TRAZOS Y SEGMENTOS: DE LA INFORMACIÓN AL AMOR

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Imagen gemerada por la IA
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Según la ciencia más avanzada en el fondo de la existencia subyace algo intrínseco, inalterable y eterno: la información.

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Al parecer todo cuanto vibra en este universo “conocido” no es más que información. El corazón de la vida alberga un latido que, como pensaban los antiguos chinos, tiene esas contracciones y expansiones “informadamente” contadas.

Desde la neurociencia, la física de partículas, la biología… se sabe que: ver la realidad desde nuestra perspectiva y con nuestras herramientas sensoriales, es observar un sesgo que tiene más que ver con nuestra programación inconsciente que con nuestra objetividad y con la propia realidad.

Si eso es así, ¿de qué podemos estar seguros en este mundo?, ¿qué es realmente lo que nos configura?, ¿somos acaso sólo un cúmulo de átomos que se agrupan según un programa?

He pasado mucha parte de mi tiempo tratando de entender los grandes misterios de la existencia, no sólo de la humana, sino de todo cuanto existe. Como la gran mayoría de los seres sintientes y pensantes de nuestra especie me hago preguntas trascendentales y como también esa mayoría no hallo las respuestas.

A veces me sumerjo en lecturas divulgativas sobre temas de física teórica, sobre todo cuántica, que tengo que masticar una y otra vez para poder procesarlas. De esas lecturas y de otro tipo de información que al respecto hasta mí llega, resucito en ocasiones algún paradigma, que enterré en el pasado por considerarlo ridículo o demasiado fantasioso.

Sin embargo, y es curioso, creo que los seres humanos poseemos una capacidad innata de ver con nuestra imaginación aquellas cosas que después a través de descubrimientos científicos se van demostrando; tales como: visiones sobre el tiempo, el espacio, la materia, el paso de esta existencia a otra… Estas visiones creo que en esencia son compartidas, aunque individualmente imprimamos en ellas nuestras particulares formas y colores.

Desde que me alcanza la memoria me he hecho estas preguntas:

*¿Estoy sola en el mundo?

* ¿Soy lo único que existe: “La niña mundi” de mi infancia?

*¿Me imagino lo que sucede a mi alrededor y es como en los sueños nocturnos, sólo eso; una especie de holograma?

Mi mente apostaría en un veinte por ciento de posibilidades a que esta “realidad” que percibo no es cierta, a que esta “compañía” de otros seres realmente no existe. El ochenta por ciento, restante, sintiendo lo contrario lo apuesta mi corazón a través del amor que profeso a mis hijos y a la naturaleza.

La reñida disyuntiva que sostuvieron allá por los noventa del siglo pasado Hawking y Preskill, en relación a la perdida de información sobre lo que era absorbido por un agujero negro, los llevó a realizar una apuesta:

Hawking sostenía que se perdía la información cuando el agujero negro se desintegraba; Preskill sostenía lo contrario. Finalmente, Hawking acabo admitiendo durante una conferencia internacional, sobre Relatividad General y Gravitación, que estaba equivocado y presentó nuevos cálculos matemáticos que sugerían que el horizonte de agujeros negros no es una barrera perfecta. Argumentó que las fluctuaciones cuánticas permiten que la información se filtre y escape.

Afortunadamente este genio pudo desdecirse de su creencia en que todo desaparece para nunca más volver a ser; de que la información que nos configura y configura a toda la “materia”, a todo cuanto existe, se borra de la faz universal para siempre.

Bendito Hawking que humildemente y de forma tan brillante, como sólo un genio puede hacerlo, se desdijo de lo que sostenía como probado y cierto, pudiendo demostrar que la eternidad está dentro de todo cuanto existe.

Me gusta pensar que:

  • El Latido Primigenio ya contenía toda la información de cada infinito universo y comprimido en sístole desde el punto medio del “reloj de arena pluriuniversal”, se expandió en diástole.
  • Cuando el “reloj” se da la vuelta, toda la arena de la información regresa.
  • La información y la energía son un binomio “inter-regenerativo”; entre ellas se alimentan para configurar todo cuanto existe.
  • Mi imaginación no es mía, se trata del vertido de información universal en pequeñas dosis, que el también pequeño receptor de mi cerebro procesa.
  • Todo cuanto nos configura y configura la existencia, esté ésta donde esté, procede de la Gran Mente que late y se expresa a través de sus criaturas, para experimentarse y experimentar.
  • Lo que disfruto llamando Dios, debió sentirse muy solo y necesitó fractalizar su esencia en múltiples e infinitas creaciones; porque todo cuanto existe, a imagen y semejanza de Él, procede de la más pura energía: el amor.
  • La montaña, el río; el árbol, el rosal; la hormiga, la mariposa; el águila, la oca; el delfín, el pulpo; el perro, el ser humano… Todos y todo estamos hechos de lo mismo: de información y de la energía del amor.

Ya terminando, un pensamiento de Stephen Hawking:

“La raza humana necesita un desafío intelectual. Debe ser aburrido ser Dios y no tener nada que descubrir”.

Yo ceo que Dios no hizo cuanto existe por aburrimiento sino por transformar su soledad en AMOR.

 

 

 

 

 

 

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