POLARIZADOS, SAQUEADOS Y APLAUDIENDO: MANUAL DEL CIUDADANO GILIPOLLAS

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Hay una verdad incómoda que nadie en campaña te va a poner en una valla publicitaria: a los políticos les viene de lujo que nos odiemos entre nosotros.

Porque mientras tú te peleas con tu cuñado en Nochebuena por un tuit,

ellos firman contratos, enchufan amigos, reparten cargos y salen en la foto inaugurando una rotonda con tu dinero.

Imagen aportada por la autora del texto
  1. Cómo funciona el truco: “divide y vencerás”, el mejor negocio del siglo.

La estrategia es muy simple:

  1. Ellos eligen el enemigo.

No importa quién: el facha, el rojo, el inmigrante, el rico, el pobre, el “woke”, el “fascista”, el madridista, el vegano.

Lo importante es que haya un “otro” al que culpar de todo.

  1. Te dan una identidad en oferta.

No eres una persona con matices.

Ahora eres:

    • “de los nuestros”
    • o “de los otros”.

No hay más casillas.

  1. Te regalan un pack de emociones precocinadas.

Indignación, superioridad moral, miedo, asco, sensación de estar despierto mientras el resto son borregos.

Eso engancha más que Netflix.

  1. Te conectan al gotero 24/7.

Titulares diseñados para cabrearte.

Clips de 30 segundos de tu político favorito humillando a “un rival”.

Debates donde nadie escucha a nadie, pero todos gritan fuerte.

El algoritmo aprende qué te enciende y te lo sirve sin parar. No es un accidente, es un modelo de negocio.

Resultado: tú sientes que estás luchando por tus ideas… y en realidad estás trabajando gratis en el departamento de propaganda de alguien.

Y ya está. Has picado.

 

  1. ¿Por qué les interesa tanto que estemos polarizados?

Porque un pueblo ocupado peleándose entre sí no pelea contra los que de verdad le están jodiendo.

Mientras tú:

  • bloqueas a medio mundo en redes,
  • discutes por banderas,
  • compartes memes de “los idiotas del otro bando”, nadie está preguntando:
  • ¿Quién se está forrando con los contratos públicos?
  • ¿Por qué la sanidad, la educación o la vivienda van cada vez peor mientras el presupuesto “no deja de crecer”?
  • ¿Por qué los que legislan sobre precariedad llevan 30 años sin saber lo que es un contrato temporal?

La polarización es perfecta porque:

  • Simplifica el mundo: si algo va mal, es culpa del “otro bando”. Nunca del sistema, nunca de los que llevan décadas ahí.
  • Evita rendir cuentas: “No hemos robado, es una campaña política”.
  • Les da excusa para hacerlo peor: “Es que con esta oposición no se puede”.
  • Y convierte cada elección en un chantaje emocional: “O nosotros, o el apocalipsis”.

Da igual el país, el color del partido o el himno de fondo. El patrón se repite.

 

  1. El saqueo elegante: cómo te vacían sin que parezca robo

No hace falta que entren a tu casa con pasamontañas. El saqueo moderno es legal, limpio y con sonrisa.

Se hace así:

  • Amigos y puertas giratorias.

Hoy ministro, mañana consejero en la empresa que “casualmente” se llevó el contrato público mientras tú discutías en Twitter.

  • Impuestos que suben, servicios que bajan.

Lo llaman “ajustes”, “optimización”, “colaboración público-privada”.

Tú lo notas cuando esperas seis meses por una prueba médica y pagas dos horas de aparcamiento del hospital.

  • Subvenciones selectivas.

Para los colegas, las fundaciones amigas, las asociaciones “de confianza”.

Siempre hay un motivo noble en el titular: cultura, innovación, sostenibilidad, igualdad…

Luego miras el detalle (si llega a saberse) y todo huele raro.

  • Show constante.

Ruedas de prensa, titulares dramáticos, frases lapidarias.

Mucho ruido, muy poca letra pequeña.

A la que te distraes, pum, otro BOE, otro decreto, otra reforma que nadie ha leído.

Y tú en medio, exhausto, pensando que el problema es tu vecino porque vota distinto.

 

  1. ¿Entonces qué? ¿Nos resignamos y ya?

No. Pero tampoco vale el “quemarlo todo” de bar a las 2 de la mañana.

Si quieres hacer algo útil, empieza por aquí:

  1. a) Deja de ser fan

En serio: los políticos no necesitan fans, necesitan miedo.

Miedo a perder el sillón.

  • No les aplaudas como si fueran tu equipo de fútbol.
  • No les justifiques todo “porque los otros son peores”.
  • No los conviertas en parte de tu identidad.

Cuanto más hinchada esté la grada, más tranquilos están los de abajo.

  1. b) Haz una cosa radical: pensar solo

Antes de compartir un tuit incendiario, plantéate:

  • ¿Esto informa o solo cabrea?
  • ¿Lo entendería igual si quitamos las siglas y los colores?
  • ¿Quién gana con que yo me indigne por esto precisamente hoy?

Leer a gente que piensa distinto sin necesidad de insultarla es hoy un acto casi revolucionario.

  1. c) Cambia de objetivo: del vecino al sistema

El enemigo no es:

  • el votante de enfrente,
  • el inmigrante de al lado,
  • el funcionario,
  • el autónomo,
  • el joven, el viejo, el de ciudad, el de pueblo.

El enemigo es:

  • la impunidad,
  • la opacidad,
  • la mediocridad premiada,
  • la corrupción sin consecuencias,
  • y la amnesia colectiva cada cuatro años.

Ve a por eso. Aunque sea en pequeño:

  • Pregunta. Molesta. Pide datos.
  • Apoya a quien trabaje de verdad en transparencia, control y rendición de cuentas (no solo quien lo ponga en un eslogan).
  • No olvides cuando te mienten, aunque te caigan simpáticos.
  1. d) Organízate… pero con cabeza

Ellos tienen partidos, aparatos, estructuras.

Tú tienes… un grupo de WhatsApp y mala leche.

Úsala bien:

  • Asociaciones vecinales, plataformas ciudadanas, ONGs serias, periodistas incómodos, profesionales de lo público hartos de chapuzas.
  • Suma ahí. No hace falta que todo sea “revolución”. A veces cambiar un reglamento local o forzar una auditoría vale más que mil hilos en redes.

Y no te engañes: firma digital y clicktivismo no sustituyen a moverse de la silla.

Sirven, pero no bastan.

  1. e) Castiga de verdad

Lo único que entienden es esto: “Si lo haces mal, no te voto. Punto.”

No el “me han defraudado pero volveré, porque los otros dan miedo”.

Eso es como decir: “Mi pareja me maltrata, pero es que estar solx da pereza”.

  • Cambia el voto.
  • Vota en blanco.
  • Apoya opciones nuevas cuando las viejas ya han demostrado lo que son.
  • O participa tú.

Pero no sigas renovando el contrato del mismo saqueador solo porque conoces sus eslóganes de memoria.

 

  1. La solución no es “el líder perfecto”. Es dejar de ser súbditos

No va a venir un salvador.

No habrá un político puro que arregle esto por ti mientras tú ves series.

La única salida mínimamente seria pasa por:

  • ciudadanos menos fans y más incómodos,
  • más cultura política y menos tertulia de bar,
  • menos “mi bando nunca se equivoca” y más “explícame en qué te basas”.

Y sobre todo: dejar de morder el anzuelo cada vez que nos intentan enfrentar entre nosotros.

Porque al final la jugada es simple:

  • Si tú odias al de enfrente,
  • y el de enfrente te odia a ti,
  • el único que gana es el de arriba.

Y lleva ganando demasiado tiempo.

Si algún día quieres hacerles verdadero daño (político, no físico, tranquilos, juristas del Estado): no hace falta quemar contenedores.

Solo hay que hacer algo mucho más peligroso:

  • dejar de gritar consignas,
  • empezar a pensar,
  • y comportarse como lo que se supone que somos en teoría:

ciudadanos, no súbditos.

Eso sí que no lo verás en ningún mitin.

 

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