TRAZOS Y SEGMENTOS: AUTENTICIDAD

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La RAE define autenticidad como algo cierto, verdadero, legitimo y seguro.

 

Foto de javier albuja en Unsplash

Para mí la autenticidad es una patata llena de tierra y no una manzana encerada para que brille. Es el llanto sonoro y persistente de un bebé que clama por su biberón, no las lágrimas fingidas de la traición que se atreve a reclamar un perdón interesado. Es una cara limpia sin maquillaje, es el espejo que te devuelve tu mirada…

En esta caverna de sombras nadie sabe a ciencia cierta a quién tiene de frente, ni siquiera si ese “quien” es alguien que desde antaño conoces. La autenticidad de tu perro cuando te recibe con saltos de alegría no puede compararse, en la certeza de su sinceridad, a la de aquel que te abraza cuando triunfas. Nunca podemos estar seguros ni siquiera de nuestros propios sentimientos, cómo estar seguros de los sentimientos ajenos.

Aun lo anterior, auténtico es el amor que se siente por los hijos y por los progenitores. Autentico es el dolor del error que cometemos al herir a otros injustamente o por descuido. Auténtico es el sentimiento de frustración e impotencia al no poder hacer nada para ayudar a sanar a los que más amas. Auténticos son el cansancio y el aburrimiento que sientes por la charla cansina de aquellos que sólo hablan por romper el silencio que no soportan.

Auténticos son: la paz que te da la naturaleza, la alegría que te produce tu música preferida, el dolor de una parturienta, el sufrimiento de una madre que despide al hijo que se va a la guerra…

Foto de Patricia Prudente en Unsplash

Para mí no hay nada más autentico que el amor a mis hijos y a mi persona. Con todas mis contradicciones, traumas, defectos y virtudes me quiero a mi misma tanto como a los que más quiero, aunque sin dudarlo daría mi vida por ellos.

Sé que entre los especímenes de nuestra naturaleza humana hay mucha más autenticidad y bondad que falsedad y maldad; pero la maldad y la falsedad hacen tanto, tanto daño, que sus ecos superan con creces los ecos de sus contrarias. Tanto es así, que de aquellos que controlan el mundo, esos pocos seres poderosos de quienes dependen la guerra o la paz, la hambruna o la abundancia, es muy difícil entresacar seres que merezcan el calificativo de auténticos y no digamos de bondadosos. Suelen ser caníbales con aspecto de filántropos.

Por supuesto yo creo que la luz vence a la oscuridad, creo en lo que he dado en llamar “justicia subterránea”, porque se encuentra debajo de todo acto de maldad para engullirlo y vomitarlo después a la superficie.  Estoy convencida de que nadie escapa a su “campanita conciencia”; de una manera o de otra acabamos pagando nuestras deudas, aunque nos parezca improbable y pensemos que los malvados están rodeados de buena suerte.

Volviendo a la autenticidad, decir que es la madre de todo lo memorable, bueno y bello que la humanidad ha logrado hacer en todas las materias: obras artísticas, arquitectónicas, de ingeniería, progresos científicos en general, obras filosóficas o de cualquier otra clase; porque la autenticidad es la hermana siamesa de la libertad y sin libertad no existe una sola obra que merezca el titulo de buena y bella.

No me imagino a Miguel Ángel esculpiendo su David con grilletes en las muñecas o en la mente; No me imagino a Galileo diciendo que la tierra no se mueve alrededor del sol; no puedo imaginar a Nietzsche escribiendo sus obras sin la libertad de decir “Dios ha muerto”…; ni a Giordano Bruno renegando de su pensamiento para no morir en la hoguera. Todos y cada uno de ellos más los interminables genios, que por no cansar no nombro, fueron auténticos, fueron libres.

La autenticidad requiere la salida del rebaño, abrir brechas nuevas por donde construir caminos. Es difícil, muy difícil ser auténtico, ser libre. Hace falta mucha valentía y desprendimiento, porque decir la verdad cuando es necesario puede costar muy caro.

Una cosa son las mentiras piadosas o las excusas simpáticas para no herir y otra: herir faltando a la verdad. Todos mentimos por diversas razones y a veces es necesario, pero eso no es dejar de ser auténticos. Dejar de ser auténticos es vivir con la careta y no quitársela ni frente al espejo. Es no atreverse a ser quien se es, no tener el coraje de admitir los errores y pedir perdón de corazón y de acción rectificada.

Sin duda los frutos de la libertad y de la autenticidad son los más jugosos, los más exquisitos y los más bellos; pero también son los más caros. Aún así, siempre merecen el precio.

Una gran mujer, Frida Kahlo, dijo:

“Al modo clásico para aprender utilicé un modelo: yo misma. No fue fácil; por más que una misma sea el tema más evidente, también es el más difícil.”

Un gran escritor, Oscar Wilde, dijo:

“Sé fiel a ti mismo, todos los demás puestos ya están ocupados.”

Un hombre valiente, auténtico y libre; uno de mis filósofos preferidos, Giordano Bruno, dijo:

  • “En cada hombre, en cada individuo se contempla un mundo, un universo.”
  • “Así pues, donde estaba la Osa, por razón de ser ese lugar la parte más eminente del cielo, se coloca la verdad, que es la cosa más alta y más digna.”
NICOLE SHENTING: Vía Láctea universo cráneo del universo. Poster de seda.

Después de lo dicho por ellos, poco puedo yo decir en favor de la verdad, de la autenticidad, de la libertad; salvo que una de las cosas que más me duele en este mundo es recordar las veces que me he negado a mí misma, las veces que he usado la careta por miedo, por conveniencia, sin que al final convenga. No han sido más que las de cualquier otro ser humano normal y corriente como yo; pero eso no me resta la vergüenza.

A estas alturas voy aprendiendo y cada vez soy más YO; nada especial, pero única, como todos los demás.

 

2 COMENTARIOS

  1. Sí, para nosotros mismos, como decía Frida, somos el modelo más exclusivo.

    gracias por comentar, Carolina.

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