SÓLO UN PROPÓSITO PARA EL NUEVO AÑO

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Suele ser habitual al terminar  un año que los diferentes medios hagan un resumen de lo acaecido mostrando las imágenes con la  mayor crudeza buscando en la mayoría de las ocasiones ese sensacionalismo que pretende promover en las masas populares un impacto emocional con una finalidad estrictamente económica o de control que, aunque puedan conseguir cambiar la postura del individuo respecto al tema que se muestra,  no sin embargo  nuestra posición pasiva, pues nos mostramos como meros espectadores con la indolencia del sentimiento que no somos responsables de lo que sucede en nuestro entorno, cuanto más de aquello que acontece a  miles de kilómetros, incluso en nuestras propias fronteras, y todo porque resulta ser más cómodo echar la culpa a otros, a los que gobiernan, a las grandes corporaciones, a las grandes fortunas, a mentes torticeras o psicópatas, a la ambición desmedida de control, de poder absoluto, al fanatismo de acólitos dogmáticos.

Como mucho, los que tienen la valentía de interiorizar el desajuste social, político y económico, con el correspondiente caos de valores y principios que dignifican nuestra acción social, siempre surge la pregunta: ¿qué puedo hacer ante tanda inmundicia cuando quienes tienen que hacerlo no lo hacen o no lo saben hacer?.

Surge siempre el remedio del “otro” para intentar callar nuestras conciencias, siempre  surge el recurso  de echar la culpa a los demás olvidando que en cualquier grupo social en el que estemos integrados la acción individual siempre repercute en la general; empezando por la propia familia nuclear, subiendo poco a poco a los sucesivos grupos en que nos integramos, hasta alcanzar todo el orbe mundial, incluso más allá, al infinito universo.

Todo lo que sucede a nuestro alrededor es una respuesta a nuestra actuación movida por el  binomio acción-reacción, que si no es suficientemente interiorizada en el sentido de tomar conciencia con lo que hacemos y sus consecuencias nos llevará al caos que, como un castillo de naipes, afectará a estructuras superiores en las que nos integramos, desmoronándose sin remedio.

Somos responsables de todo porque vivimos en un todo relativo, esto es, en un vínculo con algo o alguien que, a su vez, lo mantiene con otro u otros, pudiendo llegar en esta cadena de vínculos continuos hasta el infinito; de manera que no podemos decir que nuestras acciones no tienen nada que ver con el caos mundial en el que estamos inmersos. Si la actitud de todos y cada uno de los seres humanos fuese lo suficientemente responsable en su entorno más reducido, evidentemente las cosas serían diferentes, no se trata más que de ser una buena persona, un buen padre, un buen marido, un buen hijo, un buen hermano, un buen vecino, un buen ciudadano.

Podría haber enunciado un sinfín de ejemplos de ese caos que en el último año han tenido lugar como un punto de partida de nuevos propósitos para este nuevo año que empieza, como “no a la guerra”, “no al hambre”, “no a la trata de seres humanos”, “no a la explotación de las personas más vulnerables”, “no al calentamiento del planeta”, “no a los refugiados que huyen de la pobreza o de una muerte segura”… para al final quedarme como he empezado, porque si queremos un mundo justo debemos empezar siendo nosotros mismos más justos, porque si queremos un mundo sin hambre debemos empezar siendo compasivos con la miseria más próxima, porque si queremos terminar con el calentamiento del planeta debemos empezar por ser más ecológicos con nuestro entorno controlando nuestros propios residuos, bien mediante el reciclaje o mediante un consumo más responsabile; porque si queremos un mundo sin guerra debemos empezar siendo más tolerantes con los que piensan diferente.

Debemos ser como esporas que contaminen nuestro entorno más inmediato terminando con la complacencia y la indolencia que nos arrebata el juicio de la autocrítica, esporas de la transmisión de un humanismo que no necesita de grandes hazañas, sino de pequeñas acciones desde la propia conciencia del honor y de la verdad. Sólo así conseguiremos poner orden en tanto caos. Siendo éste mi deseo para este año nuevo, el inicio del cambio, el inicio de un orden justo para todos que debe empezar por cada uno de nosotros.

 

 

 

 

 

 

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