LIBROS ABIERTOS

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Me dices que soy como un libro abierto, y que por prudencia no es bueno porque me arriesgo a que desde fuera conozcan mis puntos débiles y que pueden ser utilizados en mi contra y, he de reconocer que no te falta razón, aunque no debes perder de vista que quién los utilice también evidencia su juego turbio, interesado, incluso despiadado.

 

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Podría, además, argumentar en defensa de la que tú consideras una actitud poco madura que, cuando uno no tiene nada que ocultar, lo mismo le da que descubran su auténtica personalidad, pero no lo voy a hacer porque, como he dicho, no te falta razón y no entiendo que deba defenderme de lo que es una opinión sincera por tu parte, ni tengo que justificarme de nada, soy como soy, y soy muy consciente de los riegos que corro, porque ya he experimentado las consecuencias del juego sucio de los que usan la amistad y, en general de las relaciones sociales en su propio beneficio, donde  prevalece la falta de reciprocidad frente a la confianza depositada en los otros. Y qué?, peor para ellos.

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De manera que, todo se traduce al final en juego de intereses, el interés que reporta a quien juega con cartas marcadas y a quien muestra las páginas de su alma tal y como son, o lo que viene a ser lo mismo, la prevalencia de la sinceridad frente a la manipulación, aunque con ello no quiero decir que nos tengamos que exponer ante cualquiera, porque aunque para mi sea un esfuerzo confiar en la naturaleza humana, todos necesitamos confiar y que confien en nosotros, lo que se traduce finalmente en darnos como somos mostrando el lado bueno y el lado oscuro que todos tenemos, todos. Pero, lo que es más importante, porque no quiero llegar a la paraoia del asislamiento basado en la desconfianza.

Ese es el problema de ser como un libro abierto, mostrar nuestras debilidades, nuestras frustraciones, nuestros errores, aunque todo va a depender finalmente de la lectura que hagan los demás, de manera que, no pudiendo cambiar la percepción de quienes nos observan y nos juzgan, no me compensa disfrazarme, ni de ángel ni de demonio, aparentar lo que no soy, o inventarme una vida ficticia.

Me cansan las vanidades, me aburre la pedantería, me da pereza escuchar a los que copian. Busco personas genuinas, verdaderas, sin adornos. Busco personas normales, o anormales si lo normal se ajusta a la norma, pero con una vida real, como la que yo muestro con sus blancos, negros y grises,  porque no me importa la imperfeccion, sólo la verdad, porque me gusta mirarme al espejo y que me guste  lo que veo, porque eso me permite conocerme y cambiar o, al menos intentarlo.

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En definitiva, me compensa ser como soy, a pesar de los descalabros. Me compensa la crítica, tanto la positiva como la negativa, porque me hacer aprender y crecer, y conocer a los demás jugadores en esta partida de la vida, a quienes juegan con una carta bajo la manga y a los que juegan limpio. Pero sobre todo porque me permite ser libre, sin más ambición que ser feliz.

Al final, cada uno es cada uno y sus caudunadas.

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