NI UNOS NI OTROS

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Como siempre o casi siempre, somos objeto de la burla y manipulación de nuestros dirigentes políticos, me da lo mismo quien gobierne, el partido o la ideología, porque siempre los favorecidos son los mismos, ellos.

Se nos cuenta que somos el país con menos inflación en Europa, y no lo puedo negar, en principio porque no soy especialista en el tema, de manera que afirmar lo contrario sería una osadía por mi parte, aunque a ciertos periodistas y pseudo intelectuales no les importa pronunciarse dependiendo del color político, claro está, recurriendo a conceptos económicos como la inflación subyacente sin ni siquiera saber de lo que hablan, para justificar que la inflación real, esto es la carestía de la vida que a  ministra de economía -socialista-, Dª Nadia María Calviño Santamaría, parece no afectarla en su cesta de la compra. ¿Dónde compra la ministra?.

No se cuáles son los criterios o los marcadores económicos utilizados para medir lo que subyace a la inflación, aunque tampoco sería muy difícil por eso de darme el pisto de aparentar controlar el tema, sacando información de Wikipedia o de aquí o de allá, y utilizarla mediante un copia y pega o, incluso pagar a un especialista para que nos diese una opinión fundada, aunque, creo que coincideréis conmigo que no hay mejor fundamento para explicar lo que está pasando que la propia experiencia basada en el día a dia de nuestra cesta de la compra,  comprobando como con una diferencia semanal cada vez resulta más caro, ya no llenarla, sino comprar lo esencial.

Agravio en la compra, al ver como en los supermercados, a veces con una mala praxis, abusan o se aprovechan de que el Pisuerga pasa por Valladolid para el juego de las etiquetas, que como habréis deducido consiste en pegar unas sobre otras anunciando la oferta de un producto, pero que si despegas la última observas que la anterior aún no estando en promoción estaba más barata y, por otra parte, el agravio de los propios políticos, negando lo evidente, intentando vendernos sus políticas anti inflacionistas que, como siempre, no responden a un criterio equitativo de reparto de cargas y beneficios, sino el regalo de dinero a quienes no superan un nivel de renta que, salvo los que son remunerados mediante nómina es posible ocultar mediante esa Caja B de dinero en negro, y en el caso de ser merecida, propiciando un sistema de ayudas que no incita al empleo y a la búsqueda del trabajo, ello sin intentar minimizar la real necesidad que acucia a muchas familias, millones de personas que están en el umbral de la pebreza, para ser exacto y teniendo en cuenta el  análisis minucioso de la evolución del indicador AROPE (At risk of poverty or social exclusion) que sitúa la tasa de riesgo de pobreza o exclusión social en 2021, publicado en Octubre de 2022 en 11,5 millones de personas.

Se dice que la izquierda favorece al obrero y la derecha al empresario, y yo me pregunto en ambos casos: ¿a qué obrero y a qué empresario?. Al obrero convertido en un profesional de supervivencia en búsqueda de ayudas públicas o al empresario como un generador de autoempleo o de empleo a pequeña escala, con dificultad para mantener los puestos de trabajo, consecuencia de la cada vez más fuerte presión fiscal y, como no, también de la inflación.

Basta ya de generalizar las cosas para blandir la bandera partidista, de echarnos los trastos a la casbeza unos a otros. Es preciso  analizar la amplia casuistica antes de demonizar ni a unos ni a otros, ni a los trabajadores ni a los pequeños empresarios. La crítica no sólo es necesaria, sino también buena cuando lo que se persigue son derechos y cambios necesarios, y no incendiar la calles, las redes sociales, logrando o fomentando corrientes de opinión a base de remover las vísceras de las personas en vez de las cabezas. En definitiva tomando al pueblo por tonto, sin respeto a la libre opinión y pasando por la guillotina a los que con fundamento opinan lo contrario.

Entre todos podemos conseguir una sociedad más justa y humana uniendo nuestro esfuerzo, cada uno desde su posición o creencias de lo que considere más justo , pero no como verdades absolutas, porque no existen y, menos jaleando a una clase política que nos utiliza con el único objetivo de sacar provecho de su posición para aferrarse al sillón del poder y a la buena vida, con políticas que únicamente buscan la rentabilidad política del voto.

Siento no poder despedirme con una actitud más optimista, pero me acabo dar cuenta que tengo la nevera llena de telarañas, y estoy empezando a sentir como me voy ingurgitando por dentro pensando en la cesta de la compra.

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