Querido diario,
Lo siento en el alma, pero hoy esto va de gestiones.

Las gestiones me acompañan de forma extraña: ¿Qué haría yo sin ellas?: Son como un amante que llama, flama, inflama, impaciente a la puerta; a menudo o de vez en cuando, como por azar, sin avisar. Y, sin embargo, tras ese negligé se oculta una larvada perseverancia, como un gusano de seda que prepara un tul de seda en el que me envuelva en un verano de sol y en un invierno de frío. Las gestiones me envuelven, me visitan, me seducen y hasta me zarandean por muy prosaicas que sean. Me conmueven, conmueven mi corazón, debo confesarlo, para bien y para mal.
Siempre hablan de dinero y supervivencia, de lo más básico, pero por un cierto pudor no los mencionan. Así, las palabras son factura, suscripción, reclamación y contribución, para acabar en cargo y pago: todas ellas palabras que eluden hablar del pan con queso y uvas del Lazarillo de Tormes, en su camino polvoriento de otro tiempo.
Las gestiones se organizan en tumulto como la marabunta, o perfectamente organizadas como la procesionaria, que se come hasta los árboles. Sutilmente empañan mis días con unos velos que me ciegan los ojos, de forma que apenas ven ya lo que se oculta tras los papeles o documentos electrónicos que ya perdieron la cara, que ya no dan la cara, que no saludan y ni siquiera dicen como otrora “vuelva usted mañana”.
Y, sin embargo, debo admitirlo, las gestiones siguen remitiéndome a la vida, a la toma de tierra, a ese barro que impide que el rayo de la tormenta me atraviese con su daga. Quedo así preservada de ensoñaciones a las que soy tan dada, y dejo de levitar por encima de superficies planas como el campo, el mar, y la línea del horizonte. Se diría que caigo suavemente con un paracaídas y, con la toma de tierra, mis piececitos se aceleran raudos a consumar la siguiente gestión. Ay, que no pierda el hilo de la procesión, de la precisión del procedimiento de la administración. Que no pierda el tempo hacia la conclusión, resolución, salvación, liberación.
Acelero el paso, jadeo, siento el latido del corazón mientras se me encoge el estómago y reconcomen las entrañas.
Benditas gestiones, de una en una, como un goteo en reguero que alimenta el río de la vida.
Te dejo, querido diario, que las gestiones me acechan, me increpan, me envuelven en su manto de seda o lana y corro a hacerlas antes de que invadan mis noches de insomnio.





Simplemente magnífico.
Para hablar de la burocracia con tanto arte hace falta talento y este artículo lo contiene.
Si no fuera por el arte, no soportaría las gestiones!! Es gracioso, verdad. No sabes como me aplico a las gestiones. Forman parte de mi diario personal,
Gracias, Isabel Catalina