NARRATIVA. IDÉNTICAS

0

 
7:00 a.m., suena el despertador.
Busco las zapatillas con los pies. Una de ellas está fría y húmeda. Siento un escalofrío. Seguro que ha sido Buñuelo. En bendita hora se le ocurrió a este hombre regalarles un perro a las niñas. Ayer tuvo que llegar bebido mientras yo dormía. Lo noto por el olor pegajoso en las sábanas. Será mejor que me despabile. Hoy hay muchas cosas por hacer.
Llego a la sala de estar. Me restriego los ojos. Me los vuelvo a restregar con incredulidad. Juan está afanado poniendo platos sobre la mesa. Aún estoy que no me lo creo. Ha hecho tortitas para mí y para las niñas. Me da los buenos días con un estruendoso beso y me pide una y mil veces perdón por haber llegado anoche tan tarde. Que se quedó con Damián, el de la fábrica. Que sus críos tenían dos bicicletas que ya no usaban. Que se las había dejado a precio de ganga. Que no podía decirle que no a tomar unas cervezas después de eso. Dos bicicletas. Justo lo que querían para su cumpleaños Gloria y Lorena. No hay dinero para dos bicicletas nuevas, imposible. Eso le dije yo. Y él, no sé cómo, va y las consigue. Tiene sus defectos, pero es un buen marido y aún mejor padre. Las niñas van a estar contentísimas cuando las vean.
Y las bicicletas no se mean en el parqué.
Juan se va a trabajar y lleva de camino a las niñas al colegio. Empiezo mi rutina diaria. Me armo el moño, cojo los utensilios de limpieza y al ataque. Buñuelo va tras mis pies mientras friego el suelo. Eso es que tiene hambre. Le pongo de comer. Pongo la radio mientras enciendo el lavaplatos. La música hace que se me haga menos ardua la tarea. Tarareo casi sin darme cuenta. Me sabe la boca a tortitas. Sonrío y sigo tarareando.
Cuando acabo la limpieza, me suelto el moño, me cepillo el pelo y carrito en mano, salgo por la puerta. La nevera está tiritando y hay que comprar. Y encontrar una tarta baratita. Pero las que veo son muy caras y aún no me han pagado la limpieza del portal. Bueno, no importa. Haré yo una. Subo la compra y echo un vistazo general a la casa. Parece que está todo en orden. Menos Buñuelo. Se ha vuelto a mear en la entrada. A ver si Juan le enseña de una vez a no hacerse pis dentro de casa. Friego de nuevo. Y aunque no se lo merece, le saco a dar un paseo. Aún me queda media hora para ir a hacer el portal. Me entretengo viendo a los deportistas que corren por el parque. Recuerdo cuando era la más rápida del instituto. Pero parir a dos gemelas y como dice mi madre, la buena vida, pasan factura.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí