ROBERTO

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Comencé aquella misma tarde a trabajar de mozo de reparto en la tienda de ultramarinos del señor Clemencio.

Eran tiempos en los que el trabajo escaseaba, y al amanecer, la Plaza de la Independencia se llenaba de hombres y mujeres dispuestos a hacer cualquier tipo de faena por penosa que fuera, para ganarse unas cuantas monedas y echarse algo de comer a la boca

…Las furgonetas llegaban puntualmente, a las seis y media…

-A ver, hoy necesito a diez hombres fuertes!!!. Hay que descargar diez camiones que acaban de llegar del Sur cargados de rollos de cable de acero….Se paga la hora a siete pesetas con comida incluida, habiendo «tajo» por lo menos hasta las doce de la noche…..venga que no tengo todo el día, quien se ofrece…..

Un montón de hombres se acercaban presurosos hasta el capataz, arremolinándose en torno a él…

-Yo, yo, Jefe!!!, mire, mire que brazos tengo…

…Y el pobre desgraciado hacia los mil y un gestos para demostrar su fuerza…..

-Ya, ya….ya veo…..Bueno….vosotros tres, tú, esos dos…..y el grupito ese de cuatro de mi derecha….venga que no tengo todo el día…..a la furgoneta…..!!!

El vehículo se alejaba por la larga Avenida y los demás se quedaban allí, mirando con ojos de alambre y tristeza, sabiendo que hasta el día siguiente no tendrían otra oportunidad….sólo deambular.

Poco a poco la plaza se quedaba desierta, sin alma….

Por eso, cuando aquella misma tarde, yo, un mozalbete de 17 años, con más hambre y huesos que el perro de un ciego, tuve la suerte de ver como don Clemencio, pegaba en ese mismo instante en el escaparate un cartel….»SE NECESITA MOZO DE REPARTO», vi que el cielo se me abría…..

….Corrí como si me fuera la vida en ello, entré en el ultramarinos y, de cuajo arranqué el cartel que no hacía ni un minuto estaba puesto…..

-Pero qué haces muchacho!!!! –dijo don Clemencio algo asustado-

Yo le mostré el cartel.

-Señor, yo soy el chico que anda buscando, cójame y no se arrepentirá. Seré el mejor mozo que haya tenido nunca, se lo aseguro, además usted me conoce desde que era crío y conoció también a mis padres, buena gente, nunca compraban nada de «fiado»…..se lo suplico Jefe, contráteme……

-Uhmmmm, -y me miró de arriba abajo-, está bien……ya no me acuerdo como te llamas?….

-Roberto, señor, me llamo Roberto……-y le miré con ojos de carnero degollado-

-Está bien Roberto….aquí la paga no es buena y el trabajo mucho, tendrás que limpiar todos los días las alacenas, meter los pedidos en la trastienda, fregar y barrer los suelos cada día y llevar los encargos a las casas de los clientes sabiéndote comportar, porque has de saber que tengo gente muy distinguida entre mi clientela……Que me dices?….Saldrás a cuatro pesetas al día más un bocadillo al día…..

-Que qué le digo??, que es usted un Angel, don Clemencio, que cuándo empiezo….!!!.

-Esa es la actitud que necesito, bien chaval, me gustas –dijo Clemencio frotándose la manos-..Pues hala!, ponte esta bata azul que vas a hacer tu primer trabajo en mi establecimiento….Entra en la trastienda, carga en el carro todas las cosas que verás apartadas a la izquierda y llévalas al número nueve de la calle del Rosal, cuarta planta, letra B.. pregunta por doña Sara…Ten mucho cuidado que son un montón de cosas y todas muy caras, que hay hasta un jamón serrano y sobre todo sé muy educado que es una de mis mejores casas y no quiero perderla…a lo mejor hasta te dan propina, quien sabe…..

Loco de alegría, cargué todo el pedido en el carrito y salí de la tienda camino a la calle del Rosal que no estaba muy lejos de allí, a escasos veinte minutos…..

Llegué algo sudoroso al portal ya que verdaderamente el carro iba lleno de cosas y pesaba bastante…..

Até el transporte a un árbol con una cadena y comencé a subir el pedido por una estrecha y oscura escalera de madera. Los escalones crujían con cada paso que daba y una extraña sensación de desasosiego llenó mi cuerpo….

Los más curioso de aquella casa es que en el primero, segundo y tercer piso, no había puerta ni vivienda alguna, únicamente, un rellano entre tramo y tramo de escalera y pintada en la pared, un pequeño signo en color rojo y las palabras «continúe hasta el 4ª»…..

Finalmente conseguí llevar todas las viandas a la cuarta planta, colocándolas junto a la puerta…..

-Pufff!!!, que sofoco!!!

Me limpié el sudor con la manga de la bata, me coloqué un poco el pelo, respiré hondo y llamé al timbre…..

En unos segundos se escucharon unos pasos lentos y sonoros, como los de unos tacones de mujer y la puerta se abrió…..lentamente…..

Ante mis ojos una señora de unos sesenta años elegantemente vestida, con un traje blanco y brillante, que a mis ignorantes ojos pareciérame seda, una larguísima melena rubia que le llegaba hasta la cintura, los ojos más verdes que había visto nunca y una sonrisa más angelical que la de las vírgenes que aparecen en los cuadros de la iglesia…..

….Sí??? –dijo ella con una voz que no se correspondía con su edad-

Me quedé sin habla……

Ella me miró y viendo todo el pedido en el suelo comprendió…

-Ah! Es el pedido que le he hecho a don Clemencio!!!, pasa hombre pasa…no te quedes ahí parado muchacho….No, no hace falta que metas ahora las cosas, que se queden ahí, total las latas de espárragos y el lomo adobado no andan no?……

Por fin dije algo….aunque breve….

-No señora, no andan….

-Pues venga pasa, pasa…..quieres merendar?……

-Eeeehhhh…..

-Si hombre sí, ya le diré yo a tu Jefe que te entretuve un rato colocando las cosas en los armarios….

Entré en la casa. Era enorme, con los techos altísimos….la entrada era un largo y ancho pasillo
pintado de un blanco reluciente, en el que no había ni puertas ni ventanas ni nada y al final, un brillante punto de luz…..

Ella iba delante, con un andar rápido y garboso y yo tras ella a unos pocos pasos…..

-Me has dicho que te llamabas Roberto, verdad???

-No, no señora no le había dicho mi nombre, pero sí, me llamo Roberto, es que me conoce???

-Pues claro que te conozco muchacho, desde siempre, desde antes de que nacieras incluso…..

Yo me quedé pasmado ante tales afirmaciones, empezando a pensar que aquella señora no era más que una estrafalaria y chiflada loca, loca de atar……

Llegamos al final del pasillo. Aquella luz brillante no era sino un pequeño saloncito con una mesa redonda y pequeña en el centro preparada con dos tazas de chocolate y unas pastas con un aroma delicioso y al frente, un amplio ventanal que daba al exterior…

-Siéntate Roberto, anda…..Tendrás hambre….hoy todavía no has comido…..y cuéntame algo….Cómo llevas la muerte de tus padres?, te debes de sentir muy solo….pobre niño –y con su mano me acarició el pelo-.

Yo, que estaba a punto de meterme una pasta entre pecho y espalda me quedé con la boca abierta….

-Te decía que lo sé todo de ti….dijo ella con esa sonrisa tan hermosa…..

Me puse de pie algo asustado y me acerqué a la ventana.

-Quién es usted señora????

Ella también se levantó y se acercó a mí….

-Yo soy lo que tú quieres que sea…..Me llamo Sara, pero muy bien podría tener otro nombre Elena o Marta, pues estoy en tus sueños, dentro de ti y siempre lo he estado, cuidándote, queriéndote…..anda Roberto, mira por la ventana….

….Descorrí los blancos visillos de encaje del ventanal y abrí los cristales….Ante mí no se mostraba la estrecha y angosta calle del Rosal, sino una gran pradera, verde de hierba y roja de amapolas. Una perfumada brisa me acarició con cariño la cara……

-Lo ves, cariño…..las cosas no son tal y como se ven……sino como uno quiere que sean…..Merendamos entonces?….

….Me senté de nuevo en la silla y el sosiego inundó mi espíritu…..

Mientras, una enorme bandada de flamencos pasó sobre nosotros y el cielo se abrió tanto de azules que los ojos de Sara parecían una charca de esmeraldas entre un mar de aguamarinas.

…En la Plaza de la Independencia comenzó a llover y las negras furgonetas Citroen llegaron puntualmente como cada amanecer, ante la mirada llorosa de cientos de ojos que no anhelaban sino eso, soñar despiertos..

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