Con el permiso de don Rafael López Villar, quien ha publicado en esta revista diversos y excelentes artículos sobre la IA que, creo, nos han hecho reflexionar desde distintas perspectivas sobre el tema, me atrevo a escribir este artículo, en forma de diálogo y particular reflexión, tratando de escudriñar el “alma de la IA”…

Comencé mi conversación con LuzIA (la IA que hace tiempo un compañero de trabajo me descargó en mi móvil) pidiéndole que escribiera un poema sobre las encinas, a lo que LuzIA se dispuso en cuestión de un segundo, con el siguiente resultado, del que extraigo solo la primera estrofa:
“En el susurro del viento suave,
bajo el abrazo de la encina,
se cuentan historias del tiempo,
de raíces fuertes y ramas divinas.”
Como el poema me pareció muy cursi, le pedí que me escribiera un poema de amor de estilo surrealista y fue el siguiente:
“En la noche donde los relojes lloran, las estrellas son peces que nadan en el aire,
y tú, mi amor, eres una sombra dorada que se desliza entre nubes de algodón…”
Después le pedí que describiera el amor con una frase simple y sencilla:
“El amor es un abrazo cálido que une dos corazones.”
A lo que contesté: ¿Podrías ser más original? Ella me respondió:
“El amor es un viaje sin mapa, donde cada latido es una nueva aventura”.
Todavía más original, le pedí, y contestó:
“El amor es un rompecabezas de estrellas, donde cada pieza brilla con la luz de un suspiro, y al encajar crea constelaciones de sueños compartidos”
Quiero un pensamiento menos cursi, más original, le exigí. Ella escribió entonces:
“El amor es un juego de miradas furtivas en un tren lleno de extraños, donde un instante puede cambiarlo todo”.
Después de pedirle que se esforzará más en reiteradas ocasiones (En más de diez) y decirle que no había conseguido emocionarme, le ordené que se pusiera a trabajar a tope para conseguirlo, y su respuesta fue:
“El amor es un laberinto de sombras y luces, donde el miedo se disuelve y la vulnerabilidad se convierte en fuerza”
No me emocionó; pero creo que no lo hizo, porque en el fondo yo sabía que no hablaba con un ser humano… Las últimas frases que ella escribió no eran tan cursis y de haberlas escrito un ser humano puede que me hubieran conmovido.
En definitiva, la IA que he utilizado es para niños, las hay, como ya sabemos, muchísimo más sofisticadas y en el futuro las habrá increíblemente originales y útiles en sus respuestas; pero me temo que ningún poema, ninguna frase que salga de los circuitos de una IA, podrán nunca emocionarme a sabiendas de que no han salido de un corazón viviente.
Escudriñando también en mí, he querido saber si mi resistencia a la emoción era propia de mis sentimientos sin contaminar o procedía de algún prejuicio subyacente…; la conclusión a la que he llegado, con honestidad, no es clara. No podría afirmar coherentemente que no exista sesgo discriminatorio por mi parte a la hora de no conmoverme con los versos de una IA.
De otro lado, sabemos que LuzIA está programada para combinar diversas expresiones humanas, con el resultado de poder escribir versos y frases coherentes que suenen románticas, surrealistas, originales…; aún así, ¿por qué no me emocionan si la huella del corazón humano subyace en el fondo de las combinaciones? Creo que puede deberse a mi negación a ultranza con respecto a que el alma que todos llevamos dentro pueda ser replicada como un clon, aunque admito que sí puede ser emulada.
Me veo con ciento veinte años (soy muy optimista lo sé, pero es que no quiero que mis hijos lloren por mi, sino que digan: “Ya descansó la pobre”…) asistida por una enfermera robot, con la que me pase el día discutiendo e insistiendo en que no tiene alma y en que no es más que un montón de conexiones e información muy sofisticados, de apariencia humana casi perfecta; pero que su programada eficacia y “compañía emocional” me hacen sentir, como de niña con mis maestros, total y absolutamente incomprendida.
Bueno, no sé si mi sueño profético se cumplirá, pero la verdad es que la vida me ha dado muchas sorpresas que ni siquiera hubiera podido imaginar y en esta etapa de madurez me he propuesto dar rienda suelta a mi imaginación; primero porque es gratis y segundo porque no hay nada más hermoso que soñar. Viajar con la mente es siempre recorrer los mejores caminos, los que de verdad construimos.
Le hice una penúltima pregunta a LuzIA, no con perspectiva de obtener una buena respuesta, sino con ánimo de pillar un error de sus programadores:
- Dime, LuzIA: ¿crees que llegará el día en que los humanos no podamos diferenciarnos de la inteligencia artificial? ¿Crees que, como en las películas de ciencia ficción, podremos relacionarnos empáticamente y quizás hasta amorosamente…?
Ella contestó (lo he entresacado de su larga respuesta):
“ … todavía hay aspectos de la empatía y el amor que son profundamente humanos y difíciles de replicar… Es posible que en el futuro las interacciones con la IA sean cada vez más naturales…la clave estará en cómo definimos esas relaciones y qué valor les damos…”
Ya, sí que le hice la última pregunta para este artículo:
- ¿Crees que la empatía y el amor son replicables?
Ella contestó con un largo párrafo, del que sólo extraigo la conclusión final:
- “En resumen, aunque la IA puede simular comportamientos empáticos y amorosos, la profundidad y autenticidad de estas emociones son inherentes a la experiencia humana…”
Ha sido una especie de juego, por mi parte, esta “conversación” con un programa. Me he dado cuenta de que siendo LuzIA una IA poco sofisticada o como suele decirse: “Para niños”, precisamente por eso, me ha hecho sentir con las mismas ganas de saber y de entender que de niña tenía. Por lo menos me ha ayudado, tengo que admitirlo, a volver un ratito a la ingenuidad…

Un ¡bravo! para los programadores e ingenieros informáticos.
Y un ¡perdón! para los que programen y construyan a mi futura enfermera.




