PLATO POBRE DE LOZA

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EPOEMA DE AHORITA MISMO

Estoy roto como un viejo plato de loza mala
Hay días que los dolores son aguantables
Incluso hay instantes que me olvido de ellos.

Miro por la ventana
Los árboles van cambiando su color
preparándose para su duelo de hojas difuntas
y ramas desnudas.

Algún viento se las llevará
a los cielos de los árboles soñadores.

Plato roto que siempre acogió
comida pobre y escasa
me sangran las roturas de la loza rota y descascarillada
me miro al espejo
veo todos mis trozos dispersos y desperdigados
por suelos de tierra y polvo.

Los voy pegando poco a poco
con sudor, lágrimas y rabia.

Recuerdo las palabras del kintsugi
e intento bucear en el
Kintsukuroi de pobre, sin oro.

Sólo un poco de pegamento
con el que se drogan muchos niños de la calle
Plato recompuesto con manos torpes,
artrósico, melancólico en días de recuerdos insistentes
el cielo se va llevando las pocas nubes
y deja una luz amarillenta y parda
como las de las viejas fotografías
nunca las tuve.

Las familias pobres no tenemos pruebas
ni para demostrar de la pobreza que venimos.

Como reparar los trocitos con grandes cicatrices
por donde se cuela el frio, los recuerdos y las pesadillas.

Plato humilde en mesa sin mantel
con algo para intentar quitar el hambre
cuchara vieja torcida y llena de arañazos
de años de lucha de estropajos de lija
no tiene recuerdo de pátina.
Quizá nunca la tuvo.

Mesita crujiente y coja
Arropada por una vieja manta crisálida
que se convirtió en mantel
un vaso rayado de cerebro y de cristal
que nunca tuvo nada más que agua.

Por las ventanas inconexas entra el aire del norte
silbando canciones que hablan de caminos vacíos y lejanos.

Fuera, el otoño abraza a todo con un viento húmedo
Dentro, el infierno no arde,
sólo tirita en un camastro
debajo de una manta.

 

 

OBRA DE ANTOLÍN PULIDO

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