RACISMO ¡CÓMO FOMENTARLO!

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RAE
Racismo: 1. m. Exacerbación del sentido racial de un grupo étnico que suele motivar la discriminación o persecución de otro u otros con los que convive.
Etnia: 1. f. Comunidad humana definida por afinidades raciales, lingüísticas, culturales, etc.

Oxford Languages
Racismo 1; Ideología que defiende la superioridad de una raza frente a las demás y la necesidad de mantenerla aislada o separada del resto dentro de una comunidad o un país.
Etnia 1; Conjunto de personas que pertenece a una misma raza y, generalmente, a una misma comunidad lingüística y cultural.

Imagen: https://www.bbva.com/es/racismo-en-peru-nos-criamos-en-un-pais-estructuralmente-racista/

La definición del diccionario Oxford nos aclara más que el de la RAE, pero en ambos la palabra «raza» se entremezcla con la palabra «etnia»; así es difícil tener claro el significado de cada palabra. Yo pienso que todas personas pertenecemos a una sola raza, la humana.

En cuanto a la definición de etnia, la definiría como el conjunto de características que un pueblo o conjunto de pueblos tiene distinto a los demás y que los caracteriza. Dichas características pueden ser: el color de la piel o la forma de los ojos, la gastronomía y las costumbres a la hora de alimentarse, lugar de procedencia, la religión o la propia idiosincrasia de cada grupo de personas que engloba a todo lo anterior. Esto son  hechos no opiniones.

Para proteger la piel del sol, la melanina hace que se oscurezca y que los párpados cubran más los ojos. Estas características no dejan de ser una evolución del cuerpo para la supervivencia. También existen demarcaciones y por ello diferencias en el alimento, sin olvidar el comportamiento de los unos con los otros en función de los roles sociales. La procedencia del desierto, de la selva o de los polos igualmente marca en profundidad. Por último, la búsqueda del sentido de la vida a través de una religión es el último, y no por eso menos importante, condicionante del carácter de cada pueblo.

Frente a este breve resumen de diferencias entre seres humanos está la idea de que lo que nos diferencia es sólo la diversidad cultural. Introducir lo citado y lo no citado en el término «cultura» es simplificarlo demasiado, es hacerlo muy digerible: una papilla que vale tanto de sopa caliente como de refresco frío. Una sosería sin recorrido más allá de los primeros problemas. Sobre todo cuando la cultura de unos choca de frente con la de los otros.

El siguiente vídeo desvela la superficialidad con la que desde algunas corrientes tratan este tema:

  • Minuto 0:05  Policía racista. En Estados Unidos y Argentina.
  • Minuto 0:25  Año tras año se repiten este tipo de crímenes.
  • Minuto 0:45  El número de asesinatos de personas negras es el doble que de blancas y estos datos no varían desde 2013.
  • Minuto 1:10  La brutalidad policial en el mundo tiene un factor común, el racismo estructural.
  • Minuto 1:30  En un mundo racista no basta no ser racista, hay que ser antirracista.
  • Minuto 2:10  Lo que tenemos que hacer para dejar de tener un estado racista es aceptar que tenemos un estado racista.
  • Minuto 2:44  Movilícense por leyes antirracistas.
  • Minuto 3:05  Las razas non existen, lo que sí existe es una diversidad cultural.

Recuerda otros de movimientos antiglobalización y anti cambio climático que contienen verdades a medias: la policía no es racista, las leyes de estados democráticos tampoco (no discriminen por razonas étnicas, de género o religiosas). Es la sociedad la que permite los abusos policiales, la que discrimina, humilla y mata. No conozco leyes antirracistas. Y la idea de que no se puede ser tolerante con los intolerantes está envenenada. Ahí radica la semilla del mal, además de en la justificación de la lucha violenta y de la falta de empatía con el otro porque es racista. Destruir al semejante por tener ideas distintas nos convierte en lo mismo que el «impío».

Me sorprende que desde hace «X» años las cifras indican asesinatos, abusos de poder y ese tipo de desgracias no solo no disminuyan, sino que aumenten. Algo se está haciendo mal si ante una situación que repetida varias veces no cambia el resultado. Alguna variable se debe cambiar, de lo contrario todo seguirá igual. Parece que quien genera opinión, pone y quita leyes o maneja la economía, no le interesa otra cosa que impulsar contiendas en lugar paz.

La coexistencia pacífica entre pueblos con idiosincrasias diferentes terminan en problema. Pero nos gusta pensar lo contrario. El mito de al-Ándalus es un buen ejemplo de ello, como muestra, el extracto del libro de Stanley G. Paine, «En defensa de España. Desmontando mitos y leyendas»:

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Stanley G. Paine, En defensa de España. Desmontando mitos y leyendas. Pág. 4

Una persona distinta físicamente, con otra lengua, costumbres y religión causa rechazo en principio. Tal vez por desconocimiento, no por sentirnos atacados o en peligro. Al conocer las peculiaridades de la persona observas que no tienen porqué ser hostiles. Con el paso del tiempo lo único que queda es el carácter de cada persona, el resto prácticamente desaparece.

Esto requiere tiempo, paciencia, mentalidad abierta; también unas reglas muy claras de respeto, convivencia y apoyo mutuo. Si los que llegan no son esperados, ni bien recibidos y además se les utiliza para lo que los de aquí no quieren hacer, se crean guetos, que son la semilla y el caldo de cultivo de la desigualdad, de la miseria y por último del odio.

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https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/conflicto-racial-hara-presente-espana_129_6029831.htm

Un actor mexicano muy moreno debe de luchar por demostrar que es igual de bueno que los blancos o «fresitas». Tenoch posee un espíritu de lucha inquebrantable, claro, más sano, lleno de superación, con valía, más humano y más digno. Sin revanchismo. El protagonista detesta el racismo y lucha contra él, no contra los racistas. No es antirracista, no odia a otros seres humanos, solo aborrece su comportamiento retrógrado.

Uno de los grandes males del racismo es el revanchismo: devolver el golpe es el odio hacia el opresor, cobrar sufrimiento con sufrimiento. Muchos españoles, y sobre todo gallegos, emigraron a Sudamérica. Lo pasaron, en algunos casos,  muy mal. Se generalizó el dicterio «Gallego», como lo peor. No es justo cobrárlo a los que vienen aquí buscando lo que nuestros abuelos fueron buscando allá. Escapan de lo mismo: la miseria. El odio de los de aquí hacia los de allá sólo crea futuras venganzas de los de allá contra los de aquí.

Hay que acabar con el mal, pero no ajusticiando a quienes hacen el mal. Acabar con la costumbre de pisotear a los demás, utilizando la fuerza de la razón para demostrar que la principal valía del ser humano es su carácter, no el envoltorio. Espero que con los años la idea de juzgar a alguien por su cultura, costumbres o color de la piel sea tan ridícula y anacrónica como hoy en día es discriminar a la mujer simplemente por ser mujer.

Para más información:

Derechos Humanos, Convivencia y Cooperación

Convivir en paz: un proceso necesario para el desarrollo sostenible

 

 

 

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