TRAZOS Y SEGMENTOS: LA BELLEZA DE LA ELEGANCIA

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Si sumamos educación, cultura y naturalidad tendremos como resultado elegancia. Sí, la elegancia es una bella dama sin aderezos que entre lo simple y lo superfluo usa la navaja de ockham.

La belleza brota con naturalidad del alma humana sin mascaras, ni atuendos suntuosos. La belleza es sencilla; no como algo sin nada que decir, sino como algo que simplemente lo dice todo. La naturaleza adorna a los pavos reales y a las orquídeas y son seres con formas bastante aderezadas en color y variedad, pero nada hay en ellos que no armonice, nada es excesivo.

Aun así, me gusta más una paloma que un pavo real; una rosa que una orquídea; no digamos una margarita o un lirio silvestres. Ojalá todo lo sencillo se usara para llenarse de paz y sosiego; creo que es el camino más corto para conseguirlo.

En la paz están siempre presentes las formas sinuosas, delicadas, sin artificios innecesarios. La paz está llena de simple belleza. Su música es suave, su voz calma, su risa sonrisa. La paz no quiere pertenecer a ningún circulo vicioso de esos que te absorben como agujeros negros en cuanto comienzas a pasear por sus inmediaciones. La paz tiene pocos amigos; pero lo son.

El equilibrio es elegante en cualquier circunstancia; la belleza se nutre de esa armonía sin formas excesivas. No abusa de lo anguloso, ni usa el gris como mono-tono. El justo medio, la compensación que se realiza entre un extremo y otro extremo, está presente en los cálculos que todo ingeniero realiza para que una nave vuele o navegue.

A pesar de ello, aunque encuentro más recogimiento espiritual en una ermita en medio de la naturaleza, el éxtasis siempre me embarga cuando visito una catedral. La luz de sus vidrieras, sus grandes columnas, la suntuosidad de los frescos que la adornan…llenan por completo mi espíritu.

Cuando me paro a reflexionar sobre las condiciones necesarias que deben darse para encontrar la belleza, acabo concluyendo que quizás no sea tan difícil encontrarla como saberla encontrar. Lo siguiente es un ejemplo:

¿Se puede hallar la belleza del sosiego en medio del bullicio? Sí, escuchando la calma de tu profundidad.

¿Se puede encontrar belleza en una cloaca? Sí, cuando te paras a mirar a los ojos de una rata.

¿Se puede ser ecuánime y elegante delante de tu enemigo? Sí, utilizando la fuerza a tu favor y no en su contra.

Lograr una vida llena es vaciarse de todo aquello que no necesitamos. El minimalismo es la potencia de lo simple, la fuerza de lo natural. Menos es más cuando allí se encuentra todo lo necesario. Eso es belleza y elegancia.

La elegancia de un dardo que da en la diana es el camino recto sin desviación. Lo mismo sucede con las acciones humanas que no se desvían del justo medio, del equilibrio. No obstante hay que diferenciar entre el justo medio y lo mediocre; considerándolos antónimos. La mediocridad no da en la diana, la mediocridad no sigue el camino recto; su flecha es desviada por las alas de una mosca. Lo mediocre carece de criterio propio.

Volviendo a la belleza de la elegancia, decir también que se nutre de la claridad. Cuando los discursos son claros dan luz al entendimiento. Si el agua es clara se ve el fondo. La claridad de un día de sol devela toda belleza escondida.

Hay gestos que esconden la belleza de la bondad, y los más grandes pasan desapercibidos; es decir,  no se muestran, simplemente cumplen una función en la sombra, se extienden desde el origen sin hacer ruido. Eso es elegancia.

En un paseo por la isla de mi río:

Una señora miraba a su perrita y sonreía como hablando con ella sin palabras. Su muda conversación era bella, profunda, sencilla, elegante.

Un niño solitario sentado en un tobogán con la mirada ausente. De pronto, una niña se sienta a su lado y le ofrece un pedazo de su dónuts de chocolate. Las sonrisas iluminaron las dos caritas, sus ojos brillaban. ¡Qué belleza!

La hoja de un árbol cae sobre la cabeza de una anciana, ella no lo percibe. Su pareja, sentada a su lado en un banco, con cuidado retira la hoja. La anciana sigue sin percibir nada, pero él le coloca el pelo y la mira acariciando su cara. Toda demostración de ternura es bella y elegante.

Una piedra es arrojada con fuerza y destreza al río por el brazo de un muchacho.  Saltarina por la superficie del agua recorre un camino hacia el fondo. No era sólo su brazo al lanzarla; era también la piedra al recoger la fuerza y convertirla en danza. Después el agua dibujaba unas preciosas ondas dentro de círculos en intersección. Fue sencillo, pero hermoso y elegante.

Un bebé abraza a su peluche y con su carita lo acaricia muy suave. La dulzura brota. Simplemente te derrites al contemplar la imagen. Eso supera a la elegancia.

LA BELLEZA Y LA ELEGANCIA SON UN BINOMIO. A VECES EL “ARTE” ABSTRACTO, SU VANGUARDIA, USA ÁNGULOS, FORMAS INARMÓNICAS, GROTESCAS. ENTIENDO QUE SE TRATA DE EXPRESAR CONCEPTOS; PUEDE QUE SEA GENIAL, PERO NO VEO SU BELLEZA, NI SU ELEGANCIA…

 

 

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