NARRATIVA. IDÉNTICAS

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7:00 a.m., suena el despertador.
Huelo las tostadas y el café recién hecho por Adela desde la cama. Aunque no tenía demasiadas referencias, es buena asistenta. Antes de acudir a la cocina, entro en el cuarto de baño de mi habitación. Me miro al espejo. Veo a una triunfadora. Y también bolsas bajo los ojos. Se nota el cansancio que llevo arrastrando varias semanas. Puede que antes de la reunión me pase a que el Doctor Hernanz me ponga unas gotitas de ácido hialurónico. Hoy tengo que estar perfecta. Esos buitres de la oficina no dejan pasar ni una sola oportunidad para pisotearme. Pero no se lo voy a permitir. Me ha costado mucho conseguir esta reunión para presentar mi propuesta con los socios fundadores de la empresa. Muchas noches quedándome en la oficina y dos recitales de la escuela de danza de Sofía. Soy fuerte, inteligente y he trabajado muy duro.
Y además yo llevo tacones. Piso más fuerte que ellos.
Una ducha rápida, un traje de chaqueta, un poco de maquillaje de día y un bonito recogido. No necesito más que eso y mi mente para dejar sorprendidos a los socios con mi propuesta. Esta vez seguro que consigo el ascenso. Podré delegar tareas y tener un ayudante propio para así pasar más tiempo con Sofía. Me lo he ganado a pulso.
Llego a la cocina. Se nota que sigue enfadada por el último recital al que no pude ir. Lo noto por la carita enfurruñada que pone mientras remueve su tazón de cacao sin apartar la mirada. Prometí que no volvería a perderme uno. No volverá a pasar.
Le doy un sorbo rápido al café y felicito a Adela por lo bien que lo prepara. Le dejo las llaves de la ranchera para que lleve a Sofía al colegio. Tengo que darme prisa, no puedo llegar tarde. Me acerco a darle un beso a Sofía. Me da miedo que me aparte la cara. Pero no lo hace. La abrazo y le digo que no se preocupe, que llegaré a tiempo. Hoy tengo que estar de vuelta antes de las 18:00. Tiene planes y le he prometido que yo la llevaría.
Voy con la hora justa así que no hay tiempo para el Doctor Hernanz. Con un poco de maquillaje corrector tendrá que valer. Bajo del coche y miro al imponente edificio de oficinas. Hoy no me asusta. Hoy me siento poderosa. Incluso con los tacones haciéndome polvo los pies. Podría presentarme en chándal que me daría igual.
Pienso conseguir ese ascenso sea como sea. Sofía va a estar muy orgullosa mí. Todo esto lo hago por nosotras. Para que tengamos todo lo que yo no pude tener.
Entro a la sala de reuniones y doy los buenos días. Empiezo sin más dilación mi presentación. Vocabulario perfecto, explicaciones perfectas. Los cuadrantes y los diagramas que hice esa noche por la que me perdí el último recital han quedado fabulosos. Los socios asienten complacidos. Todo ha salido a pedir de boca. Ese ascenso tiene que ser mío. Sofía se merece pasar más tiempo con su madre.
Y yo me merezco pasar más tiempo con mi hija. He trabajado mucho para ello.

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