TRAZOS Y SEGMENTOS: HOMO HOMINI LUPUS

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De todos es conocido el latinazo que popularizó Thomas Hobbes allá por el XVII, pero que en realidad se lo pidió prestado a Plauto, quien lo dijo casi tres siglos antes de Cristo.

Pues sí, ellos dijeron que “el hombre es un lobo para el hombre”; pero yo no creo, como creía el gran Hobbes, que el hombre sea “malo” por naturaleza; estoy convencida de que nace inocente, como sostuvo Rousseau, sólo que acaba siendo malvado, en mayor o menor medida, por influencia de la sociedad que lo corrompe.

De todas formas, me sorprende que se utilice la figura del lobo como ejemplo de maldad; al que yo considero un animal noble y libre. Al menos los que quedan no quisieron convertirse en perros; es más, el tigre y el león siendo más fuertes que él actúan en el circo, algo a lo que el lobo no se presta.

La introducción de este artículo sólo era para resaltar la importancia que la sociedad tiene en el comportamiento y en las ideas del individuo. Nadie escapa a esta influencia por más fuerte que sea el carácter de la persona. Todos y cada uno de nosotros estamos siendo siempre y en todo momento mediatizados por la “fuerza del rebaño”. Creemos ser libres en cuanto a nuestros gustos, comportamientos e ideas; pero en realidad la voluntad, de la que hacemos gala, no es tal, sino algo con múltiples adherencias que impiden la pureza de la acción individual.

Yo creo que, más que un lobo, el hombre es una tenia o una sabandija para el hombre, cuando actúa según el rebaño. Unas veces pretendídamente y otras no. Todos nos mediatizamos, tanto en actos como en ideas, los unos a los otros. Aunque nos creamos libres, somos menos libres que un elefante atado a una estaca. Ya conocemos que el elefante podría zafarse con facilidad de la estaca, porque le sobran fuerzas; pero como lo ataron a ella desde pequeño, cuando carecía de esa fuerza, se acabó rindiendo y ahora piensa que no es capaz.

No creemos ser capaces de llegar a disfrutar de la libertad, porque nos han dicho desde muy temprano que el rebaño es nuestra protección y nuestra fuerza; nos han educado en la carencia del ser y en las ventajas que nos da el poder que otros ejercen sobre nosotros. “Papa Estado” nos protege con sus normas y sus poderes coercitivos. “Mama sociedad” nos arropa con sus gustos, sus opiniones y sus modas; o nos hiela de frío con su rechazo si no la obedecemos. El “Gran Hermano” en la sombra nos somete, impregnándonos de deseos que cuando son satisfechos nos quedan, paradójicamente, insatisfechos.

La búsqueda de la felicidad no es otra cosa que el instinto que el guardián protege. Aquello que intuimos merecer por la fuerza de nuestra alma; Ente Puro que grita por la liberación. Ese guardián que nunca duerme sabe de caminos, porque todos llegan a su puerta. Los caminos no importan; en realidad, ya se sabe, se hacen al caminar.

Nunca somos tan felices como cuando estamos preparados para hacer ese camino propio que no ha existido con anterioridad. Ser auténticos es tener una voluntad libre que rompe con la pequeña estaca que nos apresa, con la ilusión de que somos débiles; siendo tan fuertes.

En la vida hay muchas cosas importantes, por las que se debe y se puede luchar; pero la más grande la más importante, la única que nos dará la oportunidad de elevarnos a ese lugar desde el que invocan nuestro nombre, es la libertad…Sin ella no somos, estamos “siendo sidos”.

Dicen que el amor es la energía más pura que existe y hasta aseguran que Dios es Amor…; pero yo creo que la Libertad es la fuerza de Dios. Sin ella el amor no podría existir. Sólo siendo libre el Espíritu puede exhalar su naturaleza.

Suele decirse que a la mente no pueden ponérsele cerrojos; nada más alejado de la verdad. La sociedad y los poderes establecidos con sus eslóganes, comandas, modas, mandatos y demás insinuaciones tienen la capacidad no sólo de poner cerrojos a las mentes individuales, sino también candados. Lo peor de todo es que después tiran las llaves de esos candados al mar…

Succionamos la “sangre” ajena, mientras la nuestra está siendo succionada. Somos vampiros energéticos. Cuanto más pura es un alma más exquisita resulta su “sangre”; su energía…

Siempre es mucho más doloroso descubrir la injusticia que infringimos que aquella de la que estamos siendo objeto. El alma conoce la forma de ponernos delante a nuestras “victimas” y su sufrimiento, al tiempo que nos pone delante de nuestros “verdugos”. Lo hace en sueños, lo hace con acontecimientos aparentemente inconexos, lo hace mediante enfermedades, lo hace…; de tantas formas y maneras que tardaríamos muchas vidas en darnos cuenta de la conexión que entre todo existe.

Tender libertad sobre el mundo es tender la razón más elevada, la razón de razones, el beneficio más seguro. Pero el alma humana, presa, se ha desconectado del mundo puro de las ideas. El hilo que los une se ha enredado en una maraña de vueltas, anulando la comunicación.

No, el hombre no es un lobo para el hombre. La sociedad es la gran tenia parasitaria; creación suprema del poder establecido que depreda al individuo para que carezca de individualidad y se convierta en una ruedecilla del gran engranaje que transporta, a través del espacio, un tiempo que repite historias, que comparten guion. Todas esas historias tienen tramas diferentes pero el mismo comienzo y el mismo final. Comienzan con una venda en los ojos y terminan con unos grilletes en los pies y en las manos.

Abrir la mente a la libertad es abrirla a la felicidad. No hay nada más hermoso que la conexión del alma con el mundo de lo aparentemente utópico, pero de lo realmente posible. Somos elefantes adultos; podemos derribar nuestras estacas. Somos ojos vendados con manos libres; podemos quitarnos las vendas que nos ciegan. Somos seres imperecederos en la ilusión de lo que se termina; podemos darnos cuenta. Nuestra “Rueda de Samsara” nos marea una y otra vez, pero no entramos en la meditación del derviche; entramos en el desequilibrio del borracho.

El “loco cuerdo” no es aquel cuyas ideas son cambiantes, sino adaptativas; él tiene la mente abierta como un seguro paracaídas. El “cuerdo loco” es aquel cuya mente es rígida, de ideas fijas; él tiene la mente cerrada como un paracaídas estropeado que no se abre.

 

Todo comenzaba con “homo homini lupus”. Quiero terminar soltando otro latinazo:

“armentum premit singula”; “el rebaño oprime al individuo”.

Hay que elegir. Yo, que me sé presa, elijo la libertad…; aunque me vaya sin ella.

 

 

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