NUNCA ESCRIBAS UN ARTÍCULO ESCÉPTICO PARA SALVAR A UN CHIVO EXPIATORIO.

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Me gustaría escribir un artículo escéptico pero tengo fuerza todavía para creer que la virtud, esto es, la capacidad para hacer el bien, triunfa frente al vicio de la maldad, por lo que entiendo que la derrota es lo único que espera a quienes se instalan en la perversión. King Kong era muy bueno pero cayó. Es doloroso recordarlo, pero es una excepción y un ejemplo del destino trágico de algunos de los que son nobles. Podemos ser muy buenos y no aparentarlo, como King Kong, lo cual asusta si te toca ser incomprendido. Por el contrario, podemos ser muy malos y parecer buenísimos. En el cine, los malos no mantienen mucho tiempo el glamour, entre otras razones porque sería incongruente con una  sociedad ética y porque –y ahí se ve de qué va la cosa–, ninguna sociedad se ha instaurado desde inicio predicando la maldad. No hay sociedades en contra de lo ético, a salvo de excepciones como la sociedad nazi, pongo por ejemplo, las cuales, por lo demás, suelen ser transitorias. Sin embargo, el disfraz y la hipocresía permiten la existencia de monstruos sin ética dentro de ellas. Hay monstruos que cinematográficamente nos pueden caer simpáticos si vemos en ellos un poco de inocencia, eso es verdad, pero el monstruo que ejerce y no se apiada y se ve como es, dura poco en pantalla o, si lo hace, está claro que es por pedagogía, porque podemos administrarnos un antídoto contra su glamour o porque contrasta con el héroe destacándolo, es decir dándole luz. Quiero decir que ver a Drácula en acción sólo apetece desde la butaca. En la realidad, ningún ser perverso ejerce de malo, como nadie desea dar su sangre a un vampiro.

La maldad tiene un arte. Se debe a la estrategia y al cálculo, pero ha de disfrazarse de lo que no es con una dosis exacta de hipocresía. El malvado, o la malvada, han de vestirse de lo que no son, se disfrazan hasta morder. Léase el lobo feroz del cuento. Amanecen cada mañana nauseabundos de alma, la cual se emponzoña como el retrato de Dorian Grey, pero nosotros no lo sabemos. Su cosmética exige de ungüentos como el cinismo, darse una pátina de apariencia. Debería escribir un artículo escéptico pero aún confío en la vida.

Claro que una estrategia en tu contra puede derribarte, sobre todo si tu contrincante goza de una posición incontestable en la escena porque se le exime de culpa, y todo lo que haga en tu contra te ves obligado a hacer ver como que no pasa o que, habiendo pasado, puede ser disculpado. Morgana aprendió a ser bruja a costa del pobre Merlín, era joven y mala, y Merlín había nacido inexorable e insustituible. Deshizo el hechizo. Jugar a deshacer lo bueno tiene un precio, pero si tú eres el blanco nadie te resucitará. Lo de Jesús de Nazaret es una excepción de tercer día que nadie tenemos. Otros se beneficiarán del mal una vez descubierto, pero no tú, pues hasta el mal puede abonar el futuro de otros, mas nunca o pocas veces en tu beneficio si es que estás destinado a ser un chivo expiatorio. Que se lo pregunten a los sacrificados en las antiguas culturas mesoamericanas.

El chivo expiatorio ha sido útil en todas las sociedades para purgar en él los pecados o los miedos que el grupo no puede expiar. Se construye al hereje. Al malo. Al  brujo. Tú también puedes serlo en cualquier grupo si ocupas en él una posición de debilidad y se hace necesario un exorcismo, pero eso no debe inclinarte a escribir un artículo escéptico. Si el grupo precisa tu sacrificio es obvio que, en ese caso, todo lo bueno que puedas aportar en tu defensa no prosperará. Tanto si eso pasa en una nación, o en un club, en un partido político, en un grupo de amigos o incluso en una familia, debes asumir que si te ha tocado la mala suerte del estigma todo lo que puedes hacer es confiar en la literatura de un  artículo que, por fuerza, nunca debería ser escéptico.

El chivo expiatorio es necesario cuando la deriva de una sociedad, grupo o familia tiene que lavar sus trapos sucios. Es un mecanismo inconsciente pero efectivo. El mal debe ser simbolizado en otro, al que se sacrifica. Tarde o temprano, no obstante, llega la consciencia del mal realizado que se había exorcizado en otro. El chivo deja de ser necesario y, entonces, la finalidad del artículo que hubiera debido ser escéptico pero no lo ha sido, nos permite ver la luz. A todos en general nos parecerá bien el escaso victimismo de aquel que vino a ser expiado. El chivo expiatorio purga el mal ajeno, pero es responsable de su infortunio. Debería haber evitado ponerse a tiro. La maldad, a determinada distancia, tiene muy buena puntería y tú, amigo, tengo que decírtelo con cariño, no deberías haberte puesto a tiro.

Tras la literatura del artículo he vencido la tentación de escribir un artículo escéptico por otro que trae la esperanza de lo bueno tras toda circunstancia. Ser bueno o ser malo es aleatorio. Una loba puede parir distintas suertes espirituales en una misma camada y nunca hará distingos, incluso tapará la astucia de uno cualquiera de sus cachorros y seguirá lamiendo sus heridas, quizás porque es consciente de la función que el peor de la camada puede desarrollar a la larga. Los daños colaterales, eso es seguro, no importarán tanto, y, pasada la tormenta, nadie se acordará de Santa Bárbara hasta que vuelva a tronar.

 

 

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