Introducción
El proyecto “Tierra de Campos”, es dar a conocer los diferentes aspectos de la presencia del hombre sobre estas tierras, para mostrar la huella que dejamos a nuestro paso.
La intención es ver la situación de unas construcciones (los palomares), que en su día tuvieron una utilidad y hoy por diferentes motivos han sido abandonadas a su suerte.
Es una reflexión sobre las realidades del abandono, así como una crítica a la sociedad, en un entorno de poblaciones medio abandonadas por la despoblación, la emigración a las grandes ciudades y por ende el de los palomares abandonados a su suerte.
Es un trabajo optimista, un remover las conciencias y no olvidar nuestro pasado que nos ha configurado lo que somos hoy como personas y sociedad.
El proyecto está basado en cuatro pilares fundamentales: Palomares, Paisaje, Pueblos y Aperos. Haciendo un hincapié especial en los palomares, por ser una parte fundamental del paisaje terracampino.
Las imágenes y la arquitectura de los palomares se han quedado con nosotros, fijadas en la memoria desde nuestra infancia o desde el primer día que pisamos, Tierra de Campos. La armonía e integración en el entorno (paisaje) se unen a la admiración e interés por conocer el origen y la historia de cada uno de ellos.
¿Cuál es su origen?, ¿Desde cuándo existen?, ¿Cuáles y donde fueron los primeros?, ¿Qué interés tuvieron en la economía doméstica?, ¿Qué nos pueden contar de sus constructores?, ¿Por qué se abandonaron?
Estas y otras preguntas son las que me han llevado a hacer un trabajo de investigación, que intentaré ir desgranando a lo largo de este libro.
Intentando dar respuestas a mis preguntas, comencé a fotografiar y recorrer estas tierras, en 2018. En un primer momento centrándome en el elemento que más me llamó la atención, “los palomares”. Según recorría caminos y pueblos, mi mente se iba abriendo cada vez más a otros elementos que iban respondiendo a mis preguntas.
El palomar ha sido el eje de mi trabajo. En el, he centrado parte del esfuerzo como elemento más representativo dejando el resto, como el complemento perfecto que adorna y decora Tierra de Campos.
Después de recorrer más de 90 poblaciones y de hacer más de 2.500 fotografías, sin la pretensión de registrar la totalidad de los palomares, ni visitar todas las poblaciones de esta tierra, de tan vasta extensión, ni indagar de modo exhaustivo en numerosas fuentes documentales existentes, ni aspiro tan poco a establecer una visión categórica y definitiva. Todo esto formará parte de un trabajo futuro.
Se calcula que hay unos 3.000 palomares solo en Tierra de Campos, formando la mayor concentración de palomares del mundo. Algunos autores elevan esta cifra hasta los 7.000, y en su máximo esplendor llegaron a haber hasta 10.000.
Castromocho, con sus 19 palomares, los mismos que tiene Boadilla del Cami1950no. Le preceden Torremormojón con 23 y Támara con 21. En la provincia de Palencia.
En , el maestro campanero Joaquín Alonso llegó a contabilizar desde la torre de la iglesia de Villarrin de Campos, 90 palomares; en el año 1999 la cifra era de 69. En 2012 de solo 50 y en la actualidad no llegan a 40.
El patrimonio histórico de un país es parte de la memoria de una nación, legado que conforma el perfil de un territorio y explica su identidad. Por ello, los sitios patrimoniales tienen valor intrínseco por constituir la base de la diversidad cultural y del desarrollo social.
Los palomares forman parte de esta herencia social y su investigación adquiere significativa importancia al contemplar, a medida que corren los años, su paulatino deterioro.
En la toma fotográfica, donde la imagen esta preferentemente referida al palomar en el campo, se ha procurado que el horizonte coincida con el centro de la imagen, dando el mismo peso visual al cielo que a la tierra. Al ser una zona eminentemente agrícola, tan importante es la tierra que da el fruto, como el agua de lluvia para el regadío, y como dice Miguel Delibes “Si el cielo en castilla es tan alto, es porque lo levantaron los campesinos de tanto mirarlo”
Palomares: son unas construcciones típicamente agrarias, rurales. Su finalidad es dar cobijo confortable a las palomas y facilitando su anidamiento, teniendo como aprovechamiento los pichones para el sustento y la palomina como abono.
Los palomares con construcciones de planta circular, las más. De forma cuadrada o rectangular y en raras ocasiones poliédrica. Todos ellos disponen de solo una pequeña puerta de acceso y troneras superiores para el paso de las palomas.
Los hay con patio interior y otros sin él. En este caso el tejado puede disponer de diferentes niveles, con lo que se llega a tener un aspecto en muchas ocasiones muy atractivo visualmente y rematados con motivos ornamentales.
Los palomares de Tierra de Campos son ricos en sus formas arquitectónicas y su sinfín de detalles decorativos, que los hacen únicos en su tipo.
El origen de los palomares en Tierras de Campos no está muy claro. Muchos autores sostienen que se remonta a la época de cuando los romanos estuvieron en la península, basándose sobre todo en la similitud de la disposición de los nichos para las palomas con los columbarios romanos como enterramientos.
Muchos de los palomares actuales, fueron construidos durante los años 1920 y en especial en la posguerra, siendo en aquellos años un medio de manutención de la familia. La edad media de los actuales palomares se estima en unos 100 años.
En Tierra de Campos el cultivo del cereal se estabilizo con la dominación romana y quizá por ello se desarrollase la cría de las palomas, por un lado, para utilizar sus excrementos –la palomina- como fertilizante, y de los pichones como alimento.
Por su importancia en la economía familiar, el propio derecho romano estableció ciertas normas de caza y cría de palomas. Son relativamente abundantes la citas acerca de las palomas en los autores romanos y uno de ellos, Lucio Junio Moderato Columela, que puede ser considerado entre de los mejores tratadistas agrónomos de la Antigüedad, además de poeta, astrónomo y filósofo, en su obra “De Re Rustica“ deja testimonio de las actividades agrícolas y ganaderas que practicaban los romanos.
En la Edad Media la posesión de palomares era un privilegio reservado a los señoríos en lo que se llamó “derechos de palomar”. Los señores podían ceder a sus súbditos el cuidado de los palomares a cambio de la mitad o una parte de los productos: pichones y palomina. Como ejemplo de la protección de estos derechos es conocida la ley dada por Enrique IV en las Cortes de León y Castilla en 1465.
En la actualidad, el palomar ha perdido su importancia, de una parte, ya no ocupa un lugar predominante en la economía familiar, y el consumo del pichón, no tiene la demanda que en su día la tubo y por otro, la introducción de fertilizantes industriales, ha sustituido totalmente a la palomina como abono. Esto unido a la despoblación hace que muchos palomares estén abandonados.
Cantados por poetas y escritores que han visto en la decrepitud de sus cubiertas y las grietas de sus tapiales un vivo reflejo de la decadencia de estas tierras durante siglos, el palomar es el símbolo de la arquitectura popular de estas comarcas. Lo que es la palloza al Bierzo, la casa semicircular a Laciana, el horreo a la montaña, es el palomar a la Tierra de Campos. El escritor Emilio Salcedo dice de los palomares de Campos: «El palomar aquí, en la altiplanicie, tenía la estructura circular del molino de viento, pero no molía más que el zuero o arrullo de la palomada y se defendía como fortaleza de las rapaces del viento y era a la vez como un pozo en cuyo interior el ave sagrada, símbolo espiritual de la nueva cristiandad, encontraba su morada».
Jesús Torbado, escritor por excelencia de la Tierra de Campos, dice: «A la salida del pueblo están los palomares, cuadrados o circulares, caprichosas construcciones adornadas de yesos y cerámicas, agujereados por todas partes, sobre los que las palomas grises se abaten como benéficas nubes. Los palomares de Campos se parecen un poco a los hórreos galaico-asturianos, si bien, aquéllos están construidos con adobes… siguen en pie por azares de las estaciones; las palomas engendran porque los trigos crecen sin que tampoco nadie les ordene. Las palomas mueren niñas en las cazuelas campesinas de barro o bajo el plomo de los cazadores…».
Los estudiosos han puesto el origen del palomar en Roma, Roldán Morales en su trabajo de Tesis doctoral «Palomares de barro en Tierra de Campos», sustenta esta opinión dando planos de edificios romanos similares a los de algunos palomares. Según este autor, fue introducido por los romanos en la Península. Martín González, que ya había apuntado la misma teoría, afirma además que “el palomar es un tipo de construcción que no ha variado a lo largo de su historia, porque tampoco han variado la función ni las exigencias de sus inquilinos, es lo que él llama «arquitectura popular de larga duración».
Tienen una expresión material absolutamente sobria tanto a nivel plástico como a nivel compositivo. Este aspecto se une al ingenio, sencillez y la economía de la construcción. Estos palomares que surgen tanto aislados como en grupo constituyen de por sí un exponente muy claro de una parte de la arquitectura tradicional de Tierra de Campos.
La palabra palomar es de origen provenzal, no del latín donde estas construcciones se nombran con la voz columbarium. El provenzal que utiliza el término palom para designar a las palomas que viven en estado salvaje, y el de colom para las caseras, ha prestado aquel término al castellano.
Los palomares han sido más estudiados que otras edificaciones de la arquitectura vernácula de la zona, construidos en tierra como la gran mayoría de las edificaciones.
Según algunos estudios, esta arquitectura no ha cambiado mucho en el transcurso de la historia, ya que las exigencias de sus “inquilinos” han permanecido invariables durante siglos. Pero, ¿dónde radica el origen de estas insólitas construcciones involuntariamente puristas y limpias que enmarcan las llanuras de la Meseta, sobre todo en las comarcas palentinas de Tierra de Campos y El Cerrato?
Los palomares están construidos fundamentalmente de barro, como también lo están las casas de las gentes que viven en estas tierras. Dicho material, que puede adoptar las formas de tapial o de adobe, tiene la ventaja del buen aislamiento térmico y acústico, necesario para la cría de las palomas. Como el barro es atacable por el agua, las construcciones deben empezarse con una buena base de piedra, para posteriormente disponer varias hileras de tapial y rematar con el adobe. Suele recubrirse toda la estructura con otra capa de barro -el trullado- y un encalado. El tejado de los palomares es también el tradicional: madera, capa de barro y teja árabe. Para los motivos ornamentales se utiliza el ladrillo y la cerámica.
De la existencia de palomares como edificaciones autónomas tenemos noticias por Fueros de algunas poblaciones de estas tierras, como el dado por la reina Sancha a la comarca de Valdesaz de los Oteros, el 8 de abril de 1064, que dice “si en heredad ajena plantase viñas o levantase palomar… lleve la mitad a donde quiera».
De igual forma se expresa el Fuero dado por la condesa Sancha Ponce a Villarratel, el 4 de febrero de 1169: «si alguno de los que moráis en nuestra villa plantase viñas u otros árboles o edificase palomar… mientras viva en solar nuestro hágalo suyo…».
Están construidos de adobe y tapial, aunque muy modernamente se utilice sobre todo en los revestimientos el ladrillo. Los tradicionales están revocados con barro mezclado con paja, igual que las viviendas, y algunos con cal. Circulares, cuadrados, poligonales, siempre cerrados sobre sí mismos, con una única puerta pequeña de acceso a un interior donde se multiplican los nichos para anidar las palomas. Las formas muy variadas y vistosas, con remates de pináculos, filigranas, cerámicas y todo tipo de adornos que nunca se verán en otras construcciones por estas tierras. Se construyen, salvo muy rarísimos casos en que se encuentran en el casco urbano, a las afueras del pueblo, ni tan cerca que las palomas de suyo huidizas sean espantadas por las gentes vecinas, ni tan alejados que sean presa fácil de ladrones y cazadores furtivos que operen a sus anchas a espaldas del dueño. En muchos pueblos forman conjuntos pintorescos donde sus formas circulares o cuadradas, recortándose sobre la plenitud de barbechos y rastrojeras de la llanura, rompen la monotonía de una tierra que no tiene horizontes.
De entrada, hay que hacer dos grandes divisiones: atendiendo a la forma geométrica, y a que tengan o no patio central.
Desde el punto de vista de la forma, se pueden dividir en circulares, cuadrados, rectangulares y poligonales, cada una de estas formas puede tener un patio central o carecer de él. La existencia o no del patio central condiciona en muchos casos el sistema de cubrición, así los que tienen patio central pueden tener cubierta a un agua, hacia el interior, o a dos aguas para lo cual tienen un cumbrero en el centro que vierte las aguas hacia adentro y hacia fuera.
Los circulares pueden estar formados por una única pared, la que se aprecia al exterior, con nichos en su parte interior, o pueden estar formados por anillos concéntricos. Cuando los palomares están formados por paredes concéntricas suelen estar a una distancia que permita a un hombre ascender a la cima, escalando por ambas paredes al tiempo, con las piernas abiertas apoyándose en los nichos.
Los rectangulares y cuadrados, cuando están cubiertos a un agua, pueden tener una sola pared de nichos, la exterior, o varias. Cuando tienen varias pueden estar colocadas perpendicularmente a la pared donde se encuentra la puerta, o paralelas a ella. Cuando estas formas tienen un patio central, pueden tener paredes concéntricas. En este caso, las paredes interiores tienen nichos a ambos lados.
Estas mismas soluciones se pueden encontrar en los poligonales y mixtos. Pero hay que hacer la salvedad que cada palomar es un caso, ya que cada albañil ha solucionado su problema de una manera. Tampoco es raro encontrarse divisiones arbitrarias, fruto la mayoría de las veces del reparto de las herencias.
Martín González cree que el palomar ha tenido mucho auge en el s. XIX y de aquí provienen la mayoría de las formas que recuerdan construcciones orientales, y el gusto por la decoración recargada en los remates. Las decoraciones de remate de los guardavientos suelen ser muy diferentes, están hechas normalmente de cerámica, teja y ladrillo, recubiertos con yeso o cemento.
Los nichos, nidales o neales están hechos en las mismas paredes. Cuando la pared es de tapial, el albañil, después de construir la pared, entrega a los obreros una plantilla semicircular y con ella trazan la línea exterior y después, con una piqueta, consiguen un orificio de cuarto de esfera que es la forma más común de este tipo de nichos. Cuando se construye con adobe, se dejan los orificios correspondientes colocando de trecho en trecho los adobes haciendo puente. Los nichos, dentro del palomar, pueden estar colocados en paralelo con líneas superpuestas, en diagonal de arriba abajo, o al tresbolillo, este sistema no se emplea cuando los nichos están construidos con adobe.
El interior de los palomares está constituido por paredes gruesas donde se disponen los nichos semicirculares para que aniden las palomas y cuiden de los pichones. Dichos muros están dispuestos en forma de anillos concéntricos, en los palomares circulares, o en forma paralela, en los cuadrangulares. En el laberinto de esos pasillos reina un ambiente de sosiego y paz.
En Tierra de Campos es evidente que sólo tras la dominación romana pudo alcanzarse la estabilidad necesaria para que se desarrollase con éxito la agricultura del cereal. Quizás esto hizo necesario la cría de las palomas para proveerse de sus excrementos -la palomina- como fertilizantes, además de aprovechar los pichones como complemento cárnico a la dieta. Tampoco hay que olvidar la utilización de las palomas como ave ritual o como mensajeras.
El derecho a tener “torres palomares” con miles de palomas estuvo extendido por toda Europa durante la Edad Media y los siglos posteriores hasta la Revolución Francesa, en que fue abolido dicho derecho junto con otras prerrogativas de la nobleza. Pasaron entonces a los grandes terratenientes pues dada la gran extensión de sus tierras, las palomas podían vivir y alimentarse dentro de sus propiedades.
Las dimensiones de un palomar oscilan entre los 3 y 7 metros de altura, los 4 y 6 de anchura en los cuadrangulares y en los circulares entre los 8 y 12 metros de diámetro. El número de nidales puede oscilar desde unos pocos cientos a varios miles.
Configuración de “Tierra de Campos”
El ámbito Tierra de Campos no tiene unos límites precisos. Tradicionalmente se la identifica con el espacio antiguamente denominado Campos Góticos, pero en ellos tampoco hay unos límites definidos. Y es lógico porque hay zonas consideradas limítrofes que no se diferencian en nada de las tierras terracampinas.
La comarca de Tierra de Campos la forman desde los montes de León y Palencia; al sur con los Montes Torozos en Valladolid, y la Tierra del Pan en Zamora; al este, con el rio Pisuerga; al oeste, con el rio Esla, el páramo leonés y las estribaciones de las sierras de la Cabrera y de la Culebra. Todo en ella es uniforme: la constitución geológica, la disposición del suelo, el cultivo, el aspecto general de los campos, la aspereza del ambiente, la descompuesta y climatología, la ausencia casi sistemática de arbolado, la magrura de sus ríos y arroyos en cursos superficiales, la deslumbrante luminosidad del paisaje y la fisonomía de los viejos pueblos que jalonan con su rustica arquitectura, cuya principal materia constructiva es la propia arcilla del suelo endurecida al sol candente del estío.
Varios han sido los historiadores y personajes a lo largo de la historia que han ido configurando esta comarca, desde, la Primera Crónica General de España, al mencionar las ciudades que conquistó Alfonso I, identifica la Tierra de Campos con el territorio de Toro, dando por límites los ríos Esla, Carrión, Pisuerga y Duero.
Hasta la última y más completa en la actualidad, indicando las delimitaciones más precisas y detalladas de la comarca que se ha realizado fue obra del abogado, periodista y escritor riosecano Justo González Garrido, en su ensayo La Tierra de Campos. Región Natural (1941).
El medio Físico
Geológicamente los térreos que componen la Tierra de Campos son terciarios, generados en mayoría como el resultado del lento proceso de erosión ocasionado por los agentes meteorológicos sobre las capas superiores.
Desde un punto de vista físico-ambiental destacan dos unidades geomorfológicas, la campiña, que ocupa la mayor parte de la superficie, y el páramo compartido con la comarca de Montes Torozos. Estos páramos son plataformas techadas por una cobertura de calizas pontienses que se elevan unos cien metros por encima de las campiñas, llanuras modeladas en materiales blandos, poco contrastadas topográficamente y debidas sobre todo al efecto de la erosión. El conjunto es bastante uniforme y los únicos accidentes del relieve que interrumpen la campiña son algunos cerros testigos y colinas con las cumbres aplanadas, llamadas tesos. La horizontalidad del espacio define un paisaje homogéneo, favoreciendo un hábitat que ocupa el territorio de forma regular. Esta uniformidad del medio influye también en la aparición de un modelo típico de núcleo de población, que responde a las necesidades políticas y socioeconómicas antes que a la fisionomía del terreno. La geomorfología de la comarca es propicia para la agricultura y se puede afirmar que favorece la aparición de un paisaje agrario de campos abiertos con unos asentamientos que forman una malla casi isótropa, maximizando así la explotación del territorio.
La orografía no se ve demasiado influida por la red fluvial existente (formada por los ríos Cea, Valderaduey, Ahogaborricos y Sequillo), debido a la suavidad de sus interfluvios. Exceptuando el Cea, se trata de cauces de muy escaso caudal que atraviesan la zona de noreste a suroeste. La falta de obstáculos de las subcuencas y la tranquilidad de los cursos favorecen la labor agrícola y la movilidad dentro de la comarca. Existe otro factor que también ejerce una fuerte influencia paisajística: los suelos aluviales de las inmediaciones de los ríos, ricos y húmedos, que junto con la mayor altura de la capa freática, permiten una vegetación frondosa y la explotación de pequeños huertos.
El clima de Tierra de Campos es de tipo mediterráneo continental con un largo y frío invierno y unos veranos secos y cortos, que destacan por unas elevadas temperaturas diurnas. Estas altas máximas unidas a la bajada nocturna, debido a la irradiación y la altitud, provocan una oscilación térmica de unos 16 grados. Esto tiene unas fuertes repercusiones sobre la arquitectura tradicional, como la necesidad de construir muros de gran espesor para hacer frente a estas variaciones mediante la inercia térmica. Los conjuntos edificados presentan, por lo tanto, una considerable masividad y ausencia de grandes huecos. Las precipitaciones son moderadas por la alta frecuencia de cielos despejados, pero irregulares a lo largo del año, concentrándose en las estaciones de otoño y primavera. Esto permitió la construcción de cubiertas con poca inclinación, que acentúan la extrema horizontalidad del paisaje.
Otra singularidad de la comarca es la práctica inexistencia de vegetación arbórea, exceptuando algunas manchas de monte de encinas y robles en los límites con los páramos.
El medio Humano
El más antiguo testimonio humano en el territorio procede de los vacceos, pueblo prerrománico que practicaba una agricultura colectivista y una ganadería trashumante. Estas dos actividades económicas primordiales han pervivido hasta hoy, dando lugar a la cultura propia de la comarca. A nivel espacial existía ya una estructura descentralizada basada en los oppida, pequeños núcleos fortificados que articulaban el territorio y organizaban la economía local (Hernández García, R., 2011). Se suceden después las etapas de dominación romana y visigótica, que apenas alteran este sistema de asentamientos. Pero esta situación termina con la entrada de los musulmanes en la Península Ibérica, pasando a ser un territorio fronterizo casi despoblado entre los cristianos y los árabes. Las incursiones militares y las migraciones afectan a los núcleos, que pierden poco a poco su población y no es hasta el siglo IX cuando la comarca se repuebla durante la primera fase de la Reconquista, originándose muchos de los núcleos actuales. En algunos casos se aprovechaba el primitivo emplazamiento defensivo, llamado castro, mientras que en otros se fundaban nuevas villas fronterizas por parte de los reinos de León y de Castilla (Benito Martín, F., 2000). Según relata Justo González Garrido (1941), estos asentamientos se desarrollaron inicialmente “por medio de pequeñas explotaciones rurales, que a veces señoreaban algunas aglomeraciones urbanas”. En este momento clave, la Baja Edad Media, se estructura definitivamente el territorio.
Los Palomares en la Historia
La cultura Romana
Roma desarrolló la cría de palomas, como una actividad complementaria de la agricultura, de manera que no era raro ver pichones en los mercados de las ciudades romanas, como un producto alimenticio más, ni fueron extrañas las recetas culinarias que los elaboraba, ni el adiestramiento en la mensajería, sobre todo en las campañas bélicas, como tampoco lo fue la paloma criada para fines litúrgicos o rituales.
Aunque también, otras civilizaciones del Mediterráneo antes que ellos, como la griega apreciaron la cría y uso de las palomas, figurando las torcaces ya en los siglos V y VI a. de J.C., como manjar en las mesas atenienses. La racionalización de la agricultura y su incorporación a las tierras de Iberia a través de la romanización, parecen marcar el inicio de los palomares en nuestras tierras.
Por su importancia en la economía familiar complementando la obtención de otros recursos, el propio derecho romano estableció ciertas normas de caza y cría de palomas y son relativamente abundantes, la citas acerca de las palomas en los autores romanos. El derecho romano cuando trata de “los medios para adquirir la propiedad de algún bien”, alude a la caza y pesca, como medios de obtener bienes
“ Sólo pueden ser cazados los animales salvajes ( ferae bestiae) o los domesticados que hayan perdido el animus revertendi o hábito de volver a la casa del dueño, como las palomas, ciervos, etc.; nunca los domésticos, como gallinas, caballos, etc. Discutido era entre los jurisconsultos romanos si el animal herido y perseguido se hacía ya propiedad del cazador o se requería la efectividad de aprehensión”.
Los Celtas
Algunos especialistas, entre ellos Lámperez, creen ver en las palomares pervivencias célticas, posiblemente por la similitud de los palomares de planta circular con los castros, introducidos por estos pueblos, que llegan a la península a través de los Pirineos y el océano Atlántico.
Roldán en su estudio de los palomares en Tierra de Campos expone la teoría de que los celtas ya utilizaban el adobe en sus construcciones “según hallazgos de casas circulares de adobe”, aunque creemos esto no es demostrativo de la influencia celta en dichas construcciones.
La Edad Media
En la Edad Media, los palomares adquieren en casi todos los reinos de la Península Ibérica gran importancia y su propiedad estaba ligada a los señores feudales, puesto que suponía un privilegio reservado a los señoríos, constituyendo “derecho de palomar”, muy codiciado, porque hacía recaer en los campesinos el cuidado, alimento y mantenimiento de los palomares.
De ello nos han quedado abundantes testimonios escritos, documentos de los reinos medievales de la península: Archivo de Simancas, Archivo de la Corona de Aragón y Archivos del Principado de Cataluña. Resulta muy interesante la investigación llevada a cabo para Cataluña a comienzos del siglo XX por Carreras i Candi, recogiendo documentación desde el siglo IX, en que menciona cesiones de palomares y donativos a particulares y a las Órdenes religiosas, llevados a cabo por señores feudales de algunos condados catalanes.
Los señores solían explotar los productos de las palomas en sus torres palomares, siendo propietarios de todo el conjunto o encargando a los súbditos enfiteutas que los trabajasen a cambio de un canon en especie o tributo de palomar. Son muchos los documentos medievales que hacen alusión, de una manera u otra, a la reglamentación de la cría de palomas, la caza, la concesión de palomares y los tributos.
Ley de protección del palomar por Enrique IV. 1465.
Esta ley, otorgada por el rey en las Cortes de León y Castilla, Enrique IV, hermano de Isabel la Católica, a quien precedió en el trono, hizo aprobar en 1465 una “Ley de Protección de los Palomares”, que preveía, entre otras cosas, severas penas para quienes mataran palomas ajenas, lo que demuestra la importancia de los mismos en época medieval. Obedece a las quejas de los propietarios de los palomares por los cazadores furtivos que despueblan los palomares, estableciendo por tanto unas normas de protección de las palomas y los palomares. En la época feudal el palomar era un privilegio, pero al perder peso la nobleza pasó de símbolo de señorío a constituir una actividad ganadera. Aumento, la compraventa del palomo y de la palomina como fertilizante.
“Otros y muy esclarecido rrey e sennor, vuestra alteza sepa que en muchos logares deste rreyno avian e han por cosa de gran utilidad fazer e tener casas de palomares para criar e tener palomas, de que allende de sus duennos se proueyan otras gentes asaz, pero segund el danno que han rrecebido e rresciben de cada dia en queles han matado e matan las dichas palomas algunas personas con ballestas e otras con rredes e lazos lazos e otras armacas, asy en los mismos palomares e cerca dellos como como fuera, e lo que se estima por mayor querella e danno es que si los duennos de los dichos palomares e palomas o otros en su nombre lo quieren rresistir e rreclamar, han seydo e son ynjuriados de dicho e de fecho de las personas que asy gelas matan, por manera que han tomado ser el mejor rremedio derribar e despoblar los dichos palomares. Sobre lo qual suplicamos a vuestra rreal sennoria quele plega de ordenar a mandar que ningunas personas non sean osadas de matar las dichas palomas nilas tomar, mandando castigar e penar alos quelo contrario fizieren delo qual se seguira que enlos logares son dyspuestos para criar las dichas palomas, ayan voluntad de hazer e tener palomares.
Aesto vos rrespondo que dezides bien e me plazes delo prouer e mando que persona ni personas algunas de qual quier estado e condición que sean, no ayan osadia de tomar palomar ni palomas algunas ni les tiren tiren con vallesta ny arco ni piedra ni en otra manera, ni sean osados delas armar con rredes ni lazos no con otra armaca alguna en derredor de donde quiere palomares o palomas, e hordeno e mando quel quelo contrario fiziere que el mismo fecho pierda la ballesta o rredes e armancas e sa de la persona o personas que gelo tomaren, e que por cada paloma pague sesenta mrs. La mitad para el duenno de las dichas palomas e la otra mitad para el juez quelo executare, e mando a quales quier mis justicias corregidores e alcaldes e merions que executen e fagan fagan e manden executar enlas tales personas que hazen las dichas armancas e maten las dichas palomas lo hazen encubierta e secretamente, por manera que los que asi rresciben el dicho danno no lo pueden aueriguar e prouar, para rremedio delo qual a las dichas justicias qualquier dellas, que sy el duenno de tal palomar o palomares hizieren juramento en forma deuida de dercho que halló ala tal persona haziendo el dicho danno, que tal juramento se rreciba por entera prouanca para que en los tales se execute la dicha pena o penas”.
“…e mando que persona ni personas algunas de qual quier estado e condición que sean, no ayan osadia de tomar palomar ni palomas algunas ni les tiren con vallesta ny arco ni piedra ni en otra manera, ni sean osados delas armar con rredes ni lazos no con otra armança alguna en derredor de donde quiere palomares o palomas, e hordeno quel quelo contrario fiziere que el mismo fecho pierda la ballesta o rredes e armanças e sa de la persona o personas que gelo tomaren, e que por cada paloma pague LX mrs. La mitad para el duenno de las dichas palomas e la otra mitad para el juez quelo executare…”
Futuro de los Palomares
Actualmente hay un movimiento por parte de entidades públicas y asociaciones privadas que se están volcando en la conservación, mantenimiento y recuperación de los palomares, lo que nos garantiza de que al menos una parte de ellos sigan con nosotros.
Fotografías y texto extraído del libro “Tierra de Campos y Palomares”. Libro de autor finalista en el VII Premio Libro de Artista, de la ciudad de Móstoles, que además formó parte de la exposición.






















