PANDEMIA

 

 

El día calla en paz,
por un momento.

Desandando la calle,
las pisadas llevan
por la senda imposible
donde ya nadie se encuentre.

Nada suena
que no tenga
la huella del ruído.

Nada se inscribe
que no tenga
la memoria del dolor.

Nada,
que no guarde una sombra
el eco de una luz negra.

Y en cada entrega de la madrugada
vuelven sus preguntas huecas,
mientras los despiertos
muerden la locura,
y los que ya no duermen
respiran el silencio.

Y llega el duelo,
sereno en lo invisible,
incinerado por el sol
de aquellas viejas almas por siempre dormidas,
extinguidas
en un humo oliendo a la nada,

donde hasta el aire se callaba
porque no era el tiempo
ni del canto, ni del testigo.

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