SUDÁN. LA PRIMERA PALESTINA

0
37829
93

El conflicto en Sudán, para ser sinceros, no es simplemente una guerra que está lejos, es como una tormenta de fuego que ha destrozado las vidas de miles de personas. También desplazó a millones, ¡imagínate! Esto dejando heridas que son bastante profundas en un país, uno que ya tiene sus cicatrices históricas.

Más de dos años atrás, el sonido de los cañones y el miedo que recorría las calles de Jartum definieron el ritmo de una nación. Es una nación que está batallando para sobrevivir en medio de la violencia, esa violencia que se desató, y con una desesperación que se ve a diario.

Ahora, hablemos de los orígenes del conflicto; es como una guerra que no apareció de la nada, sabes. Para que entendamos lo que pasa hoy, debemos mirar atrás, a su historia. Sudán ha pasado por décadas de tensión, golpes de Estado, y guerras civiles. Pero este último estallido, el de abril de 2023, es diferente, tiene su propia marca. La cosa comenzó con una pelea por el poder entre dos gigantes: el ejército regular, que estaba liderado por el general Abdel Fattah al Burhan. Y por otro lado, los paramilitares de las Fuerzas de Apoyo Rápido (FAR), ¡comandadas por Mohamed Hamdan Dagalo!, o como lo conocemos, Hemeti.
Claro, aquí está la versión con las modificaciones solicitadas:

Todo comenzó como una simple disputa por el control de lugares importantes… ya sabe, el palacio presidencial, los cuarteles, los aeropuertos, cosas así, pero pronto, ¡muy pronto! se transformó en un infierno, devorando vecindarios completos.

La raíz de todo este problema, si me pregunta, es la lucha por el poder y los recursos, claro, pero también, la verdad sea dicha, se encuentra en la debilidad del gobierno, que como que nunca se recuperó realmente después de que Sudán del Sur se independizó. Esa rivalidad, entre los que antes eran, digamos, aliados a regañadientes, explotó cuando ya no pudieron más, la tensión había llegado al tope. ¿El resultado? Pues una guerra abierta, donde, a juzgar por todo, nadie parece estar dispuesto a dar un paso atrás.

Y la situación actual… pues, una nación en llamas.

Hoy, Sudán, ay, es un país completamente roto. Los combates no se quedan solo en Jartum, la capital, sino que se extienden por todos lados, Darfur, Kordofán, y otras regiones también. Los bombardeos, los disparos, las matanzas… son el día a día de esta gente. Vecindarios enteros convertidos en ruinas, hospitales y mercados robados, y, la población civil… ellos, los que pagan el precio más caro.
Mira, la vida diaria se ha vuelto casi una odisea, ¿sabes? La gente corre desesperada por agua, comida, ¡y un rincón tranquilo para dormir!

La verdad es que la crisis humanitaria es algo que parte el alma, realmente lo es. Imagina esto: la ONU dice que más de diez millones de personas han tenido que abandonar sus casas. Algunos se van a Sudán del Sur, a un país donde la paz es tan delicada que parece que podría romperse con tanta gente, más de un millón de refugiados. Otros… se quedan, atrapados como entre dos fuegos, con la horrible incertidumbre de no saber si volverán a ver a su familia mañana.

Es que la violencia… no respeta a nadie, ni la edad, ni el sexo. Mujeres, niños y hasta los abuelos, huyen con lo poco que pueden llevar, mientras las milicias y el ejército se pelean por el control de las calles, los hospitales y hasta los mercados. Ciudades como Nahud, ¿sabes?, allí los ataques han matado a cientos de civiles ¡en solo unos días! Y encima, el saqueo de los hospitales y la destrucción de lo básico, de la infraestructura… hace que sobrevivir sea como una lucha diaria, ¿me entiendes?

¿Y los muertos y heridos? ¡Ah, eso es lo peor! Un dolor… sin números exactos, una herida abierta.
El Ministerio de Salud de Sudán, con suma prudencia, está informando sobre al menos 12.000 muertos, aunque, vaya, admiten que otras estimaciones sugieren un número mucho mayor, alcanzando las 33.000. La realidad es que la verdadera cantidad de vidas perdidas sigue siendo un misterio, ¿sabes?, porque el caos imperante y la violencia galopante dificultan horrores el llevar un recuento preciso. Sumado a esto, hay miles de heridos, y, lamentablemente, muchísimos no logran acceder a la atención médica que necesitan, ya que los hospitales han sido arrasados o se encuentran sitiados, una situación terrible.

El sufrimiento de las familias aumenta, como si esto fuera posible, cada día. Piénsalo un poco… Imagina a una madre que pierde a su hijo en un bombardeo espantoso, o a un anciano que sobrevive a un ataque en el mercado, pero, de repente, se encuentra sin hogar y sin comida. El sufrimiento, sabes, no solo se refleja en simples números, sino en las innumerables historias de desesperación y resistencia, esas que se repiten en cada rincón de este país.

Intervención de las potencias mundiales: un juego de ajedrez geopolítico
Y esto es importante: el conflicto sudanés no es solamente una tragedia local; más bien, es un campo de batalla donde las grandes potencias mundiales están jugando con sus barajas.
Rusia, por decir algo, ha metido más gente allí, ¿sabes? Están dando ayuda militar al ejército, y además quieren poner una base de barcos en Puerto Sudán. Las pláticas entre los rusos y los que mandan en Sudán no paran; y Moscú ha dicho que dará «ayuda militar sin límite» a cambio de tratos importantes. Para el Kremlin, Sudán es como una entrada a África, una forma de tener más poder en el Mar Rojo.

Pero ojo, Rusia no es la única metida. Egipto, que siempre ha estado cerca del ejército sudanés, también se ha puesto a ayudar, pero la cosa es complicada, ya que tiene sus propios problemas y depende de gente como los Emiratos Árabes Unidos. Y adivina qué, ellos le dan apoyo al otro lado, los paramilitares de las FAR. Arabia Saudí, por otro lado, anda queriendo que la situación no se ponga peor, tratando de conseguir treguas humanitarias con Estados Unidos. A Estados Unidos le importa controlar la influencia de Rusia y promover la democracia en la región.

En resumen, esto se ha transformado en un forcejeo entre países que pelean por cosas importantes: recursos, caminos para comerciar y lugares estratégicos.
Mira, el asunto es una guerra que no se acaba, y es así porque cada país metido, de una forma u otra, le echa más leña al fuego que está destrozando Sudán.

Y sobre la respuesta de la comunidad internacional… bueno, es una mezcla rara entre la prisa y el total desinterés, ¿sabes? La ONU, por ejemplo, no para de pedir que manden una fuerza que sea neutral, para cuidar a la gente, pero el gobierno de Sudán dice que no, que el problema lo tienen que arreglar ellos.

Mientras tanto, la Organización Mundial de la Salud y otras organizaciones humanitarias están como locas intentando ayudar, pero la ayuda llega con cuenta gotas, y parece que el mundo ya se olvidó, ahora todos miran a otros problemas.

Tedros Adhanom, el mero mero de la OMS, ya alzo la voz y dijo que la comunidad internacional no está haciendo nada y que esto urge, antes de que todo se ponga peor. Los hospitales están llenos hasta arriba, no hay comida, y la violencia no para un segundo. La verdad es que, para mucha gente en Sudán, la esperanza se va con la luz del día, cada vez que amanece.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí