«Me pica… me pica…» —logró decir la pequeña entre sollozos.
La mamá, sobresaltada, se agachó para revisar la zona del cuerpo que señalaba su hija. No tardó en descubrir el origen del malestar: era una costura del jersey rozando la suave piel. La marca enrojecida lo evidenciaba.
«Me hace daño…» —volvía a llorar la niña pestañeando con fuerza, buscando consuelo.
Con delicadeza, la madre giró la lámpara para que la luz no le diera directa sobre los ojos.
«Es una llorona…» —sentenció un familiar con desdén.
«Lo que le pasa es que es una tiquismiquis» —añadió otra voz.
«No me digas que no es rara… eso se cura teniendo hermanos» —sentenció una tercera—. «A este paso crecerá como una consentida.»
La madre, contrariada —le molestaba que se hablara así delante de su hija—, zanjó el tema:
«No es rara, es muy sensible. Es mi hija, sé bien lo que le pasa y lo que necesita. Y no se hable más.»

Lo que le ocurría a aquella niña era que había heredado un rasgo poco comprendido entonces: una sensibilidad emocional y sensorial fuera de lo común.
Era una Niña Altamente Sensible (NAS).
Su madre aún no conocía el término, ni la información, porque las investigaciones sobre este rasgo apenas comenzaban. Pero intuía profundamente la esencia de su hija y actuaba en consecuencia.
Ruidos fuertes, aglomeraciones, luces intensas, olores penetrantes, etiquetas textiles, tejidos ásperos, sabores muy marcados… Todo ello puede ser causa de desazón y sobreestimulación en los NAS. Episodios como este son frecuentes en familias con niños/as altamente sensibles, aunque no siempre se reconozca su origen. Y es que este rasgo, aún poco comprendido, puede pasar desapercibido, ser confundido o diagnosticado erróneamente.
El acrónimo en inglés, SPS (Sensory Processing Sensitivity), fue acuñado y descrito por la doctora y psicóloga clínica estadounidense Elaine N. Aron en los años 90. Sus investigaciones muestran que se trata de un rasgo heredado, no es adquirido por el entorno. Esto explica por qué algunos infantes reaccionan con tanta intensidad a estímulos sensoriales desde bebés. Nacen con unas características biogenéticas que marcarán su vida y su personalidad adulta.
No se trata de un trastorno ni de una patología, sino de un rasgo de la personalidad que los hace diferentes. Presentan una mayor actividad en áreas cerebrales implicadas en aspectos complejos, como el procesamiento profundo. Y manifiestan una forma singular y única de experimentar el mundo. El término en español es NAS (Niños/as Altamente Sensibles). Se estima que entre el 15 y el 20 % de la población adulta posee este rasgo, que es innato.
Cómo sienten y perciben los NAS
- Sistema neurosensorial más afinado. Retienen más información del entorno y perciben el mundo con gran intensidad, lo que supone tanto un reto como una fortaleza. Captan detalles sutiles —un leve cambio facial, un olor suave, un sonido apenas perceptible, una mirada de complicidad— sin proponérselo.
- Empatía y profundidad emocional. Son muy conscientes de los sentimientos y necesidades ajenas, lo que los hace especialmente empáticos y compasivos.
- Reflexión y curiosidad precoz. Hacen preguntas constantes, inusuales y profundas para su edad. Intentan comprender su entorno con enorme interés.
- Aparente timidez o reserva. No siempre son tímidos, pero suelen necesitar tiempo para procesar la abundante información que absorben y gestionar sus emociones. Se abruman con facilidad. Buscan de forma intuitiva momentos de soledad y calma.
- Alta inteligencia emocional y cognitiva. Según la doctora Elaine Aron, destacan por su intuición, percepción, capacidad analítica y reflexión. Además, poseen una considerable imaginación y creatividad.
- Reacción intensa ante tensiones o injusticias. Cambios, críticas, abusos o situaciones violentas les afectan profundamente. La injusticia los perturba de forma especial.
- Emociones a flor de piel. Viven las emociones con vehemencia y no temen expresarlas, lo que a veces los lleva a desbordarse.
- Sobresaturación neuronal y agotamiento. La sobreestimulación constante puede generarles un alto estrés y derivar en fatiga mental.
Otras señales para tener en cuenta
- Respetan profundamente la naturaleza y disfrutan de su compañía.
- Utilizan un vocabulario avanzado desde muy pequeños.
- Son extremadamente observadores, notan lo que para otros pasa desapercibido.
- Suelen ser perfeccionistas o muy exigentes consigo mismos/as.
- A veces parecen “leer” los pensamientos o intenciones de los demás, gracias a su aguda percepción.
Errores comunes y etiquetas injustas
Durante la infancia, muchos NAS son injustamente etiquetados: “es un llorón”, “raro”, “demasiado sensible”, “caprichosa” … Aunque dichas sin mala intención, este tipo de palabras y el tono utilizado, pueden herir su autoestima y causarles un sufrimiento innecesario. Los adultos debemos tomar consciencia del papel crucial que tenemos en la construcción de su autoimagen. Con paciencia, empatía y conocimiento, favoreceremos una comprensión más profunda y un respeto genuino hacia su extrema sensibilidad.
El papel de los educadores y educadoras
También los docentes desempeñan un papel fundamental en la vida de los niños/as altamente sensibles. Su actitud marcará la diferencia entre un niño que se apaga y uno que florece. Una formación básica en alta sensibilidad podría ser una herramienta poderosa para adaptar el entorno educativo. Comprender el rasgo y las manifestaciones de los NAS es esencial para que estos pequeños se sientan seguros, valorados y capaces, y así evitar intervenciones erróneas o expectativas que no se ajustan a su realidad. Los educadores/as que actúen con afectividad estarán sembrando en ellos confianza, autoestima y un equilibrio emocional para toda la vida.
Tips para padres y madres
La labor de los terapeutas profesionales consiste en proteger a las familias y a sus pequeños/as de diagnósticos lesivos realizados por personal no cualificado. Por eso, es vital tener presente que cada niño/a es un universo, y sus señas de identidad difieren entre sí.
En caso de reconocer a tu hijo/a en la mayoría de estas características, asesórate: podrías tener ante tus ojos a un niño/a de inmensa sensibilidad y potencial. No lo olvides:
- Evita la sobrecarga de actividades: crear entornos tranquilos reduce la sobreestimulación.
- Nunca avergüences a un niño/a por ser sensible. Pertenecen a una minoría cuyos atributos serán fundamentales para embellecer y mejorar la sociedad del futuro. La sensibilidad no es debilidad: es fortaleza, es don.
- Un NAS bien acompañado desarrollará todo su potencial. La capacidad creativa, el liderazgo ético… necesitan espacio y sentir que valen tal como son. Valídalos con tu presencia y sin juicios. Ayúdales a perdonar críticas, burlas o decepciones, y a entender que equivocarse también forma parte de la vida.
- La clave no está en cambiarlos, sino en comprenderlos. Aceptarlos, acompañarlos, reconocer su dolor y sus luchas internas es el camino hacia su bienestar.
- Confía en tu intuición. Muchos padres y madres aciertan antes que cualquier manual. Borra los estigmas: la sensibilidad de tu hijo/a es un regalo, un privilegio.
La costura del jersey seguía allí.
La lámpara, también.
Pero algo había cambiado: ya no se trataba solo de quitar lo que molestaba, sino de comprender lo que dolía.
Porque cuando una mirada amorosa se posa sobre una infancia sensible, el mundo se vuelve un poco más habitable.
La sensibilidad no es fragilidad: es una fortaleza invisible.
Una forma distinta y profunda de percibir, de sentir, de amar.
Si la cuidamos desde la infancia, estaremos sembrando adultos capaces de transformar su entorno desde la empatía, la creatividad y el amor.
Porque los NAS no son “demasiado” nada:
son exactamente como necesitan ser para ocupar su lugar en el mundo.
Este viaje hacia la comprensión de la alta sensibilidad continuará en el siguiente artículo, donde exploraré cómo afecta este rasgo del temperamento, relacionado con los componentes químicos cerebrales, en la edad adulta.





muy bien documentado un tema muy desconocido para la sociedad en general.