realmente prodigioso es que todos y cada uno de nosotros tenemos la capacidad y la libertad (o libre albedrio) para configurar la forma de ese puzle gelatinoso, siendo a la vez una simple y sola pieza de gelatina.

Lo anterior también lo relaciono con el enfoque filosófico llamado “Estructuralismo”. Cuando por primera vez me topé con él, supuse o intuí de inmediato que se trataba de una teoría que se enfocaba en relacionar a “la parte con el todo” y viceversa. ¿La Pieza de un puzle qué es, sino una parte que se relaciona con el todo y un todo que se conforma o configura según sus partes?

Sí, la importancia de todos y cada uno de nuestros actos cotidianos es mucha, aunque nos hagan creer que no valemos nada o que no somos nada con respecto a la totalidad del mundo que nos rodea, del puzle al que pertenecemos. Si nos hacemos conscientes de nuestra valía personal, de nuestra impronta, de nuestra huella, de aquello que solamente nosotros somos y nadie más puede llegar a ser, ni ha sido, nos daremos cuenta enseguida de que en realidad somos poderosos. Con el frágil poder de las alas de una mariposa que puede provocar un huracán al otro lado del mundo. Con el pequeño-gran poder que tiene la pieza de un puzle para conformarlo. Con la importancia de la parte que, en su medida indispensable, soporta a una estructura.

Todos y cada uno de nosotros pertenecemos a esa especie a la que de alguna forma hemos atribuido la “consciencia” del mundo que nos rodea. Todos y cada uno de nosotros, en alguna medida, creemos que somos superiores al resto de las especies en cuanto a influencia sobre el medio en el que nos movemos y al que pertenecemos…¿Es esto cierto, o mermamos el poder que el resto de las especies, compuestas por individuos igual que la nuestra, ejercen sobre el puzle, sobre el Todo? ¿Puedo considerar que una ameba o una célula de cualquier ser, tiene menos poder sobre el Todo que cualquiera de los individuos que componemos la especie humana?

El Gran Libro de los libros, el paradigma del que se cuelgan el resto de menoreparadigmas, éticos, morales y filosóficos…;LA BIBLIA, dice que Dios creo al Hombre a su imagen y semejanza…;es decir: “No somos sólo algo, sino alguien, que es capaz de conocerse, de poseerse y darse libremente y entrar en comunión con otros miembros de nuestra especie” ¿Debo inferir de esto último, que la superioridad que nos atribuimos por nuestra encumbrada imagen y semejanza, en comparación con la del resto de las especies, se basa en que la Biblia ha sido escrita por seres humanos y, asimismo, no puedo saber, siendo humana, qué siente otro ser que no lo sea?

Como muchas veces digo, ni siquiera sé que no sé nada. Aun así, reconozco que me gusta pensar que nuestra especie es, en lo relativo a este planeta que habitamos, a este mundo que entre todos construimos o conformamos en conjunto, la gran pieza del puzle de la creación; e individualmente, la piececita que puede cambiarlo todo, salto a salto. Somos muy grandes; tanto como no podemos ni siquiera imaginar. Dicen los antiguos proverbios, que cada uno de nosotros estamos ubicados en el justo centro del universo, dado que éste no tiene principio ni fin en sus dimensiones…

Pero no quedo satisfecha con lo anterior; repito mi incógnita con otras palabras: ¿La ameba, la célula, la hormiga, la mariposa…el mosquito que se posa en la pantalla del ordenador en esta noche estrellada en la terraza…,no son también capaces de cambiar este mundo, paradigma-gelatinoso, al que pertenecemos; desde esta tierra, este sistema solar, esta galaxia…?

En fin, han sido trazos y segmentos de tiempo pensado a la luz de la luna nueva, en una noche preciosa del mes de abril de dos mil veintitrés; que en este año no me robaron…, del que disfruto oliendo las flores de un limonero cercano y las de las petunias de mis macetas, con una copa de buen vino extremeño, brindando por la vida…; sea lo que sea ésta, y concluyendo mi pequeño pensamiento así:

Sigo sin saber con absoluta certeza qué soy, quién soy y para qué estoy aquí; pero al menos de alguna forma siento que, lo mismo que una ameba, mi centro y su centro son el centro del universo; eso me iguala a todo ser, eso me hace infinitamente grande e infinitamente pequeña; comprendiendo, más que entendiendo…: aunque ni siquiera sé que no se nada, al menos siento que la Nada y el Todo son de la misma sustancia y tienen la misma dignidad creadora”

Les he preguntado a la luna y a la estrella más brillante de Orión (que permanecieron mudas): ¿Sois de verdad mis hermanas?…aunque no hablaron, con un destello m hicieron comprender que sí lo son y, esa comprensión, me llena de paz; porque acabo de completar el puzle.

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